Territorio: palabra profana

"Estimado equipo: (...) por instrucción del Ministerio y tras información emanada desde Comunicaciones Nivel Central, solicito evitar la palabra 'territorio'. En su reemplazo se puede ocupar 'comunidades'", señala el mensaje emanado desde el nivel central, es decir el Ministerio de la Mujer que dirige Judith Marín

Pareciera que la palabra territorio porta una carga ideológica tan fuerte que es necesario reemplazarla y sugieren "comunidad", como si esta estuviese desprovista de carga simbólica.

Para ciertos sectores hay palabras que causan urticaria. Las redes sociales están llenas de "inselectuales", que tras perfiles en X o IG hacen listados de palabras "zurdas". Pero también lo hacen sus centros de pensamiento, tal como es el caso de Libertad y Desarrollo en 2022, cuando emitió una "alerta conceptual" sobre "territorio".

¿Y, de que hablamos cuando hablamos de "territorio"? Muchos pensaron que, bajo el fuerte influjo de la globalización, el territorio, generalmente asociado a los regional y municipal, iba a perder fuerza, pero ha sucedido lo contrario y la teoría de los lugares ha recobrado protagonismo y vemos como "el territorio", aparece en los discursos técnicos y políticos y es reivindicado por innumerables actores.

Podemos realizar un análisis de las nuevas realidades de nuestro siglo a partir de las relaciones dinámicas existentes entre lo local y lo global, y entre los territorios locales y los sistemas mundiales.

Aunque el sistema territorial es cada vez más complejo y se articula a partir de la escala mundial, la escala local concita cada vez mayor interés al ofrecer nuevas ópticas, unidas al creciente conjunto de problemas de variada naturaleza que generan importantes tensiones espaciales y demandan nuevas respuestas.

¿Alguien podría creer que dejando de usar la palabra "territorio" dejarán de existir los desequilibrios territoriales y las desigualdades espaciales provocados por la distribución del desarrollo, la innovación y la riqueza?

Las cuestiones más significativas del desarrollo territorial en sus variados componentes sociales, económicos, antropológicos y ambientales, indican un sinnúmero de cambios ocurridos en el planeta, y particularmente el impacto de las nuevas tecnologías y sistemas de comunicación y de información, que han dado lugar a la ruptura de barreras físicas y espaciales, expresando una nueva convergencia espacio-tiempo, en la cual las relaciones de posición pasaron de estar determinadas por el valor de las distancias a ser medidas en términos de tiempo real. Así se justifica el carácter abstracto de las construcciones de los nuevos sistemas territoriales, resultante de la sustitución del valor de los lugares por el valor de los flujos.

Quizá la ministra Marín no lo sabe, pero sí lo saben los y las trabajadoras que laboran en esa repartición pública, pues en cada intervención e implementación de programas pueden encontrar fuertes indicios de que lo local-territorial ha sido revalorizado como factor complementario de equilibrio y ha supuesto que la territorialidad se reafirme como un valor emergente.

Cuando el territorio -como variable- parecía haber perdido su valor, se hace posible avanzar en su contenido, pasando de tener un mero significado de lugar a adquirir un rango de proceso, con un valor ampliado y una dimensión más profunda, haciendo que el "lugar" como concreción espacial de localización adquiera nuevas consideraciones conceptuales.

Entonces, "territorio" no es una palabra vacía ni un concepto inocuo, quizá es eso lo que les preocupa. El territorio no es únicamente un objeto dado y un resultado de procesos. También es un objeto por hacer: un objetivo histórico y político y, en tal, es objeto de gestión y sujeto de cambio y transformación.

Entender el territorio, "inteligencia territorial" le llaman algunos, es una tarea colectiva que supone el esfuerzo de abarcar de forma rigurosa la realidad desde el conocimiento y la acción. Aunque intenten "cancelar" la idea por considerarla progresista; el concepto pues parece artefacto marxistoide; y la palabra de uso común por el "zurderío". O quieran reemplazar esta nueva "palabra profana" por "comunidad", otro concepto sobre el que existe mucha teoría y práctica, práctica que en la mayoría de los casos es imposible sin "territorio".

Parafraseando a Neruda podríamos decir que quizá se llevarán todo menos las palabras.