Una izquierda sin nosotros

Relevar la diversidad social de un país es uno de los principales esfuerzos de todo liderazgo progresista en general, y establece una condición ineludible para quienes asumen el desafío de las candidaturas presidenciables.

Se ha valorado que el resultado de la reciente elección de constituyentes refleje ese Chile diverso y muchas veces excluido de los centros decisionales. Donde algunos de los antiguos ejes en que se apoyaban los espacios representacionales han quedado disueltos. Pluralidad subjetiva que está lejos de remitirse a clivajes políticos, ya que está anclada sobre procesos de socialización múltiples.

Pero no obstante lo anterior, el desafío mayor para quien pretenda liderar una propuesta de país no se puede reducir a querer y poder representar esta pluralidad -aun cuando la convoque- sino más bien, a producir un Nosotros, que supone integrar esa diversidad en una identidad colectiva y un destino común. Esa es la tarea sensible de la cual no es posible ni distraerse ni perder su horizonte.

Así como se ha dicho que una constitución no es "una lista de supermercado", un proyecto común tampoco es una agregación de subjetividades o identidades. Esa capacidad de lograrlo, que implica descifrar lo latente, es lo que hará -y está haciendo- la diferencia a la hora de los liderazgos.

Algo de esto puedo explicar el éxito electoral de la Lista del Pueblo. Por una parte, una exuberante diversidad de sus integrantes; pero donde -por otra- lo más esencial resulta aquello que los convoca y reúne: En este caso la distinción de reconocerse como pueblo, sacudiéndolo de paso de la inhibición.

Poco conocían sus votantes si sus identidades eran unas u otras, si acaso provenían de aquellas más maltratadas o excluidas, que efectivamente también estaban. Porque lo trascendente, en su nominación, es que se reconocían en su unidad más que en su diversidad. En el nosotros, el ser pueblo. Y probablemente, además, dentro de un campo de conflicto, contra la elite o los "mismos de siempre". En este caso eso fue suficiente para que su anonimato se transformara en complicidades

En cambio, la lista llamada del "Apruebo", para hacer el contraste, sobrepuso una categoría propia de un sujeto político a una subjetividad que era eminentemente social y afectiva. En este caso, sus éxitos, se debieron casi exclusivamente a la inserción territorial de sus candidaturas.

Sin embargo, esta narrativa también puede tener una derivada autoritaria exitosa, como por ejemplo en los casos de Trump y Bolsonaro, donde la impotencia se coaguló y terminó expresándose en fundamentalismos de corte supremacista. Esto apura la necesidad de disputar la convocatoria a ese Nosotros, que no puede comprenderse como la mera suma de las partes, sino más bien, en articular las ansiedades actuales a partir de lo universal y de la solidaridad como lazo social.

De lo contrario, las políticas identitarias pueden efectivamente lograr armar una fiesta, pero no necesariamente con muchos festejados; relegando de esta forma, la imperiosa necesidad de la construcción de un nosotros, que resulta vital para un proyecto colectivo transformador, de manera tal, que el eufemismo no sea su lenguaje.

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