Voto electrónico: más tecnología es más democracia

Luego de todo el revuelo que ha suscitado el proceso de refichaje de los militantes en los partidos políticos tradicionales y las subsecuentes críticas vertidas por los “partidos emergentes” tras el proceder del Servel, hace unos días este organismo dio a conocer una medida que abre grandes oportunidades para el fortalecimiento de nuestra democracia, la que en el último tiempo ha mostrado preocupantes indicios de desapego y, más grave, de deslegitimación popular.

La medida, que es la aplicación de una norma existente que aún no se había ejecutado, consiste en habilitar la firma electrónica para poder inscribirse en los “partidos en formación” (Revolución Democrática, Movimiento Autonomista, Ciudadanos y varios más). A través de la clave única que otorga el Registro Civil y que el mismo aparato estatal define como un carnet de identidad digital, las personas que se sientan identificadas con las propuestas de uno de estos movimientos podrán afiliarse electrónicamente.

Más allá de que esta medida justo aparece cuando los cuestionamientos hacia el Servel y su supuesta “flexibilidad” con los partidos tradicionales no daban para mucho más y el debate se acaloraba por sobre los confines de un diálogo prudente, lo que quiero rescatar es la chance que tenemos de ampliar este mecanismo. Porque si se puede utilizar para la adhesión de militantes, entonces, con voluntad política y visión de futuro, también se puede aprovechar para la implementación del voto electrónico. Y no sólo para las elecciones, sino también para consultas municipales, decisiones regionales o para un eventual plebiscito. Estamos hablando de votar por Internet, con clave única del Registro Civil.

En una columna anterior vimos cómo Chile se está quedando atrás en el desarrollo tecnológico y por qué este retraso en la modernización del Estado nos debilita en la esfera global. La clave única hoy permite realizar trámites simples en línea, pero tiene la potencialidad de convertirse en un gran salto hacia el desarrollo y penetración de más y más trámites digitales. Puede llegar a ser infinitamente más de lo que es hoy.

Con una sociedad que cada vez se vuelve y se volverá más híper-conectada, es razonable pensar que el Estado debe crecer en esa línea y no dejarse estar. La “OECD Recommendation on Digital Government Strategies” nos llama a usar las tecnologías para mejorar procesos, participación y rendición de cuentas.

Otros países ya han avanzado en el voto electrónico. Ha habido buenas y malas experiencias, hay muchos argumentos a favor, pero también muchos en contra. Pero a la larga, a pesar de los obstáculos, el voto electrónico, tarde o temprano, llegará para quedarse. Tomemos la experiencia de esos países, aprendamos de sus errores y de sus aciertos y aprovechemos la oportunidad que tenemos con la clave única que comentamos.

Nadie está diciendo que una política pública de este nivel se haga de un día para otro, pero podemos partir con pequeños pilotajes que testeen el sistema, favoreciendo, por ejemplo, a personas que tienen algún impedimento físico para ir a las urnas o viven muy lejos de los lugares de votación. Lo mismo para los chilenos que viven en el exterior y que ahora pueden votar, para que no tengan que ir a los consulados y se desanimen por la burocracia.

En un documento del Parlamento Europeo (Potencialidad y desafíos del voto electrónico en la U.E., 2016), se revisa en profundidad la experiencia de otros países, considerando los aspectos legales, políticos, tecnológicos y sociales de su implementación. El caso de Estonia ha resultado ser por lejos el más exitoso. Para las elecciones de 2015, un 30,5% de los votos fueron electrónicos y ese número irá en alza. En otras partes no ha resultado como se esperaba y se frenaron esas iniciativas. Pero esa no es razón para cerrar de plano las puertas a esta oportunidad.

Considerando la baja participación ciudadana en las últimas elecciones municipales, el desapego de parte de la juventud hacia la política, el descrédito de los partidos - que son la base de la estabilidad de nuestro sistema -,en fin, el debilitamiento de la legitimidad popular, creo que es recomendable mirar hacia el futuro con apertura, pues es triste ver que la ciudadanía no se siente representada por quienes, por definición, están ungidos para cumplir esa noble labor.

Algunos partidos han tenido serias dificultades para llegar a la meta de refichar al menos a 18.250 adherentes y sólo quedan tres meses para que se venza el plazo. Si no llegan, se acaba el partido. Dirigentes históricos han anunciado públicamente que no renovarán su vínculo, pues creen que las ideas que fundamentaron su compromiso, se esfumaron. Qué duda cabe, el sistema está en crisis.

Y claro, el voto electrónico no es ninguna panacea, pero sí da una señal, permite conectarse con la realidad de las personas y fortalece nuestra alicaída democracia.

Parafraseando al filósofo Lao-Tsé, cualquier viaje de mil millas comienza con un primer paso.  Uno esperaría que el Servel estuviera metido en estos temas, y no dando explicaciones tras explicaciones que deslegitiman su accionar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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