Chile y su capacidad naval, pensando en el futuro

Durante el mes de junio logramos observar un nuevo hito para la industria de la defensa nacional. El día 18 se realizó la ceremonia de botadura del LPD 93 Magallanes, el nuevo buque multipropósito de la Armada construido completamente en Asmar Talcahuano, cuyas capacidades tanto logísticas como de transporte significan otro paso más en la modernización de las unidades y la capitalización de un proyecto de larga data como el Escotillón IV, que le entrega a Chile la oportunidad de construir y avanzar hacia la independencia de poseer sus propias embarcaciones, sin compras a terceros.

La industria de la defensa siempre es relevante en un Estado, pues le permite decidir las inversiones, objetivos y capacidades a desarrollar, pero también mantener la inversión de obras de semejante envergadura en suelo nacional, entregando empleos directos e indirectos en la construcción de las unidades que permiten apoyar a la economía interna.

Considerando la situación general en el mundo multipolar y globalizado en el que vivimos, donde las guerras ocurridas a miles de kilómetros nos afectan a todos, como Estados Unidos-Irán, tener la capacidad de decisión en estas materias es crucial en el desarrollo, pues nos entrega alternativas reales frente a las compras de material, pues se realizan considerando el territorio en el que vivimos y se adaptan a las condiciones chilenas, además de entregar investigación y conocimientos cruciales para el país.

Un ejemplo de ello es el rompehielos Almirante Viel, que nos permite acceder a la Antártica sin necesidad de gastar en empresas extranjeras que construyen estos barcos, entregándonos soberanía en esas materias, pero además dejándonos a la vanguardia de América del Sur por que se construyen en esta zona del mundo.

El mar es vital en el mundo del futuro. La globalización nos ha permitido acortar las distancias, mejorar el comercio y las interconexiones, sin embargo, también nos ha acercado a los conflictos de las potencias más de lo pensado, los que nos traen consecuencias de todo tipo. Por ello, contar con las propias construcciones chilenas nos permite alejarnos de la dependencia de países que eran antiguos vendedores de material (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia) para transformarnos en una alternativa de desarrollo desde el sur, entregándonos investigación y conocimientos, por lo tanto, formación de capital humano clave e inclusive, potenciando la marca país a otros Estados que puedan requerir servicios de este tipo. La industria de la defensa siempre será una inversión de largo plazo, con enormes posibilidades en el futuro.