Ofrezco relaciones diplomáticas aquí y ahora

La ausencia de embajadas en La Paz y Santiago, desde 1978, es una rara avis en una comunidad internacional cada vez integrada. Cualquier intento de solución bilateral a los conflictos tiene que pasar por una normalización de las representaciones diplomáticas.Consideremos otros casos.

Por ejemplo, Estados Unidos y Cuba restablecieron relaciones este año y pronto tendrán embajadores. A su vez, Argentina e Inglaterra restablecieron relaciones en 1990, apenas a ocho años de  una guerra que dejó casi mil víctimas y un reclamo argentino vigente. Dos conflictos serios que cuentan ya con canales institucionales de representación mutua, como debe ser.

El título de esta columna es una conocida frase que usó el ex Presidente Ricardo Lagos en la Cumbre Extraordinaria de las Américas en  2004, en respuesta a los planteos de la contraparte boliviana, afirmando que los temas relativos a la demanda marítima son estrictamente bilaterales. Tener relaciones diplomáticas normalizadas es conditio sine qua non del diálogo franco. Sería un avance inédito en 37 años.

Retornar al diálogo no es traicionar nuestra tradición diplomática. Vamos al grano. Chile tiene una larga tradición diplomática de diálogo y agenda bilateral respecto a la demanda histórica boliviana relativa al acceso al Pacífico. Y esa tradición chilena no es lesiva respecto de nuestros intereses nacionales. 

Nuestra práctica diplomática con Bolivia durante el siglo XX constó de dos  puntos: 1. Apego al tratado de 1904. 2. Bilateralidad del diálogo. El planteamiento histórico de Chile ha sido que el tratamiento de una agenda bilateral con Bolivia es posible, siempre en el marco del respeto a los términos del Tratado de 1904, en razón al principio internacional del pacta sunt servanda.

Esta larga tradición abarca diversos gobiernos, antes y después del definitivo Tratado de 1904. Ejemplos destacados son el tratado de 1895, que incluía una obligación de salida al mar por parte de Chile, y las conversaciones llevadas a cabo entre 1947 y 1950. Ambas gestiones fracasaron. La primera por la negativa del legislativo boliviano y la segunda por filtraciones de la prensa y el consiguiente rechazo de la opinión pública de ambos países.

No fue hasta 1975, en el marco del Acuerdo de Charaña, que se llegó al proyecto más avanzado para una salida al mar. El acuerdo no fue convalidado por Perú, que pretendía un control tripartito, en el marco de su propia agenda sobre la salida boliviana.  El resto es historia conocida: el acuerdo fracasó y los regímenes de Pinochet y Bánzer pasaron del acercamiento al congelamiento de las relaciones en 1978.

La posición de colaboración también fue llevada adelante durante el primer gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, en el que se mantuvo una agenda formal de trece puntos con Bolivia, incluyendo aspectos como integración física, complementación económica y “tema marítimo”

Chile desmiente nuestra historia diplomática al interrumpir la agenda de los Trece Puntos, señalando que no hay temas pendientes. Sistemáticamente existió una agenda a seguir, formal o informal, en medio de  avances y retrocesos. Tanto en 1964 como en 1975 es Bolivia quien rompe relaciones con Chile. Este nuevo planteamiento diplomático solo ha conseguido aumentar la beligerancia boliviana y la exposición internacional, cuyo corolario es la demanda en Holanda.

Insisto. Negociar una agenda no atenta contra nuestra historia diplomática ni contra nuestra soberanía. Ambos países deben construir una relación de confianza para asumir  los desafíos del siglo XXI y las oportunidades que nos brinda el Océano Pacífico.

Chile debe procurar la normalización de la relaciones, siempre en el marco del Tratado de 1904 y los intereses nacionales, y desde ahí buscar soluciones a las trabas reales al desarrollo del comercio y la vinculación: revisar infraestructura, precios, inversiones, la posibilidad de un puerto boliviano de capitales propios en territorio chileno, infraestructura propia.

Si bien Chile ha insistido con una agenda similar, ha sido rechazada por Bolivia por no considerar salida soberana. A pesar de la trampa boliviana del todo o nada, hay que insistir, discutiendo a alto nivel. Actuar de buena fe. Volver a los trece puntos en un marco superador. 

Por eso, soluciones inteligentes y relaciones diplomáticas aquí y ahora.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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