Un nuevo diálogo Pacífico-Atlántico

Desde el gobierno del Presidente Frei y bajo la conducción del Canciller Insulza, se formuló e implementó una política respecto a los países vecinos que reemplazaba la tradicional agenda centrada en los problemas de seguridad fronteriza, por otra que priorizaba la integración física, los intercambios económicos y los acuerdos políticos.

Durante el gobierno del Presidente Lagos se renovó su vigor, especialmente con Argentina: recibió en herencia un Tratado minero inédito, crecieron los ductos trasandinos que traían gas, y se ampliaron los puertos. También se modernizaron los controles fronterizos, se acordaron rutas internacionales en las que se debía invertir coordinadamente, y algunas de ellas -debidamente priorizadas- se convirtieron en rutas bioceánicas. La relación era lo suficiente madura para sortear los efectos adversos de la falta de gas en Argentina.

En el primer gobierno de la Presidenta Bachelet los comités fronterizos regionales cambiaron de nombre y comenzaron a llamarse Comités de Integración Fronteriza.El término simbólico de integración aludía al comienzo de una nueva época entre ambos países –iniciada con la recuperación de la democracia- donde la geoeconomía de la competencia y colaboración había reemplazado a la geopolítica de la desconfianza y el conflicto.

Por ello, con Argentina existe una amplia y profunda red de relaciones urdidas a través de decenas de encuentros de regiones chilenas y provincias argentinas, a lo largo de toda la extensa frontera común. Durante los gobiernos de la Concertación había agendas ministeriales, regionales y hasta locales en las zonas extremas.

Ministros, CORES y Alcaldes entendían y facilitaban la más diversas iniciativas que se llevaban a cabo bilateralmente. Todo lo cual perfeccionó el Tratado de Maipú de cooperación e integración firmado en octubre del 2009.

Con el gobierno del Presidente Piñera se ralentizó todo aquello, a pesar de que se seguían celebrando encuentros, comenzaba a faltar la idea de un destino compartido. Posteriormente, las relaciones se enfriaron hasta tal punto que Piñera optó por un embajador de carrera para enfatizar los vínculos formales, dejando a la deriva lo avanzado.

Esto era así, porque el gobierno de Piñera restauró los términos de un conflicto que se había superado, como era la división Pacífico-Atlántico. Su gobierno puso fin al largo romance sin matrimonio que tuvo la Concertación con el Mercosur, e ingresó en un grupo subregional con marcado énfasis en la iniciativa privada –como es la Alianza Pacífico- criticando el sesgo estatista de los países atlánticos.

Los gobiernos concertacionistas -a través de la doctrina del regionalismo abierto- habían firmado acuerdos con los bloques económicos existentes, Mercosur y Consejo Andino, manteniendo la autonomía suficiente para actuar con lógica global aunque privilegiando la relación con Mercosur y Argentina.

En su minuto, Chile, Perú y Colombia desconocieron a la UNASUR e incorporaron un socio extra-regional como México.Debido a que eran gobiernos de derecha no tuvieron contemplaciones en hacerlo, ya que el Comandante Chávez con su Alianza Bolivariana había incorporado a Cuba y Nicaragua, los que también eran países extra-UNASUR.

Estas acciones cruzadas debilitaron en gran medida a la propia UNASUR como casa común de las repúblicas del Sur.Sin embargo, la Alianza del Pacífico no nació para competir con la Alianza Bolivariana. Aunque haya sido una reacción a ella desde el punto de vista ideológico, su verdadero competidor en la región será el MERCOSUR.

Por ello, el Presidente Piñera dio un giro estratégico en la política exterior chilena de los gobiernos concertacionistas, al privilegiar la relación con Perú, principalmente porque -al margen del litigio paralelo en La Haya- llevó al país a la conformación de un nuevo bloque económico subregional.

El gobierno de la Nueva Mayoría seguirá en la Alianza del Pacífico tal como lo había enunciado en su programa de gobierno. Esto se ratificó en la IX Cumbre del grupo, celebrada el 20 de junio pasado. El encuentro produjo la Declaración de Punta Mita que establece el compromiso de “seguir avanzando en la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, así como en la cooperación entre los socios”.

La Presidenta Bachelet -quien asistió por primera vez a una reunión de este mecanismo de integración regional- sostuvo que “además de los avances que se han logrado en diversos rubros en los últimos tres años, se han identificado áreas como minería, integración turística, de transporte aéreo y cuestiones de género”.Es decir, no solo reafirmó la vigencia de la Alianza del Pacífico, sino que se busca incrementar la participación del país en ella.

En consecuencia, la búsqueda de un nuevo entendimiento entre los principales países del Pacífico y del Atlántico será la gran tarea regional del Canciller Muñoz.Para el logro de esa convergencia seguirá siendo clave Argentina.

Porque la idea de “Chile-país puente” no se materializa en la Alianza del Pacífico, donde el país es, más bien, un socio competidor. Esto solo se podrá concretar si Chile es capaz de integrar a las dinámicas economías del Pacífico, las vastas zonas interiores de Argentina, Bolivia, el sur de Brasil y el oeste de Paraguay.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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