Más que activistas: formar jóvenes que transformen

Cada año, más de 4.000 jóvenes participan de la Pastoral de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en actividades misioneras, trabajos de construcción, apostolados solidarios, retiros, y preparación de sacramentos. Los números parecen impresionantes considerando que el número de católicos entre los 18-28 años no supera el 29% (Encuesta Bicentenario UC 2024). Y, sin embargo, la pregunta que nos desvela no es cuántos entran, sino cuántos permanecen: ¿Cuántos siguen yendo a misa, realizando un apostolado y participando en su comunidad cinco años después de haber egresado?

La respuesta, honestamente, no es alentadora. Y creo que parte de la explicación está en que: el liderazgo joven en las universidades católicas corre el riesgo de convertirse en una experiencia más dentro de un mercado saturado de experiencias significativas. Emocionalmente intensas, pero no necesariamente profundas ni transformadoras.

Vivimos en lo que el filósofo Byung-Chul Han llama la "sociedad del cansancio": un mundo donde el agotamiento se confunde con la virtud, donde hacer más equivale a ser mejor. Las universidades católicas no son inmunes a esa lógica. Cuando llenamos la semana de los jóvenes con actividad tras actividad: retiro, misión, voluntariado, capacitación. Creyendo que la cantidad de vivencias garantiza la profundidad espiritual, estamos reproduciendo exactamente la dinámica que como instituciones de Iglesia debemos contrariar.

La Encuesta Bicentenario UC (2024) reveló que el 24% de los jóvenes entre 18 y 30 años se siente solo, la cifra más alta entre todos los rangos etarios. Muchos de ellos llegan a las actividades universitarias buscando exactamente eso: compañía, pertenencia, nuevos amigos. Y gran parte de lo que realiza la Universidad Católica y su Pastoral es ofrecer espacios para estas necesidades, el desafío está en que el joven que participa y solo quiere formar vínculos, pero no necesariamente busca a Cristo; pueda conocerle y transformar su vida desde adentro.

En su reciente libro "Sobre Dios", Byung-Chul Han recupera a Simone Weil para sostener que la oración es la forma más profunda de atención. En una época en que los algoritmos compiten por capturar cada segundo de nuestra conciencia, invitar a un joven a hacer silencio, a detenerse, a escuchar, es un acto casi revolucionario. Pero es exactamente lo que una universidad católica puede ofrecer y que ninguna red social puede replicar. El desafío no es competir con TikTok en velocidad ni en impacto emocional; es ofrecer algo radicalmente distinto: un encuentro que transforma desde adentro y que no se agota.

Para ofrecer esto, primero hay que haberlo vivido. La pregunta que debería hacerse una universidad católica es si: ¿Están sus académicos y funcionarios realmente transformados por Cristo? No alcanza solamente con gestionar proyectos, coordinar equipos o diseñar actividades creativas. Si quienes forman y acompañan a los jóvenes están interiormente vacíos, puede funcionar en la superficie la universidad pero aun así no producir transformaciones reales.

El papa León XIV convocó a las universidades católicas a ser "cartógrafas de sentido" en su carta apostólica "Diseñar nuevos mapas de esperanza" (2025): instituciones que abran horizontes y que transformen la sociedad a partir de un enfoque de desarrollo donde la excelencia sea el camino y el bienestar de cada persona el norte. Eso es, precisamente, lo que el Sueño UC quiere hacer posible: una experiencia formativa transformadora, rigurosa y nutrida por el encuentro. La Pastoral UC, a modo de contribuir con este sueño, es el lugar donde un joven descubre que hay Alguien que lo llama por su nombre y Lo ama. Esto es suficiente para darle sentido a la vida.