Cuando el papa Francisco reflexionó sobre la inteligencia artificial en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2024, nos recordó que esta tecnología no es neutra. Refleja los valores, intereses y decisiones de quienes la diseñan. Su mirada humanista instaló una pregunta que hoy resuena con nueva urgencia. Al servicio de qué ponemos lo que creamos.
"Magnifica Humanitas", la primera carta encíclica del papa León XIV en su pontificado, retoma esa pregunta y la inserta en una reflexión más amplia sobre la persona humana, la sociedad y el sentido del progreso. No es un documento sobre inteligencia artificial, aunque la aborda con lucidez. Es, en el fondo, una invitación a examinar qué principios orientan nuestras decisiones colectivas y qué tipo de mundo estamos contribuyendo a construir.
El papa León XIV recupera una de las grandes intuiciones de San Agustín para leer el tiempo presente. La humanidad siempre ha debido elegir entre distintos modos de construir comunidad. La encíclica evoca dos ciudades. Babel, metáfora del poder fascinado consigo mismo, y Jerusalén, la ciudad donde Dios y la humanidad habitan juntos. La pregunta no es nueva, pero el escenario sí. Hoy esas formas de construir sociedad se expresan también en código, en algoritmos y en decisiones de diseño que millones de personas jamás verán. Para quienes formamos ingenieras e ingenieros, esta imagen no es una metáfora lejana. Es el corazón de nuestro proyecto educativo.
La encíclica advierte sobre un riesgo concreto en la era digital. Que surja un sistema educativo donde el flujo incesante de información termine desplazando el ejercicio de la reflexión y el discernimiento. Donde se multipliquen los conocimientos fragmentarios, pero se debilite la capacidad de comprender la realidad en su conjunto y de plantear preguntas sobre el sentido. La comunidad académica ya percibe esos signos y creo que nombrarlos es el primer paso para enfrentarlos.
Formar en ingeniería hoy no puede reducirse a transmitir competencias técnicas avanzadas. Eso es necesario, pero no suficiente. Significa también formar sobre la responsabilidad de decidir qué ciudad estamos ayudando a construir. Significa preguntarse no solo si podemos hacer algo, sino si debemos hacerlo y en qué condiciones. La excelencia que buscamos no es indiferente a sus consecuencias. Puede contribuir al bien común y a la dignidad humana, o terminar subordinada. No hay ingeniería sin una determinada comprensión de la persona y de la sociedad, y nuestra tarea es hacer explícitas esas preguntas para que puedan ser reflexionadas críticamente.
El papa León XIV no rechaza la técnica ni la inteligencia artificial. Las sitúa, con realismo, dentro de una vocación más alta. La inteligencia creativa del ser humano es un don que debe permanecer orientado al bien común, a la justicia y al cuidado de los más vulnerables. La verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo ante la tecnología, sino que está entre un progreso que fortalece a las personas y las comunidades. Esta distinción debería habitar nuestras salas, nuestros laboratorios y nuestros proyectos de investigación.
Desde la ingeniería, tenemos una responsabilidad que ningún algoritmo puede reemplazar. Debemos cultivar la libertad interior y el pensamiento crítico en una época que con frecuencia los pone a prueba mediante la saturación de información y la urgencia permanente. Necesitamos promover espacios para el estudio, el análisis y el diálogo. Necesitamos enseñar a conectar conocimientos con sentido, no solo a procesar información con mayor velocidad.
La encíclica considera la figura de Nehemías como parábola de nuestro tiempo. Es alguien que decide entrar en las ruinas de la historia y convocar a reconstruirlas colectivamente, donde cada familia asume la responsabilidad de su tramo de muralla. Para Ingeniería UC, esa imagen tiene un significado concreto. La construcción comienza en cada proyecto que priorizamos, en cada pregunta que permitimos en clases y en cada decisión curricular sobre el tipo de profesional que queremos formar para servir al país.