Vivimos en una cultura que premia la inmediatez. Aparece un dolor de cabeza, uno de espalda, una molestia articular, y lo primero que hacemos -casi sin pensarlo- es buscar algo que lo calme rápido. Los analgésicos y antiinflamatorios son, sin duda, grandes aliados de la vida moderna; nos devuelven el bienestar cuando más lo necesitamos. El problema empieza cuando dejamos de preguntarnos por qué duele y convertimos ese alivio puntual en un hábito automático. Porque el dolor no es un enemigo que haya que silenciar a ciegas; es, más bien, la forma que tiene el cuerpo de avisarnos que algo necesita atención.
En Chile es común recurrir al botiquín de casa sin mucha supervisión, casi por costumbre. Especialistas de la Red de Salud UC Christus advierten que el consumo continuado e indiscriminado de ciertos analgésicos no sólo trae efectos adversos a nivel gástrico, renal o hepático, sino que puede tapar patologías de fondo que siguen avanzando en silencio, precisamente porque nunca fueron diagnosticadas a tiempo.
Tomemos el caso de los antiinflamatorios. Son eficaces y seguros para el dolor agudo, pero se vuelven un riesgo cuando se usan por más de 15 días, algo que ocurre con más frecuencia de la que uno cree en cuadros que, por definición, ya son crónicos. El paracetamol tiene una historia parecida: es ampliamente seguro en las dosis correctas, y sin embargo sigue siendo una de las principales causas de intoxicación medicamentosa, muchas veces porque se combina sin darse cuenta con otros productos que también lo contienen.
Por eso, antes de repetir una dosis casi por reflejo, vale la pena detenerse a evaluar el contexto: cuánto dura la molestia, qué tan intensa es, con qué frecuencia vuelve. El cuidado integral no se reduce a un fármaco; también pasa por hábitos simples como hidratarse bien, tomar pausas activas durante el día, descansar lo necesario y sostener una alimentación balanceada que aporte los nutrientes que el cuerpo pide.
Acompañar a un paciente no siempre significa entregarle una respuesta farmacológica inmediata. A veces, la decisión más responsable -y la más difícil de comunicar- es decirle que ha llegado el momento de consultar a un médico. Esa mirada informada y preventiva es, para mí, lo que convierte la consulta en farmacia en un verdadero espacio de educación y cercanía, no solo en un punto de despacho de medicamentos.
Acompañar bien no siempre significa resolver rápido. A veces significa detenerse un momento más, hacer las preguntas correctas, y tener la certeza de que un dolor que persiste merece ser entendido, no solo apagado.