El médico no es un gásfiter

Las profesiones y oficios son igualmente dignos y quienes los ejercen también.Aquí se trata de establecer diferencias fundamentales y específicas para ubicarlos en el quehacer económico social.

El objeto del gásfiter, supongamos una instalación de cañerías, es conocido en detalle por él, en último caso si la instalación no funciona se cambia totalmente, la incertidumbre en su laborar es muy baja, las cañerías son todas muy similares.

El objeto del médico, la persona sufriente o paciente, no es conocido por el médico, cada persona es una caja de pandora que el médico no termina nunca de destapar y conocer completamente, la incertidumbre en el laborar varía de poco a mucho, cada caso es distinto; no se puede reemplazar a la persona por otra y no es fácil y no será igual un órgano trasplantado como el original.

El gásfiter no necesita de empatía con las cañerías y no podría tenerla. No es necesario que haya sido cañería para poder repararlas o reemplazarlas. El médico si no ha sido paciente y si no ha vivido como persona integralmente tendrá problemas para entender intelectual, afectiva y emocionalmente al paciente; no podrá tener compasión con él. La empatía médico-paciente es vital en el acto médico.

La cañería no es parte del cliente que solicita la acción del gásfiter, en cambio el sistema u órgano enfermo es parte constitutiva del paciente que por lo mismo es mal llamado cliente o usuario (ver columnas anteriores).

La evolución de la cañería y el compromiso que tiene el gásfiter con ella son muy sencillos o se reparó la avería o no y se cambia la cañería; como vimos no hay un compromiso empático del gásfiter con la cañería y él no se hace cargo de ella sino de su avería y si tiene o no tiene reparación.

La evolución del paciente y su relación con el médico es muy diferente.El médico se hace cargo (o debería hacerse) de su paciente integralmente como persona y se constituye en el médico tratante, aunque necesite de interconsultas o derivación.

La evolución de la medicina ha llevado a constituir grupos de profesionales que manejan al paciente y se ha dicho que esto invalida la noción de médico tratante o a cargo.

Muy por el contrario, esto debería hacer aparecer a los equipos de salud tratantes y dentro de ellos debe haber una jerarquía, dada incluso por la empatía y confidencialidad personal del paciente para que su conducción sea hecha con integralidad y objetivos precisos en ese grupo humano que incluye al paciente y a su familia.

La desaparición paulatina del médico tratante responsable, del trato personalizado del paciente, de la integralidad del acto médico y de la ética de personas que es irrenunciable está constituyendo en Chile una situación desastrosa que causa más sufrimientos al paciente y a la familia que los beneficios que trae su atención humanitaria.

Creo no es necesario enumerar otras diferencias. El mercantilismo sanitario, en donde la optimización de la ganancia monetaria prima sobre el servicio personalizado que se da al paciente, la conversión del médico en un trabajador u operario más al servicio de las empresas de salud, la conversión del paciente en un cliente o usuario, la transformación del acto médico en una mercancía, la desintegración y despersonalización del acto médico a la que el AUGE-GES han contribuido al ser una medicina de diagnósticos, tratamientos o servicios y no una medicina de personas, están llevando a la medicina en Chile a su extinción y la están convirtiendo en un simple bien de consumo impersonal como lo que este Gobierno ha pretendido de la Educación.

O en Chile se da un golpe de timón firme y riguroso en este momento o será demasiado tarde porque se habrá llegado al punto de no retorno.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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