Etiquetado de alimentos, producto de exportación de salud pública

A dos años de la entrada en vigencia del reglamento de la ley 20.606, sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad, a muy pocos les cabe duda acerca del impacto positivo que ha tenido esta política pública.

Diversos estudios de opinión han mostrado un alto conocimiento y apoyo de la ciudadanía respecto de las medidas que incluye la legislación: la obligación de colocar etiquetas frontales (los “disco pare” negros) cuando se supera los límites establecidos para el contenido de sodio, azúcares, grasas saturadas o calorías;  la prohibición tanto de su venta en los establecimientos educacionales, como del uso de ganchos comerciales (ej. juguetes de regalo) y su publicidad dirigida a la población infantil.

Otros estudios han mostrado que la población adulta reporta cambios de conducta respecto de la compra de alimentos, específicamente en considerar la presencia y el número de etiquetas que tienen los alimentos: la mayoría de las personas refiere preferir comprar aquellos productos que tienen un menor número o ningún disco pare.

Del mismo modo, se ha informado que la participación en el mercado, medido en valor, de los productos con tres etiquetas (Alto en Azúcares, Calorías y Grasas Saturadas) pasó de un 17,7% a un 11,1% a un año de la entrada en vigencia del reglamento; mientras que el de los productos sin discos pare, pasó de un 19,3 a un 20% de participación. También se ha dado a conocer una disminución promedio de un 3,5% en las ventas de snacks y dulces, y de un 8% para los chocolates, en el mismo período.

Por otra parte, la industria ha reportado que en un porcentaje significativo de productos (cercano al 20%) se ha realizado cambios de fórmula para disminuir o eliminar los discos pares que de lo contrario habrían estado obligados a tener en sus empaques.

Algunas empresas incluso han aprovechado estos cambios como una oportunidad para diferenciarse de la competencia, y lo han incorporado en sus estrategias de marketing, contribuyendo indirectamente a mantener la política de etiquetado presente en los medios.

En resumen, si bien aún no es posible cuantificar el impacto del etiquetado de alimentos en términos de salud (por ejemplo: disminución de sobrepeso y obesidad, o reducción de tasas de hipertensión arterial, diabetes o hipercolesterolemia) debido a que se requiere un período de tiempo más prolongado para que se haga evidente, es indudable que es una política encaminada en la dirección correcta.

Esto  ha sido internacionalmente reconocido, por organismos como OMS y FAO y por los gobiernos de diferentes países, que están trabajando para implementar el mismo sistema de etiquetado.  

Y aquí está la clave para entender por qué algunos representantes de la industria de alimentos y bebidas en Chile, han tratado de instalar el discurso de que el etiquetado sería una “buena idea, mal ejecutada”, a pesar de toda la evidencia en su contra.

Se trata de representantes de empresas transnacionales, que en aquellos países en que se está copiando el etiquetado chileno, han desarrollado el mismo lobby que en nuestro país para oponerse primero a la ley y luego al reglamento.

Su mayor preocupación no tiene que ver con querer que el etiquetado de alimentos sea un éxito de salud pública; al contrario, en la medida que el éxito del etiquetado signifique que sus productos pierden terreno frente a productos más saludables, es casi lógico esperar que estén preocupados de inventar argumentos para tratar de minimizar esta exitosa política pública.

El llamado de atención es para los medios de comunicación, que por estos días han replicado estos argumentos, sin reparar en su debilidad, y el evidente conflicto de interés de quienes los plantean.

El cambio de hábitos que se requiere para torcerle la mano a la epidemia de obesidad y sobrepeso, y sus consecuencias negativas, requiere de información pública adecuada y bien fundamentada, y que en definitiva promueva el consumo de alimentos más saludables, en aras del bien común. 

De ser así, una mejor vida espera a las generaciones futuras de chilenos.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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