Dorothy y el valor de la integridad

La confianza en un profesional comienza a construirse mucho antes de que reciba su título. Se forma cuando un estudiante reconoce una fuente, informa un error o explica con honestidad cómo llegó a un resultado. En esas decisiones cotidianas, a veces poco visibles, la universidad cumple una parte esencial de su tarea.

En el marco del Congreso de Integridad Académica, la contralora general de la República, Dorothy Pérez, visitó Ingeniería UC y abordó el valor de la integridad y la responsabilidad de quienes forman parte de las instituciones y toman decisiones en ellas. Al compartir casos de fiscalización, explicó que los problemas rara vez surgen por falta de normas y suelen responder a la ausencia de control o seguimiento.

En ingeniería, esta responsabilidad tiene consecuencias concretas. Un dato que se omite para favorecer una conclusión o un conflicto de interés que no se declara pueden afectar decisiones de las que dependen otras personas. Aprender a reconocer esas situaciones y responder ante ellas debe ser parte de la formación. La rigurosidad técnica requiere honestidad sobre lo que sabemos y sobre los límites de nuestras soluciones.

Una reciente publicación de la Unesco sobre ética e integridad académica sitúa este desafío en la docencia, la investigación y la gestión universitaria. La expansión de la inteligencia artificial exige revisar cómo se enseña, se aprende y se evalúa, para que su uso fortalezca el aprendizaje y el juicio crítico. Esto implica formar a estudiantes y docentes para reconocer sus limitaciones, contrastar la información que produce y transparentar cuándo y cómo se utiliza, manteniendo la responsabilidad humana sobre las decisiones y los resultados.

En nuestra labor formativa, estas orientaciones invitan a que las universidades acompañemos el uso de nuevas herramientas con criterios comprensibles y responsabilidades claras para toda la comunidad. Esto supone enseñar a declarar cómo se utilizó una herramienta, verificar la información que entrega y responder por el trabajo presentado.

Por ello, debemos ofrecer espacios para plantear dudas, discutir situaciones complejas y aprender a actuar cuando existe presión por obtener un buen resultado. El Código de Honor, la Política de Integridad Académica UC y las demás políticas y normativas relacionadas articulan este compromiso al orientar la conducta de quienes integran la comunidad universitaria, promover una cultura de honestidad y responsabilidad, prevenir faltas y establecer mecanismos para abordarlas de manera oportuna y transparente.

La confianza que la sociedad deposita en nuestros profesionales se construye en estas prácticas cotidianas. Reconocer un error o advertir un conflicto de interés son decisiones que deben aprenderse durante la formación universitaria. Formar ingenieras e ingenieros íntegros no solo fortalece el ejercicio profesional, sino también la capacidad de nuestras instituciones para responder con responsabilidad a los desafíos del país.