El mejor regalo

Ya estamos viviendo la fiesta milenaria de la natividad, el nacimiento más celebrado por el mundo cristiano.

Más allá de los símbolos que fue sembrando la historia con Papá Noel, el Viejo Pascuero o Santa Claus.

Más allá del ajetreo de última hora, para encontrar un presente replicando a los Reyes Magos.

Queremos pensar en aquellos que están lejos de nuestras familias, los que ya se fueron para siempre, en los enfermos que buscan recuperación, en los que perdieron la esperanza, en los que todavía viven en la pobreza, en los chilenos que la modernidad la miran de lejos.

En medio de los buenos deseos y las intenciones positivas,  el mejor regalo que podríamos darnos como ciudadanos del mundo sería fortalecer la dignidad, animar la lealtad, la transparencia y la honestidad.

Llega el momento de la reflexión, por qué no soñar como lo hace el periodista y escritor Eduardo Galeano, que en parte nos dice.

El derecho a soñar.

¿Qué tal si deliramos por un ratito?

¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?

El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

En las calles los automóviles serán aplastados por los perros.

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el computador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor.

El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.

Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.

En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar sino los que quieran cumplirlo.

Nadie vivirá para trabajar pero todos trabajaremos para vivir.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.

Los cocineros no creerán que a las langostas les encante que las hiervan vivas.

Los historiadores no creerán que a los países les encante ser invadidos.

Los políticos no creerán que a los pobres les encante comer promesas.

La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie, nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.

La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.

La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.

Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión.

Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle.

Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.

La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.

La justicia y la libertad, hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.

La Iglesia también dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios, “amarás a la Naturaleza de la que formas parte”.

Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.

Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados porque ellos se desesperaron de tanto esperar y ellos se perdieron por tanto buscar.

Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.

Seremos imperfectos porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.

Pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido seremos capaces de vivir cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última.

Gracias por escuchar.

Gracias por permitirnos soñar, poeta insigne, ciudadanos del mundo.

Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad.

Felices fiestas a Chile, América y al mundo.

Desde El Diario de Cooperativa y Cooperativa.cl

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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