¿Hemos crecido en conciencia social?

En nuestro país solemos tener una bipolaridad que se manifiesta en momentos de excesivo positivismo o triunfalismo y otros de un amargo cuestionamiento y negra visión de la realidad. 

Sabemos que ambos extremos son irreales, porque la realidad siempre tiene matices, por eso, queremos hacer el esfuerzo de ver la mitad del vaso lleno. 

Este último tiempo hemos experimentado una gran convulsión en torno a la discusión sobre la integración social que desea realizar en Las Condes su alcalde Joaquín Lavín. La misma que quiere ser aplicada por otras comunas, con algunas adecuaciones a su realidad, por alcaldes de signo contrario. 

Sin duda es una interesante señal que ha sorprendido al país, porque no surge de un hombre de Izquierda, sino justamente de un sector reticente a los cambios y que generalmente ha defendido los intereses de sectores de mayores recursos y poder en la sociedad. 

Su preocupación por reconocer el derecho de quienes habitan Las Condes y tienen un menor nivel de vida a la generalidad de la población comunal, creo que lo hace por una sincera opción y no por interés político. Por lo tanto, sin duda alguna es un avance social y de conciencia. Siempre confío en las personas hasta que me muestren lo contrario. 

De la misma manera como fue aceptar la gratuidad para la educación, los derechos humanos, la defensa de los niños del SENAME, apoyo efectivo a una inmigración ordenada y justa, la valoración de la sustentabilidad y del medio ambiente (Ventana) y los derechos de agua para la comunidad de Petorca, aún yendo en contra de los grandes productores agrícolas de la zona donde se han denunciado serias irregularidades. 

Esto nos va mostrando que hay aspectos que aún cuando afectan intereses del sector que los apoyan, se procura responder primeramente a un imperativo de justicia social. 

Estos cambios que consideramos como un crecimiento de la conciencia social, se van suscitando en todos los sectores. Por ejemplo, los que ayer justificaban y defendían las tomas, hoy comprenden que es un sistema que se debe morigerar y utilizar solo en casos realmente extremos y válidos y no generar un abuso del mismo, que termina destruyendo espacios que son de toda la sociedad y que el final lo único que hace es generar un efecto contrario al que se busca: afectar seriamente la educación pública en todas sus etapas, a favor de la educación subvencionada y privada. 

También han comprendido que la mirada sobre la democracia no puede ser solamente instrumental según su ideología, sino que hay que defender siempre la voluntad soberana del pueblo y que el crecimiento económico es necesario para generar riqueza y mejorar las condiciones de vida, claro que con un más justo reparto de la misma. 

Aún cuando las ideologías son válidas, porque son las ideas que orientan nuestro actuar, y por lo mismo todos tenemos alguna, el abuso de esta por lado y lado siempre se ha tornado en un freno para el avance de los pueblos, ya que generalmente terminan en cegueras, conflictos y rupturas. 

Nos quedan rezagos ideologizantes por ambos lados. 

A un sector le cuesta unir justicia social con mayor eficiencia en el uso de los recursos y al otro, comprender que justicia social no se representa solo en dádivas, acciones solidarias o subsidios, sino en una sociedad globalmente más justa y equitativa. 

Es cierto, el país ha ido creciendo en mayor conciencia social, pero aún falta mucho. Sigamos avanzando.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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