Hoy agredidos, mañana agresores

Estupefactos, por decir lo menos, hemos quedado con la noticia que va revelando de manera escabrosa, los pormenores de la red de abuso y explotación sexual de menores.

Nuestra atención por años, se ha centrado en el apoyo, educación y acompañamiento de familias vulnerables y particularmente hemos puesto gran empeño, en los niños y niñas que por diversos motivos han sido maltratados y abusados.

Se destaca entre nuestras actividades, una Casa con régimen de internación, especialmente dedicada a infantes en graves riesgos. Personal altamente calificado, dedica su vida con esmero y no sin sacrificios, para cuidarlos cual madres sustitutas y de esa manera ir recuperando en sus corazones dolidos y heridos, la ternura y afecto que se les ha robado.

No trepidamos en gastos, golpeando puertas, tanto gubernamentales como de particulares, para lograr que este Programa tenga la calidad necesaria que requiere este segmento, a objeto que estas personas puedan lograr una calidad de vida con las mínimas secuelas posibles.

Los niños y niñas víctimas de falta de afecto, abandono parental, pobreza y carencias múltiples, son presa fácil de inescrupulosos y pervertidos que ven en estos sufrientes un medio propicio para saciar sus apetitos asquerosos y vergonzosos.

Una institución como la nuestra, que tiene por misión sembrar la esperanza y el amor incondicional en estos pequeños, una noticia como la que se está informando, nos golpea duramente.

No entendemos como estos hechos llevaban tantos años sucediendo, sin que los vecinos hubieran percibido semejantes depravaciones y desenfrenos, ocurridos ante sus propios ojos.

Conocemos las profundas secuelas, que se imprimen en el alma de estos menores que han sido abusados y violentados sexualmente. En nuestra experiencia debemos reconocer, desgraciadamente, que muchos de los que sufren estos horrores se dañan de por vida.

Todos los esfuerzos profesionales en materia de sanación, que hemos hecho con víctimas semejantes, no logran borrar en lo más íntimo de sí, el dolor y el temor que los acompaña como fantasmas por el resto de su existencia.

Quizás la comunidad se pueda sentir tranquila cuando estas redes son descubiertas, sin embargo el punto mayor y fundamental es evitar que existan, pues ello será lo único que evitará esta cadena maldita que niños hoy agredidos , sean mañana, probablemente , adultos agresores.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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