Migración, hacerse cargo

Mayor coordinación internacional, ordenamiento de las políticas migratorias y resguardo de los derechos humanos: esos son los tres pilares de la política migratoria que este Gobierno ha pasado por alto respecto un fenómeno que debemos abordar desde su integralidad.

En vez de aquello, La Moneda instaló un slogan como el "turismo laboral" que no ayudó y sólo contribuyó a criminalizar el movimiento migratorio, poniendo bajo la alfombra los necesarios cambios al caduco marco normativo vigente en el país y que no hacía otra cosa que recoger una realidad evidente, hay que hacerse cargo de la llegada de familias que buscan sobrevivir a un mal pasar en su país de origen.

Convengamos, además, que la performance del Presidente Piñera en Cúcuta hoy parece mayormente improcedente que en aquella época.

Las personas migran porque tienen necesidad de hacerlo, ya sea por motivos económicos, a veces por situaciones políticas, o por una catástrofe. Los flujos migratorios son la esencia del ser humano y lo que corresponde es que donde se generan estos flujos, los países de origen y los países de destino, haya una coordinación mínima que les permita enfrentar este desafío.

Claro que existen obligaciones que cumplir por parte del inmigrante, pero así también no pueden perder sus derechos, es más, los Estados deben garantizarlos. También Chile tiene derecho a establecer su propia política migratoria que establezca requisitos mínimos de ingreso y permanencia, bien lo sabe casi el millón de chilenos que viven fuera.

En cambio, como esta administración se ha negado a tomar medidas -más allá de las frases grandilocuentes como "ordenar la casa" no ha sido grande el esfuerzo- lo que tenemos acá es una migración muy desordena, debido a las pésimas señales que ha entregado el propio gobierno.

No hay que olvidarse que, en el caso de la migración venezolana, llega buscado un país con mayor tranquilidad, posibilidad de desarrollarse económicamente y, sin embrago, se ha estado generado en el último tiempo un proceso obligado de desplazamiento por pasos no habilitados. Porque hay desidia, no se quiso hacer un proceso ordenado y muchos en su desesperación han buscado llegar a nuestro territorio de forma irregular. Se les ha tratado de forma indigna empatando irregularidad con ilegalidad.

Se empieza a generar el cuadro de odiosidad y xenofobia aberrante y vergonzosa que vimos en Iquique. Incluso sectores han hecho de esto un tema de orden electoral mientras el Gobierno no busca salidas humanitarias por vía del refugio o del asilo, acciones que generen condiciones mínimas para que este fenómeno migratorio sea algo controlado y regulado. Necesitamos establecer un proceso de migración con dignidad.

Sabemos del trabajo de varias organizaciones de la sociedad civil para promover el diálogo y la integración, a quienes el Ejecutivo tampoco ha escuchado. Pero más allá de recriminación, hemos propuesto medidas urgentes y locales en las ciudades que son la puerta de entrada a Chile; enfrentar la situación con albergues de tránsito y provisiones, abordar esta crisis a través de una instancia intersectorial con instituciones públicas y privadas para dar una respuesta desde distintos ámbitos, entre otras. Con tal de procurar, finalmente y en serio, hacerse cargo de la migración.

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