Chile atraviesa una crisis que no admite distracciones. En septiembre la economía apenas creció 0,2%, el desempleo llegó al 9,8% y el costo del transporte de carga acumulaba un alza del 11,9% en el año. Las lluvias golpearon la producción agrícola, dañaron 816 caminos y 31 puentes, y ahora una paralización de transportistas en San Antonio amenaza las exportaciones. Justo cuando el país necesita toda la capacidad del Estado para salir adelante, el Gobierno ha decidido que dos de sus ministerios más importantes se conformen con un ministro a media jornada.
Obras Públicas tiene por delante la tarea urgente de reconstruir infraestructura, acelerar inversiones y generar empleo. Transportes enfrenta el encarecimiento de la movilidad, los problemas de conectividad y las dificultades de una economía que depende de llevar sus productos al mundo. Cuesta entender que, con semejantes responsabilidades, ambos ministerios deban repartirse el tiempo que le sobra al otro.
Fusionar los ministerios de Obras Públicas y Transportes podría ser una buena idea. Pero una fusión supone integrar instituciones, presupuestos, equipos y decisiones. Pero eso no se ha hecho, en cambio se ha mantenido dos ministerios funcionando por separado con un mismo jefe. Esto tiene a ambos ministerios con medio ministro cada uno.
Mientras el ministro atiende los problemas de una cartera, los de la otra cartera están esperando su turno. Y detrás de esa espera hay obras detenidas por una firma, trabajadores sin empleo, productores que no pueden sacar sus mercancías y familias que siguen pagando las consecuencias.
El Gobierno debería decidir. O fusiona ambos ministerios de verdad, o le devuelve un ministro de dedicación exclusiva a cada uno. Lo que resulta difícil de comprender es que, teniendo una crisis que atender, haya elegido atenderlas con un ministro a una jornada parcial.
Se le puede llamar biministro, que suena moderno y hasta eficiente. Pero en la práctica cuando dos ministerios deben compartir una sola autoridad, lo que tiene cada uno es medio ministro. Y Chile, con todos los problemas que enfrenta, no está para que lo gobiernen a medio tiempo.