Seguridad vial infantil: cuidar sin excusas

Cada mayo, desde Fundación Emilia impulsamos el Mes de la Seguridad Vial Infantil. Lo hacemos hace 12 años, no como una campaña aislada, sino como una forma de insistir en una idea que Chile todavía no ha incorporado con suficiente fuerza. Niñas y niños tienen derecho a desplazarse de manera segura.

Durante este mes ponemos el acento en visibilizar, educar y abrir conversaciones con comunidades, instituciones y familias. Sin embargo, la seguridad vial infantil no es una preocupación de mayo. Es una temática que nos acompaña durante todo el año y que forma parte de nuestro compromiso permanente con la prevención de siniestros viales evitables, el acompañamiento a víctimas y la construcción de una cultura donde el cuidado de la vida sea un principio cotidiano.

Chile ha suscrito la Convención sobre los Derechos del Niño. Ese compromiso exige asumir que la protección de niñas y niños no se limita al hogar, la escuela o los espacios de salud. También debe expresarse en la forma en que diseñamos nuestras calles, fiscalizamos conductas de riesgo, educamos a las comunidades y tomamos decisiones cada vez que subimos a un vehículo.

La movilidad segura debe ser entendida como parte de una política de infancia. No se trata solo de enseñar a niñas y niños a comportarse en la vía pública. Se trata, sobre todo, de reconocer que quienes cuidan, legislan, fiscalizan, conducen y planifican tienen un deber mayor en la construcción de entornos donde la infancia no quede expuesta a riesgos evitables.

Las cifras muestran la urgencia de este desafío. Entre 2016 y 2025 fallecieron 625 niñas y niños de 0 a 14 años en siniestros viales en Chile. De ellos, 298 correspondían al tramo de 0 a 5 años, lo que representa el 47,7 por ciento del total. Otros 117 tenían entre 6 y 9 años, equivalentes al 18,7 por ciento, y 210 correspondían al tramo de 10 a 14 años, equivalente al 33,6%. Casi la mitad de las muertes infantiles en siniestros viales se concentra en la primera infancia, etapa en que la protección depende directamente de las decisiones de quienes realizan el traslado.

En materia de lesiones graves, niñas y niños de 0 a 14 años también enfrentan una alta exposición al riesgo vial. Entre 2016 y 2025, el tramo de 10 a 14 años concentró la mayor cantidad de lesionados graves, con 1.686 casos, equivalente al 41,9% del total. Le siguió el grupo de 0 a 5 años, con 1.246 casos, correspondiente a 30,9%, y el tramo de 6 a 9 años, con 1.096 casos, equivalente a 27,2%. Estos datos muestran que la seguridad vial infantil debe abordarse durante todo el ciclo de la niñez, con estrategias diferenciadas según edad, autonomía y forma de desplazamiento.

En la primera infancia, el uso correcto de Sistemas de Retención Infantil, el cinturón de seguridad y la ubicación adecuada dentro del vehículo son medidas básicas de protección. En niñas y niños mayores, especialmente entre los 10 y 14 años, el desafío también incluye educación vial, protección de peatones y ciclistas, reducción de velocidad en entornos escolares y barriales, y espacios públicos que no expongan a la infancia a decisiones imprudentes de terceros.

Actualmente, en el Congreso se discute un proyecto de ley que busca aumentar las sanciones por no usar Sistemas de Retención Infantil y por trasladar a menores de 12 años en los asientos delanteros. Esa discusión es relevante, porque la fiscalización y las sanciones cumplen un rol preventivo. Pero el punto de partida no puede ser solo la multa. Debe ser una sociedad que cuida, que entiende la fragilidad de la infancia y que asume el compromiso de proteger sin excusas, sin atajos y sin "peros".

Cuando hablamos de niñas y niños, no puede haber excepciones. No basta decir que el trayecto era corto, que iba más cómodo, que no pasaba nada o que era solo por esta vez. Cada una de esas frases expresa una forma de normalización del riesgo. Y esa normalización es precisamente lo que debemos transformar.

En una semana marcada por hechos que han vuelto a poner en el centro la pregunta por el cuidado de la primera infancia, resulta urgente volver a decirlo. El cuidado no puede depender de la suerte, de la improvisación ni de la reacción posterior a la tragedia. Una sociedad comprometida con la infancia debe prevenir antes, proteger siempre y asumir que la fragilidad de niñas y niños exige decisiones responsables todos los días.

Hablar de seguridad vial infantil es hablar de convivencia. La velocidad excesiva, la conducción bajo efectos del alcohol o las drogas, la distracción por el uso del celular y la falta de medidas de protección no son simples errores individuales. Son conductas que revelan una cultura vial donde muchas veces el cuidado de otros queda subordinado a la prisa, la comodidad o la falsa idea de que "no va a pasar nada".

Por eso insistimos en dejar de hablar de "accidentes" cuando nos referimos a hechos que pudieron prevenirse. Un siniestro vial no es inevitable cuando responde a decisiones humanas. Conducir más rápido de lo permitido, mirar el celular, trasladar a un niño sin sistema de retención, no usar cinturón o asumir que un trayecto corto no requiere protección son decisiones que pueden modificar para siempre la vida de una familia.

La seguridad vial infantil requiere educación temprana, fiscalización efectiva, infraestructura segura, compromiso institucional y corresponsabilidad social. También exige que dejemos de naturalizar prácticas que ponen en riesgo a niñas y niños. No basta con declarar que la infancia importa. Debemos demostrarlo en la forma en que conducimos, planificamos, legislamos y cuidamos.

Durante este mes, Fundación Emilia ha desarrollado talleres con comunidades escolares, actividades en universidades, seminarios sobre ciudadanía y seguridad vial infantil, reuniones con instituciones públicas y acciones formativas orientadas a fortalecer capacidades de acompañamiento y prevención. Estas actividades buscan instalar una conversación más profunda. La seguridad vial infantil no es un tema sectorial, sino una dimensión concreta del derecho de niñas y niños a vivir, desplazarse y habitar sus territorios con bienestar.

Una sociedad que protege a su infancia reduce velocidades, ordena sus prioridades, fiscaliza conductas de riesgo, educa a sus comunidades y reconoce que la movilidad no puede transformarse en amenaza. La infancia no debe adaptarse a calles peligrosas. Son las calles, las políticas públicas y las conductas de quienes habitamos el espacio público las que deben adaptarse al derecho de niñas y niños a estar seguros.

El Mes de la Seguridad Vial Infantil es un llamado a mirar lo cotidiano con mayor responsabilidad. Cada trayecto importa. Cada decisión cuenta. Cada medida preventiva puede salvar una vida.

Cuidar a niñas y niños en la movilidad no es una opción ni una exageración. Es una obligación ética, social e institucional. También es una forma concreta de construir un país que pone la vida en el centro.