Luego del debate por la megarreforma de Kast-Quiroz, pareciera ser que la opinión pública y los llamados "ciudadanos de a pie", tuvieron la posibilidad de comprender quienes serán los beneficiados inmediatos de este paquete, que en la práctica constituye una reforma tributaria. En efecto, ante el publicitado debate entre alcaldes y alcaldesas sobre la compensación por la exención del pago de contribuciones a los mayores de 65 años, donde una de las mayores compensaciones se las lleva Las Condes, con cerca de $13 mil millones, la ciudadanía tuvo la posibilidad concreta de saber de qué se trataba esta ley, o al menos una parte de ella.
Durante todos estos años, sobre todo en la derecha, ha primado el criterio que las políticas públicas y beneficios sociales hacia los sectores carenciados deben ser focalizados. Pero en el caso de la exención mencionada, allí quedó nítidamente establecido que cuando se trata de beneficios para sectores de altos ingresos, la propuesta del gobierno no es focalizar si no que universalizar.
Pero no se trata solamente del Fondo Común Municipal o del impuesto territorial lo que hace a Las Condes uno de los municipios más ricos de Chile. No ahondaremos en cifras pues las diferencias intermunicipales ya son de público conocimiento.
Se trata de algo más profundo, algo que muchos no han querido ver. Se trata de la planificada desigualdad con la que se ha ido construyendo un territorio, desde hace décadas, en especial desde comienzo de los '80. En ese entonces Las Condes contenía lo que posteriormente han sido los municipios de Lo Barrenechea y Vitacura, ambos también signados en el top 10 de los municipios más ricos de Chile.
Cuando Pinochet, a través de la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa de Chile (Conara), crea en 1979 la Ley de Rentas Municipales, esta contiene un instrumento financiero llamado Fondo Común Municipal, cuyo principal componente de ingresos son los llamados impuestos territoriales, en casi 60% y luego los Permisos de Circulación, en casi 25%.
Ahora bien, la configuración territorial que observamos en nuestra ciudad no es fruto del azar. El territorio y los fenómenos sociales tienen una economía política y, salvo aquellas zonas exclusivamente "naturales" (cada vez más escasas), todo es histórica y socialmente construido. Quizá el lector recuerde que, en pleno estallido social, el entonces alcalde de Las Condes Joaquín Lavín, donó al municipio de La Pintana mil millones de pesos, reconociendo una deuda histórica. Se trataba del flujo de población que desde 1981 y hasta casi 1986, fue trasladada desde Las Condes (Vitacura y Lo Barrenechea incluidos) a la comuna de La Granja, desde donde surge territorialmente La Pintana. Esta última pasó de tener no más de 60.000 habs. en 1980 a casi 150.000 en 1986, es decir, deliberadamente la dictadura militar tuvo un plan territorial implementado desde Odeeplan por Miguel Kast, hermano del actual Presidente de la República. Su lógica la denominó "homogenización de áreas".
Por eso la zona oriente necesitaba ser despejada de campamentos. De otra manera las soluciones habitacionales entregadas se habrían construido en el mismo municipio de esos campamentos, donde padres y madres de familia tenían sus redes laborales como asesoras del hogar, jardineros o mayordomos. Esto ha sido muy estudiado, los datos estadísticos y mapas de flujo existen, por lo tanto, no se trata aquí de una escritura del resentimiento ni de una opinión que se apoya en fantasías o en falacias. Ni tampoco se busca generar una especie de estigmatización inversa hacia Las Condes y las otras comunas del oriente santiaguino.
Datos, mapas, escritos y procesos hay de sobra para explicar esta planificada desigualdad (ver columnas Cicatrices en el territorio: "Las siete modernizaciones" y la herencia espacial de la dictadura y Chile, disparidades comunales y la deuda histórica con los territorios) Podríamos decir que estamos sobre diagnosticados, pero ¿qué podemos hacer o proponer para ecualizar aún más las finanzas municipales, sin crear nuevos impuestos?
Una situación que puede ser corregida modificando la ley de Rentas Municipales (reformada en dos oportunidades en democracia) se refiere al municipio donde pagan su patente principal las grandes empresas
De acuerdo a datos del Servicio de Impuestos Internos, si nos fijamos en las grandes empresas, sobre el 50% de estas, alrededor de 8.500, registran sus direcciones de casas matrices o edificios corporativos en las siguientes seis comunas: Lo Barnechea, Vitacura, Las Condes Santiago, Ñuñoa y Providencia. La concentración es aún más focalizada puesto que en las comunas de Providencia, Las Condes y Santiago están establecidas cerca de 4.150 de las casi 8.500 grandes empresas que declaran sede en la Región Metropolitana. Razones hay muchas y tampoco resultan del azar puesto que se trata de la forma en que se fue desarrollando los que conocemos como el Gran Santiago.
Estás grandes empresas se ubican en las comunas señaladas pues es allí donde los trabajadores son agrupados en un mismo lugar, el coste de la reproducción de la fuerza de trabajo se reduce, también en la medida en que el universo de necesidades puede ser consumido de manera colectiva. Esto significa que el tiempo de desplazamiento al trabajo se reduce a su mínimo posible (a través de la cercanía a las estaciones del Metro, por ejemplo), y con ello los salarios y el trabajo social necesario, lo que a su vez permite maximizar el tiempo de trabajo excedente.
Es cosa de pensar en nuestro mapa mental de la capital de Chile para caer en la cuenta de que esto que señalamos, lo observamos a diario en el paisaje urbano del Gran Santiago, en el centro histórico de la ciudad, en la zona de Avenida Los Leones en Providencia y en el barrio El Golf, zona de Av. El Bosque, de la comuna de Las Condes, lo que coloquialmente se conoce como Sanhattan.
Esto tiene que ver directamente con los presupuestos municipales, puesto que tal como hemos señalado, es en estos municipios donde estas grandes empresas pagan sus patentes, a pesar de que realicen su actividad productiva o de servicios en otras comunas.
Veamos un caso concreto. Celulosa Arauco (Celco, del Grupo Angelinni) por su Planta Valdivia, ubicada en la comuna de San José de la Mariquina, donde se producen casi 1.000 toneladas de celulosa al día y la empresa pagaba al año 2022 la irrisoria cantidad $35.159 por su patente comercial, en el municipio de San José de la Mariquina, donde realiza faenas, con las ya conocidas externalidades negativas sobre ese territorio.
En agosto de 2022 la prensa informó profusamente que la empresa Arauco Internacional, parte del grupo Arauco, anunció que dejaría de pagar parte de las patentes municipales en Las Condes y trasladaría el pago a la comuna de Arauco, donde la empresa tiene una de sus plantas más grandes. Esa decisión voluntaria significó que el municipio de Arauco, desde 2023 comenzó a recibir cerca de 700 millones de pesos por concepto de patente de la mencionada empresa.
Y estamos hablando de un caso, cuando hemos dicho que son casi 9000 grandes empresas las que pagan su patente principal en los municipios más ricos de Chile. Recordemos que Las Condes tiene un presupuesto sobre los 500 mil millones de pesos y el municipio de Arauco un poco más de 17.000 millones de pesos. Enormes diferencias. Entonces en la propia ley de rentas municipales hay un potencial redistributivo importante.
¿Existirá voluntad política para realizar estos cambios en la ley de Rentas Municipales y no esperar la buena voluntad de las grandes empresas de nuestro país? La zona oriente de Santiago no pude vivir a espaldas a la desigualdad, no es bueno para nadie, ni siquiera para quienes viven en lo que algunos llaman "territorios ganadores", pues no se trata de eso, se trata de garantizar el acceso a servicios municipales a todos los chilenos y chilenas, independiente del lugar donde nazcan, se críen o vivan.
Se ha dicho hasta el cansancio que los municipios son la puerta de entrada de los ciudadanos y ciudadanas a las políticas públicas y beneficios sociales. Pero en muchos lugares, esa puerta municipal es la única existente. Y si no ecualizamos finanzas municipales y mejoramos la redistribución, esa única puerta se puede ir cerrando o achicando. Y nuestro país no será mejor si no contamos con mejores municipios. Esa es la tarea que requiere propuestas concretas, vías de dialogo y voluntad política.