En agosto del año 2025 escribí una columna sobre los problemas que estaba teniendo la comunidad científica en países como EE.UU. y Argentina, donde gobiernos que no valoran la ciencia han restringido el apoyo económico y con ello, indirectamente, han afectado el desarrollo de sus países y el bienestar de su población en el mediano y largo plazo.
La columna de aquel entonces señalaba: "Si Chile no enseña naturaleza de la ciencia en las aulas, sus ciudadanos no podrán exigir a quienes los gobiernan que inviertan y prioricen la ciencia para lograr el bien común" e incluso advertía: "Ojo, porque varios de los candidatos presidenciales de Chile a las elecciones de noviembre parecen no haber aprendido nada de naturaleza de la ciencia en sus colegios". Lamentablemente (la advertencia se cumplió), ahora es en Chile donde la ciencia está bajo ataque, luego de que la población eligiera a uno de los candidatos presidenciales que no la valora. De este escenario surgen varias preguntas.
La primera es ¿por qué la sociedad chilena elige como autoridad a una persona que no cree en el valor de la ciencia y que no aprecia sus aportes a la sociedad?
Como todos los fenómenos complejos, el surgimiento de proyectos sociopolíticos ligados a la extrema derecha tiene una explicación multifactorial. En Chile, ese fenómeno ha sido estudiado por académicos como Alberto Mayol. En síntesis, las investigaciones de su grupo muestran el malestar de un número importante de la sociedad chilena, la cual ya no comprender el sentido de las instituciones. Pero, ¿es una de estas instituciones la ciencia? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que, en el mundo, la ciencia es una de las instituciones que más se ha visto afectada por la irrupción de las redes sociales en las que, como diría el reconocido filósofo de la ciencia Paul Feyerabend, "todo vale". Es decir, todos tienen derecho a expresarse y cada argumento es igualmente válido, ya sea el que se basa en evidencia confiable como el que respalda sus creencias en suposiciones o teorías conspirativas. Pesa lo mismo lo que opina el antivacunas como lo que dice la OMS.
En este contexto es donde debemos evaluar críticamente qué es lo que ha hecho la ciencia o las sociedades científicas para no poder mostrar la importancia del pensamiento crítico y los argumentos basados en evidencia a la sociedad. Y nosotros, desde la educación científica, ¿qué hacemos para que la ciencia sea reconocida como un trabajo noble, que busca el bien común y al cual cada niño, niña y joven puede aportar? ¿Cómo presentamos la ciencia en nuestras aulas? ¿Por qué muchas veces las y los estudiantes la encuentran ajena, difícil y poco cercana a sus vidas? Si los estudiantes muchas veces ven a la ciencia como una actividad realizada por "sabios escondidos en un laboratorio estudiando cosas que a nadie le importa, es muy probable que frases como: "A ese científico le damos 500 millones de pesos para escribir un libro", puedan encontrar un campo fértil para disminuir el financiamiento del ministerio de ciencia.
La segunda pregunta es ¿por qué el actual Presidente de Chile cree que la investigación científica es una actividad cuyo resultado promedio es la publicación de un libro a partir de fondos cercanos a los 250 millones de pesos? ¿Es ignorancia real o algún plan premeditado? Durante la última semana, esta segunda pregunta ha sido abordada por muchos científicos y científicas, aunque la mayoría parte del supuesto de que la caricatura se hace desde el desconocimiento. Como nos sugiere la filosofía, es más parsimonioso explicar una conducta errada por la ignorancia que por mala intención. Mas cuando en semanas anteriores hemos visto como es la ciencia, a través de recomendaciones y regulaciones, por ejemplo, sobre la protección de los humedales, la que deja en evidencia las malas decisiones en el ámbito de las políticas públicas, me hace pensar que no es solo ignorancia, sino también una agenda deliberada para atacar a la ciencia.
Muchas veces la ciencia es incómoda para quien ostenta el poder. Hay numerosos ejemplos de cómo regímenes autoritarios han censurado, hostigado o exiliado a los científicos y científicas. Es la ciencia la que explica por qué no se debe edificar sobre los humedales o las dunas, ni tampoco poner una rueda de la fortuna en lugares con riesgo de tsunami. Es la investigación científica la que promueve alimentarnos con menos comida chatarra y generar menos gases de efecto invernadero.
Una última interrogante sería ¿qué debemos hacer para que visiones erradas del quehacer científico no avancen en la sociedad? Creo que la ciencia en general, y la educación científica en particular están llamadas a promover activamente una visión más real y cercana del quehacer científico en la sociedad. En estos días varios científicos e investigadoras se han dedicado a mostrar múltiples evidencias de que la ciencia que se hace en Chile es de alto nivel y que se realiza con fondos precarios. No con cientos de millones mal gastados.
Solo un ejemplo, de los no más de 50 millones que puede tener al año un proyecto científico individual, gran parte de él se gasta en empleos reales (no más de 1 millón para 1 o 2 ayudantes de investigación, es decir 12 o 24 millones al año) e ideales (2 o 3 becas de postgrado las cuales tienen como máximo 3 millones al año por persona). Si a ello se suman la compra de equipos, reactivos, materiales, viáticos, trabajos ocasionales y gastos de oficina, no hay en esos recursos ni un espacio para el mal gasto. Además, cada investigador e investigadora debe rendir cada uno de estos gastos con documentos, como facturas, boletas, informes de actividades, etc. Los cuales son minuciosamente revisados, lo que muchas veces implica que incluso no se reciban nuevos fondos hasta que no se aclare lo gastado en proyectos anteriores. Es decir 50 millones se gastan con absoluto cuidado para que funcione un grupo importante de investigadores, tesistas, ayudantes y técnicos que desarrollan conocimiento y capital humano avanzado. Monto menor que el salario anual que recibirán asesores presidenciales que, de hecho, generarán menos empleo que la o el investigador a cargo del proyecto.
En resumen, la ciencia debe ser una de las actividades que recibe fondos del Estado que mayor regulación tiene en sus gastos y que ellos más beneficios nos dan en el mediano y largo plazo. Este y otros temas de cómo se realiza la ciencia se deben divulgar a la sociedad, no solo por los científicos, sino que también por los profesores y las profesoras de ciencia. No se puede esperar que todo este trabajo de divulgación lo hagan solo unos pocos "elegidos" como Marcelo Lagos, José Maza, Teresa Paneque o Gabriel León. Nosotros como investigadores, debemos divulgar más nuestros resultados y nuestro quehacer a la sociedad, en las escuelas y los medios. Las universidades deben valorar este tipo de comunicación tanto o más que un artículo científico especializado o un proyecto ganado, porque en momentos como este, cuando autoridades tratan de denostar la ciencia, son esos productos los que le permitirán a la sociedad estar mejor informada.
Quizá el presidente nos dio una excelente idea. Que cada investigación, cada proyecto de ciencia social y natural, termine con un libro. Un libro que esté en todas las bibliotecas y en todas las librerías, donde se explique en lenguaje simple la importancia del estudio y las repercusiones de éste en la vida cotidiana de las personas.
Le pregunté a una IA cuál es el objetivo de la ciencia y me respondió: "Comprender, explicar y predecir los fenómenos del mundo natural y social mediante métodos sistemáticos basados en evidencia, permitiendo tomar mejores decisiones y generar desarrollo económico, social y tecnológico". Si la inteligencia artificial lo tiene claro, debemos procurar con esfuerzo y dedicación que la población de nuestro país no esté menos informada que ella.