Hace dos meses que el Presidente Kast asumió el gobierno, abandonando su proyecto original y rediseñándolo a través del actual gabinete que subsume la política de seguridad a una reforma tributaria, disfrazada de reconstrucción nacional, pero los grandes problemas del gobierno son la incapacidad para distinguir y comunicar. Sabiendo distinguir y comunicar, el gobierno no estaría amenazado de caer al abismo.
El saber distinguir ¿qué decretos ambientales son obstáculos para la inversión y cuáles no?, saber distinguir ¿qué programas sociales son innecesarios y cuáles sí lo son?, es el sustento de toda buena gestión y política de comunicación que ha sido víctima, por lo menos, de una gran ansiedad que impide la pausa para hacer su juego. No obstante, el Presidente tiene ideas correctas en varios temas, pero la misma falla comunicativa le impide superar la crítica, especialmente, de una oposición de izquierda profundamente desesperada y haciendo política de la frustración, por lo que no se puede esperar buena intención de muchos de ellos.
Asimismo, mucha gente siente que su cotidianeidad ha sido alterada por las políticas de transporte en la Región Metropolitana, lo que no ha sido correctamente explicado y aclarado, viendo el regreso en algunos recorridos de los buses a petróleo, lo que da la impresión de que este gobierno ha venido más que a reconstruir, a destruir. De este modo, puede haber muchos temas más como la salud y otros que la gente necesita claridad y si el gobierno no tiene interés en darla, le quedará muy poco tiempo, serán hombres muertos caminando.
La potencial decepción de la gente con el gobierno puede ser fruto para el brutal populismo, lo que sí es una amenaza para Chile, por cuanto se funda en el abuso de la mentira que juega con las expectativas de las personas. Por otra parte, la alta burguesía capitalista global espera reponer a uno de sus servidores en el gobierno, lo que significaría el regreso de Boric. Esto se vería potenciado por la posible victoria de Bachelet en la ONU con el apoyo de las elites globalistas y China. Hasta ahora no hay alternativa razonable.
Finalmente, lo más preocupante es la política internacional del gobierno y su concepción geopolítica ante el imperialismo industrial decadente de EE.UU., la perversión del sionismo y su amenaza a la Patagonia, así como la locura belicista de la Unión Europea contra Rusia. En este sentido, Chile debe tener presente la protección de su población, creando una política nacional de abastecimiento estratégico y acuerdos de cooperación regionales, especialmente con Brasil así como con países vecinos y para-vecinales que puedan alinearse con nuestra política-estratégica.