Los costos de la correlación entre lucidez y justicia

En el cuento "Pabellón N° 6" del escritor y médico ruso Antón Chéjov, el director de un hospital psiquiátrico comienza a conversar regularmente con uno de los pacientes diagnosticado con sus facultades mentales severamente perturbadas. A medida que avanzan los diálogos, el facultativo descubre algo que comienza a desconcertarlo: aquel supuesto loco posee una inteligencia excepcional y una fuerza moral mucho más potente que la de quienes administran el propio hospital.

El personaje recluido en una inhóspita sala percibe abusos, arbitrariedades e hipocresías que el resto de la gente considera normales o simplemente no se percata de su gravedad. Mientras la sociedad se acostumbra al sufrimiento humano y lo administra burocráticamente, el paciente muestra una sorprendente comprensión de cómo funciona el universo y a la vez conserva intacta su creciente indignación frente a la injusticia. Poco a poco, el lector comienza a sospechar que el verdadero problema no sea la lucidez del paciente encerrado en el pabellón, sino la ceguera moral de lo que ya está instituido en todos sus ecosistemas.

Más de un siglo después de la publicación de ese cuento poco difundido en Chile, la pregunta insinuada por Chéjov sigue vigente: ¿Existe una relación entre lucidez y justicia? Probablemente sí.

Varios estudios científicos han demostrado una correlación positiva entre la inteligencia y el comportamiento prosocial(1). Incluso una investigación en jóvenes intelectualmente superdotados mostró que ellos tienen mayor desarrollo del juicio moral(2). Para algunos académicos, la explicación del porqué la sobresaliente lucidez y el fuerte sentido de justicia van de la mano, parece deberse a que una mayor inteligencia contribuye a una mayor sensibilidad emocional y a una mayor preocupación por los demás(3). En efecto, el desarrollo moral exige identificar, recoger y procesar la información relevante para entre otras operaciones complejas, secuenciar causas y efectos sobre variables sociales tales como la equidad y la justicia(4).

Así, mientras más lúcida sea una persona, mejor entiende la configuración espacio-temporal de los sistemas naturales y culturales, pudiendo modelar la dinámica de los engranajes que operan en distintos niveles y ámbitos. Percibe que la corrupción destruye confianzas, que la humillación genera violencia futura, que los privilegios alcanzados sin mérito terminan dañando incluso a quienes inicialmente parecen beneficiarse de ellos y que la inacción ante dicho deterioro sistémico es una inexcusable complicidad. Dicho de otro modo: la inteligencia avanzada permite constatar que muchas injusticias no solo son moralmente cuestionables, sino también estructuralmente torpes y perjudiciales para las partes y el todo.

Por supuesto, lucidez y justicia no siempre avanzan juntas. La historia está llena de personas extraordinariamente inteligentes que utilizaron sus capacidades intelectuales para causar males. Es que tal vez ellas no eran lo suficientemente inteligentes porque quien realmente lo es, también se percata que tiene la libertad para no caer en las redes de la injusticia. Es más, esa misma inteligencia es poder para combatir esos males.

Y allí reaparece Chéjov con una escena final tristemente perturbadora. En "Pabellón N° 6", el médico director del hospital después de comprender progresivamente la grandeza intelectual y moral del paciente internado, comienza también a mirar críticamente el funcionamiento del entorno que lo rodea, dándose cuenta de que él es una pieza más de la abominable, pero tolerada maquinaria corrupta. Empieza a cuestionar la brutalidad institucional y la pasividad individual, notando que posee una tremenda potencialidad para corregir lo que está a su alcance. Entonces ocurre algo devastador: sus propios colegas y subordinados lo acusan de haber perdido la razón y contra su voluntad lo internan en el mismo pabellón psiquiátrico.

Chéjov parece sugerir allí una idea inquietante: en varios contextos sociales, comprender demasiado la injusticia del sistema puede convertir al individuo lúcido en un peligro para la propia estructura a la que él pertenece.

Así como en el mencionado cuento de ficción los personajes lúcidos que luchan a favor de la justicia terminan encerrados en un pabellón destinado para dementes; en la vida real algunas personas con esas mismas valoradas cualidades terminan vilipendiadas ante el público, exoneradas de sus puestos de trabajo, perseguidas judicialmente e incluso asesinadas. Si en el cuento a esos individuos disruptivos se les califica de locos; en la vida real pueden etiquetarse como resentidos, delirantes o delincuentes.

Tal vez por eso en Chile se termina castigando precisamente a quienes mejor lo comprenden. Porque los individuos verdaderamente lúcidos no solo detectan y detestan la injusticia: también perciben sus consecuencias con una claridad amenazante para una sociedad que depende de ella. Ellos desmoronan narrativas, traban consensos y exponen contradicciones que otros preferirían mantener ocultas. Y quizás allí reside una de las tragedias más persistentes: cuanto más nítidamente alguien comprende las injusticias en el país, más propenso estará a que a la fuerza lo marginen a algún pabellón.

Referencias

(1) M. Elinder and O. Erixson, "An inquiry into the relationship between intelligence and prosocial behavior: Evidence from Swedish population registers," The Economic Journal, vol. 135, no. 668, pp. 1141–1166, May 2025, doi: 10.1093/ej/ueae105.
(2) W. P. Derryberry, T. Wilson, H. Snyder, T. Norman, and B. Barger, "Moral judgment developmental differences between gifted youth and college students," Journal of Secondary Gifted Education, vol. 17, no. 1, pp. 6–19, 2005, doi: 10.4219/jsge-2005-392.
(3) Q. Guo, P. Sun, M. Cai, X. Zhang, and K. Song, "Why are smarter individuals more prosocial? A study on the mediating roles of empathy and moral identity," Intelligence, vol. 75, pp. 1–8, 2019, doi: 10.1016/j.intell.2019.02.006.
(4) H. M. Beißert and M. Hasselhorn, "Individual differences in moral development: Does intelligence really affect children's moral reasoning and moral emotions?," Frontiers in Psychology, vol. 7, art. no. 1961, 2016, doi: 10.3389/fpsyg.2016.01961.