Sumar al mundo eléctrico, más Infraestructura para el desarrollo digital

Desde Arica a Puerto Montt, Chile tiene una columna vertebral, la ruta 5 norte-sur, de más de 3.000 kilómetros de largo. Por esta vía viajan camiones, buses, autos y datos.

Sí, datos, ya que a lo largo de ella las compañías proveedoras de transporte de datos han ido instalando, según el terreno lo permita, su infraestructura de transmisión, ya sea de forma aérea a través de postes o bien bajo tierra (soterrada).

Por estos cables de Fibra Óptica no solo viaja Internet (datos fijos o móviles), sino que también la voz de los teléfonos, gran parte de la televisión de pago que se ve en su hogar, la conexión de los cajeros automáticos, la operación de los bancos, hospitales y de muchos otros servicios que usamos a diario.

Sin embargo, la expresión de la naturaleza o la voluntad del hombre, han interrumpido esta carretera en varias ocasiones en los últimos años.

En marzo del 2015 un incendio al norte de Temuco cortó toda conexión hacia el sur y en abril del mismo año el aluvión vivido de Copiapó hacia el sur, dejó sin conexión a gran parte del norte del país hasta que se implementó un by pass desde Valparaíso hacia norte y que volvía a conectarse en Arica. 

El 29 de diciembre del 2017, por acción de terceros, se produjeron múltiples cortes de Fibra Óptica en el sur del país, manteniendo por varias horas sin comunicación a gran parte de la población de las regiones de Temuco, Valdivia y Puerto Montt.

Este es el problema de tener una sola columna y que se contrapone al concepto visual que conocemos de una red, se pierde el respaldo y la resiliencia de la infraestructura de Internet.

A partir de abril de 2017, dentro de los estudios del Plan Nacional de Infraestructura, la Subsecretaría de Telecomunicaciones junto con la Comisión Nacional de Energía comenzaron el trabajo para remediar esta situación al más corto plazo posible, y tomando experiencias de países OCDE, es que se visualizó el uso de la infraestructura de las empresas de transporte eléctrico como medio de transmisión e incorporarlos al mundo de los datos como operadores mayoristas.

En lo alto de las torres, esa que se reconocen popularmente como de “alta tensión”,  corre un cable de Fibra Óptica de 24 pelos que se utiliza para monitoreo y comunicación interna para estas empresas eléctricas, quedando con bastante capacidad disponible, y que con la configuración adecuada, se convierten en una red altamente distribuida, resiliente y de alta capacidad que va desde Visviri en el norte hasta el sur de la Isla de Chiloé y de Cordillera a Mar, cubriendo gran parte del territorio nacional y respondiendo a la gran demanda de infraestructura que Chile necesita para gestionar la gran consumo de datos de los ciudadanos y de las instituciones privadas y públicas.

Para que existe esta convergencia entre el mundo eléctrico y el de telecomunicaciones, la Subtel debe propiciar la creación de PIT (puntos de intercambio de tráfico) regionales-provinciales, con el fin que los operadores ya existentes y los nuevos se interconecten y transfieran datos entre sí, aumentando la capacidad nacional de transmisión completa, la competencia entre proveedores y la resiliencia de la red ante cortes en nuestra columna vertebral, generando un verdadero concepto de red.

A su vez, el ministerio de Energía debe avanzar en un nuevo modelo de tarificación donde la “empresa eficiente” contemple servicios adicionales como el de telecomunicaciones.

Este es el tipo de red que permitirá mover el volumen de datos que la minería, agricultura, transporte, logística, astrociencia necesitan.

Sólo los observatorios astronómicos actuales y nuevos de primer nivel que se construyen en el país mueven miles de Terabytes por día hacia datacenters que deben estar ubicados en el sur del país, en vez de tener que llevarlos a otros países para ser procesados por no tener como gestionar los datos dentro de Chile.

Esta habilitación de nuevos actores no solo promueve la competencia, sino que prepara a Chile con la visión que se debe tener en temas de capacidad e infraestructura para el año 2040, de forma seria y responsable, como una política pública de Estado con visión de futuro.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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