Presidenciables y descentralización

Hasta ahora la mayoría de los precandidatos (as) presidenciales -sólo cuando se les ha preguntado directamente- se han mostrado sensibles y favorables a atender las demandas de regiones y comunas. No obstante, han reducido sus propuestas de descentralización al fortalecimiento de la democracia regional, sin plantear efectivamente medidas de descentralización política y fiscal tendientes a aumentar la autonomía decisional de regiones y municipios.

Ante esta confusión, dos aspectos resultan esenciales.El primero es conocer efectivamente las propuestas de “descentralización”, y el segundo es la viabilidad de su aprobación en el parlamento e implementación en municipios y regiones.

Respecto a las propuestas, es sabido que las materias de ley que involucran reformas al centralismo son iniciativas del ejecutivo. Entonces vale la pena preguntarle a los (as) candidatos (as) o precandidatos (as), si existe sintonía entre lo que piensan y proponen en materia de descentralización y lo que piensan sus parlamentarios, o en este caso, los candidatos a parlamentarios de su partido o coalición.

Sería bueno conocer además de su postura individual, si los parlamentarios y líderes de sus partidos (o coalición) están disponibles para apoyar la elección directa de Intendente o Presidente Regional.

También se ha demostrado que una variable fundamental para garantizar el éxito de la descentralización (sobre todo política y fiscal) se refiere a las capacidades técnicas y humanas que son necesarias en los niveles subnacionales para implementar las atribuciones descentralizadas.

La realidad actual indica que muchos municipios poseen escasa capacidad técnica y poco recurso humano para formular y presentar proyectos al FNDR u otros fondos sectoriales. Suele pasar a menudo que “hay platas pero faltan proyectos”.

¿Están dispuestos los presidenciables a fortalecer capacidades y aumentar la responsabilidad en el gasto y en los ingresos a los municipios y gobiernos regionales?

¿Están dispuestos a revisar las demandas por nuevas regiones y circunscripciones en territorios demasiado extensos en el país?

¿Están dispuestos a impulsar una reforma democrática regional que permita que un porcentaje de los recursos del FNDR se puedan “decidir” mediante procesos de participación directa de la ciudadanía?

Otro factor determinante es la presencia de una cultura política (regional y municipal) proclive a la descentralización.

Es sabido que nuestro país es social y culturalmente centralista, aspecto que se ve reforzado por el estilo de decisión centralizado y “nacional” que le imprimen nuestros partidos políticos en su bajada a regiones.

La elite política regional, es decir, los que viven el centralismo político, casi siempre subordinan sus intereses a los intereses nacionales de sus partidos y no son contrapeso para ellos. Muchos parlamentarios surgen de esa lógica de “negociación”, y saben que la última palabra para definir su cupo siempre la tiene el comité central o nacional del partido (incluso ahora para participar en una primaria).

¿Existe alguna reforma al respecto? Si esperamos que los partidos se autorregulen, o se auto reformen para que se hagan más descentralizados e incorporen mecanismos donde se respeten las decisiones regionales, se nos pasaran otros 200 años de república centralista.

No nos veamos la suerte entre gitanos, quienes legislan son personas que en un 90% pertenecen a partidos políticos y forman parte de una cultura política partidaria centralista que muchas veces resulta determinante a la hora de impulsar, promover o apoyar proyectos que implican precisamente la pérdida del poder que gozan.

De reducir la discusión y las propuestas de descentralización sólo a elecciones regionales y a mayores traspasos de recursos a municipios y regiones sin transferencia de autonomía política, -tal cual se ha hecho hasta ahora-, lo más probable es que se repetirá la tónica de elecciones pasadas.

En ellas, todos los candidatos (as) presidenciales asumieron compromisos en materia de descentralización y finalmente terminaron promoviendo “desconcentración de funciones”: la administración se descentraliza, pero el poder no. Sin ir más lejos, recordemos que el presidente Sebastián Piñera el año 2010 en su cuenta pública, prometió una revolución en materia de descentralización.

Dado que los proyectos de ley en esta materia son engorrosos, complejos, y en 20 años se ha avanzado muy poco, es hora de pedir algo más de claridad y precisión a nuestros pre candidatos (as).

Los problemas de regiones y municipios sólo en parte se deben a la falta de recursos, de eficiencia y eficacia de la gestión, la gran deuda sigue siendo la falta de autonomía y poder político para que efectivamente Chile pueda tener “gobierno regional” y “gobierno local”.

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