Nuevamente el Ministerio de las Culturas, las Artes y Patrimonio sale a la palestra, esta vez por la designación como miembro del directorio del Centro Cultural La Moneda de la historiadora Patricia Arancibia Clavel. El diputado socialista Juan Santana anunció que oficiará a la cartera de Francisco Undurraga, ya que, argumenta en X, la escritora "[...] reivindica públicamente la dictadura, fue miembro de Patria y Libertad y ha sostenido que el Golpe era inevitable"; sin mencionar los reiterados comentarios en redes sociales a otras enunciaciones de la académica, así como la porfiada y maliciosa asociación con la vida de Enrique, su hermano.
Ninguno de esas objeciones es una justa razón para impedir el rol que un integrante del directorio tiene respecto del Centro Cultural. Vamos punto por punto.
La posición de la historiadora respecto al quiebre institucional de 1973 merece una revisión profunda. La "inevitabilidad" del golpe de Estado es una tesis historiográfica que ya sostenía tempranamente Gonzalo Vial Correa -maestro de Patricia Arancibia-, y que varios investigadores del arte de Clío adscribimos. Existió un momento de "no retorno" donde no se veían salidas democráticas posibles por la sociedad en general y, claro, tampoco por los actores políticos de la época, y que puede encontrarse en fuentes bastante socializadas y lejanas al espectro político de las derechas, tales como el discurso de Patricio Aylwin al Senado el 11 de julio de 1973, o la carta de Eduardo Frei Montalva a Mariano Rumor fechada el 8 de noviembre de 1973, solo por dar un par de ejemplos.
Que la historiadora militó en la agrupación Patria y Libertad no es algo que siquiera ella esconda, pero el ejercicio histórico exige seguir toda su trayectoria vital tanto política como intelectual. Así, entrevistada por revista Cosas en 2003 (5 de septiembre, pp. 106-109), ya mencionaba su evolución: "Yo ya dejé de ser la niñita nacionalista de Patria Libertad, que creía en el poder del Estado. He ido madurando como todo el mundo". Idea que reiteró en 2006 para la misma revista (Cosas n. 778, del 21 de julio de 2006, pp. 122-124), donde profundiza su relato al señalar que sería atraída a ideas liberales, donde hoy se siente afín.
Ese pasado, considerando su recorrido, no debería siquiera ser esgrimido como un argumento para cuestionar su nombramiento. Hay ejemplos ambos lados del espectro político, pero no suele juzgárselos con el mismo parámetro. Basta recordar que Jorge Arrate, militante del MIR en su juventud -movimiento armado que descartó la "vía pacífica" al socialismo-, desempeñó el cargo de ministro de Estado en dos ocasiones, siendo la primera vez nada menos que de la cartera de Educación, donde se encuentran los cimientos de lo que sería más tarde el propio Ministerio de las Culturas.
Yendo un paso más allá del alegato del diputado, en redes sociales algunos creadores de contenidos han viralizado una cuña -a través de una imagen que subió la propia Patricia Arancibia Clavel a su repositorio público personal-, cuyo titular del periódico The Clinic dice: "Los derechos humanos tienen cero valor histórico" (20 de abril de 2007). La frase, si bien se desarrolla en la entrevista, no busca despreciar los horribles crímenes ocurridos durante el régimen militar, sino plantear una perspectiva historiográfica que, finalmente, no fue acertada: que para la percepción ciudadana del pasado, el desarrollo económico provocado por el gobierno de Augusto Pinochet sería más preponderante que los delitos contra los derechos humanos. Esta idea, vale mencionar, era una creencia extendida en los sectores de derechas.
Lo cierto es que, a 50 años del 11 de septiembre, en la encuesta CERC-MORI "Chile a la sobre de Pinochet" (2023), la visión sobre que el desarrollo económico del país se debió al régimen militar, si bien mayoritaria (32%), no logra alejarse demasiado de la propuesta de que el país se habría desarrollado más si éste no hubiese ocurrido (30%). Quizás la pregunta de la encuesta sobre "cómo pasará a la Historia el general Pinochet como gobernante" es más evidente: que será recordado como un dictador es en absoluto más mayoritario que la opción de "el hombre que impulsó y modernizó la economía".
Ciertamente el análisis y pronóstico que sostuvo la historiadora hace casi dos décadas erró, pero es importante entender que las percepciones sociales son en sí mismas contingentes, y nunca están escritas en piedras. La misma encuesta aquí citada sostiene que sobre el 11 de septiembre la significación en la población de que "destruyó la democracia" bajó a un histórico 42%, mientras que la opción de "liberó del marxismo" a Chile aumentó a 36%. No obstante, este es el mínimo de rigor y comprensión que debió sostenerse, y no quedarse con el titular para buscar desinformar.
De todas maneras, invito a leer la entrevista a la académica en La Segunda (15 de junio del 2023) -muchísimo más reciente que la cuña circulante-, donde le vuelven a preguntar sobre derechos humanos, a lo que Patricia Arancibia responde: "Jamás he negado las violaciones a los derechos humanos. Sé que fue un gobierno autoritario, que violó los derechos humanos y que fue mucho más largo de lo que debió haber sido". En seguida sostiene: "No soy una persona que admire al general Pinochet"; cuña que, imagino, no circulará con el mismo nivel de conocimiento.
No me detendré más allá en la bajeza moral de citar el caso del hermano de la historiadora por parte de algunas voces en redes sociales para atacarla a ella. No merece ni resiste mayor análisis.
Con todo, creo que la pregunta correcta en este caso es ¿qué credenciales tiene entonces Patricia Arancibia Clavel para hacerse parte de este directorio? Quienes hemos asumido el siempre complejo y candente camino de estudiar la historia reciente y presente del país, sabemos el valor del Centro de Información y Documentación de la Universidad Finis Terrae, y el rol que cumplió la historiadora en su creación y difusión en su primer momento, logrando una colección de metrajes de entrevista que ella misma realizó a personajes protagonistas de este período. Sin mencionar su labor en la historia pública a través de su programa "Cita con la Historia" (2002), emitido por televisión y que ha sido retomado en 2023 por El Líbero.
La batalla de la memoria sigue disputándose en la trinchera de la historia. Cuando se busca expulsar del servicio público a talentos y trayectorias vitales que cumplen con el perfil por el solo hecho de no pensar como estos grupos inquisitivos, se puede evidenciar cómo la cultura de la cancelación es un arma que daña irreparablemente la democracia que dice defender.