El verano que viene se prepara hoy

Mientras Chile transita su invierno, el Hemisferio Norte vive una de las peores temporadas de incendios forestales de las que se tenga registro. A mediados de agosto, el sistema europeo Copernicus contabilizaba más de 550 mil hectáreas quemadas en la Unión Europea, más de la mitad de ellas en España, que supera las 265 mil; Francia, en tanto, rompió su récord histórico anual cuando aún le queda temporada por delante. Al otro lado del Atlántico, Canadá supera los cuatro millones de hectáreas arrasadas y Estados Unidos se acerca a los tres, ambos operando en su nivel máximo de preparación nacional y con sus reservas operativas agotadas. Y son cifras que siguen aumentando cada semana.

Detrás de esos números hay historias humanas. El incendio de Los Gallardos, en Almería, sur de España, dejó una decena de víctimas fatales y decenas de desaparecidos, con imágenes dolorosamente familiares para nosotros: viviendas dispersas entre la vegetación, quebradas que canalizaron el fuego, familias atrapadas en rutas que creyeron seguras. Cambien los nombres de los pueblos y podría ser Santa Olga en 2017, o los cerros de Viña del Mar y Quilpué en 2024. Cada vez más chilenos y chilenas viven en esa misma interfaz entre lo urbano y lo forestal, muchas veces sin saber que habitan una zona de riesgo.

De esta temporada boreal se desprenden tres lecciones que no podemos darnos el lujo de ignorar.

La primera es que la mortalidad no ocurre en el bosque: ocurre en el camino. En Portugal, en Grecia y ahora en España, la mayoría de las víctimas murió intentando huir por rutas que el fuego cortó en minutos. Planificar, señalizar y ensayar las evacuaciones salva más vidas que cualquier avión cisterna.

La segunda es que, cuando todos los sistemas se saturan al mismo tiempo, el auxilio externo escasea. La crisis del norte ha obligado a una movilización internacional sin precedentes, y esa señal nos obliga a planificar nuestra temporada suponiendo que deberemos resolver con capacidades propias, anticipando además la disponibilidad de los medios aéreos que llegarán a nuestro verano tras meses de exigencia extrema.

La tercera es que la prevención sigue siendo la inversión más rentable que puede hacer un Estado: cada peso destinado a la gestión preventiva del territorio evita cerca de cuatro en pérdidas. Los cortafuegos, el manejo del combustible vegetal y la preparación comunitaria cuestan una fracción de lo que cuesta reconstruir un barrio.

Chile se prepara hoy para la temporada 2026-2027, con una institucionalidad que se fortalecerá con la puesta en marcha del Servicio Nacional Forestal. Pero ninguna institucionalidad reemplaza lo que esta temporada nos recuerda con dureza: el fuego se combate en verano, pero se previene todo el año. Cuando la autoridad indique evacuar, hay que hacerlo por la ruta señalada; cuando el municipio convoque a limpiar el entorno de las viviendas, hay que responder; cuando veamos una columna de humo, hay que llamar de inmediato al 130.

El Hemisferio Norte está pagando hoy un precio altísimo. En dos meses será nuestro turno. Que su experiencia, como antes la nuestra, no sea en vano.