Para superar la pobreza se requieren vínculos

Hay una pregunta que atraviesa la Cartografía Social de Chile 2025: ¿Qué ocurre con una sociedad cuando sus vínculos se debilitan? El libro, construido a partir de experiencias y aprendizajes de organizaciones que trabajan directamente en los territorios, muestra algo que conocemos bien quienes estamos en terreno: la pobreza no es solamente falta de ingresos, vivienda, educación o empleo. También puede ser aislamiento, desconfianza, soledad y pérdida de pertenencia.

Por eso, hablar hoy de pobreza exige mirar también el tejido social. Una persona puede acceder a un beneficio y, sin embargo, seguir sintiéndose sola. Una familia puede recibir una solución habitacional y perder las redes que durante años le permitieron cuidar a sus hijos. Un joven puede volver a una escuela y abandonarla nuevamente si no encuentra a alguien que lo escuche y lo acompañe. No es posible ejercer los derechos sociales sino existen vínculos que permitan sostenerlos en el tiempo.

Esta constatación conversa profundamente con la estrategia social que Hogar de Cristo viene desarrollando. Estamos convencidos de que para enfrentar la pobreza hay que estar donde las personas viven, ser cercanas a sus realidades. Por eso hemos fortalecido el trabajo domiciliario, ambulatorio y comunitario, acercándonos y enredándonos en los barrios, trabajando entre las personas, las familias, las organizaciones y tejiendo redes.

No se trata simplemente de llevar una prestación hasta un territorio. Se trata de conocerlo, escuchar a quienes lo habitan y reconocer sus capacidades. De identificar a los liderazgos, conectar recursos, recuperar confianzas y abrir espacios para que las propias comunidades puedan participar en las decisiones que afectan sus vidas. La "Cartografía Social" nos confirma que allí hay una dimensión fundamental de la inclusión.

En el Hogar de Cristo sabemos que no podemos reconstruir solos ese tejido. El Estado tiene la responsabilidad irrenunciable de garantizar derechos y políticas públicas de calidad. Las organizaciones sociales aportamos conocimiento territorial, experiencia y capacidad de articulación. Y las comunidades tienen algo que ninguna institución puede reemplazar: la experiencia de vivir cotidianamente en un lugar, conocer sus problemas, sus recursos y una esperanza indestructible por mejorar.

Trabajar en terreno, entonces, no es una manera más de entregar servicios. Es una definición sobre cómo entendemos la superación de la pobreza. Significa dejar de mirar a las personas solamente desde sus carencias y reconocerlas como protagonistas, con capacidades, vínculos e historias que pueden movilizarse para transformar su realidad.

La Cartografía Social de Chile 2025 nos invita a reconstruir el vínculo y la convivencia. Nuestra experiencia nos dice que esa reconstrucción no ocurre desde lejos. Ocurre conversando en una sede vecinal, acompañando a una persona en su casa, caminando un barrio, apoyando a un dirigente, conectando a un vecino con otro.

El tejido social no se recupera con discursos. Se reconstruye estando ahí, junto a las personas, y volviendo a confiar en la capacidad que tienen las comunidades para transformar sus propias vidas.