Decir amigo, es decir Joan Manuel Serrat

La música siempre ha sido para mí una fuente inagotable de compañía y de emoción.Buenos y malos momentos, alegres o tristes instantes fueron edulcorados en compañía de la creación musical de personas a las que nunca podré encontrar una manera suficiente de agradecerles su arte. Sin embargo estoy aquí intentando agradecer a una de esas personas: el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.

Mi padre solía decirme que Serrat no tenía una gran voz. Y eventualmente puedo estar de acuerdo en ello aunque seguramente esto es lo de menos pues lo que tenía – y aún tiene - que decir Serrat era y es con mucho algo extraordinariamente superior a sus dotes interpretativas. Su mensaje de vida, el enfoque de sus sueños y los de otros, la poesía de muchos, la solidaridad, el lenguaje, la ironía, el compromiso y la opinión eran las de alguien que siempre me dejó más de algo para meditar.

Recurro obviamente a las letras de sus canciones para ejemplificar adecuadamente el punto anterior.En “Sinceramente tuyo” (parte del álbum “Cada Loco Con Su Tema”) nos mostraba con un cierto énfasis lírico que en las relaciones de pareja no había que fingir ser alguien que no éramos (“ir por tu vida de visita vestido para la ocasión”).

En “Juan y José” (del álbum “Utopía”) nos relataba sobre la verdadera amistad a través de la historia de dos grandes amigos separados por las circunstancias de la vida y su reencuentro (“Qué cosas Juan, tanto rodar y estamos otra vez en donde lo dejamos”.

En “Sería Fantástico” (del disco en vivo “En Directo”) nos habla con bastante desazón sobre las injusticias de la vida cotidiana y de cómo sería posible repararlas (“sería fantástico que ganase el mejor y que la fuerza no fuese la razón”).

En “Arena y Limo” (del álbum “Para Vivir”) Serrat realiza una plegaria a la muerte de la naturaleza aplastada por el progreso (“En su vientre han sembrado hierros y cosechan piedras”).

En “Mi niñez” (del disco homónimo) nos relataba con ensoñación una parte de su infancia muy común con la mayor parte de nuestra propia niñez (“tenía diez años y un gato.Peludo, funámbulo y necio. Que me esperaba en los alambres del patio, a la vuelta del colegio”).

En “El carrusel del furo” (del extendido “Para piel de manzana”) nos invita precisamente a volver a ser niños otra vez (“siga la senda de los niños y el perfume a churro. Que en una nube de algodón dulce le espera el furo”). En “Barquito de papel” (del muy exitoso Long Play “Mediterráneo”) hay un abrazo reconocible una vez más hacia el mundo infantil (“cuando el canal era un río, cuando el estanque era el mar y navegar, era jugar con el viento, era una sonrisa a tiempo”)

Ninguna canción dejada al azar. Ningún texto que no nos contara algo de nosotros mismos. Ninguna palabra que no nos invitara a construir nuestras propias palabras.

Hay ciertamente canciones más duras y de una vigencia lamentablemente imperecedera.En “Utopía” (álbum homónimo de 1992) la canción que da origen al nombre del disco es una elaboración de ideas a partir de la caída del Muro de Berlín y del cómo los sueños de un mundo mejor se han ido perdiendo por culpa de aquéllos que, refiriéndose a la misma Utopía, “al no poder seguir su paso la traicionaron” y que hoy son “funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden” y “partidarios de capar al cochino para que engorde”.

En “Pare” (padre en catalán) señala “usted nos dice padre que si hay pinos hay piñones, que si hay flores hay abejas, y cera, y miel. Pero el campo ya no es ese campo. Alguien anda pintando el cielo de rojo y anunciando lluvia de sangre”.

En “Niño silvestre” manifiesta su preocupación por los niños del mundo particularmente inspirado en los tristemente célebres “escuadrones de la muerte” de Brasil cuando nos relata sobre aquel “niño silvestre, lustrabotas y ratero” quien “se vende a piezas o entero como onza de chocolate” y que“ronda la calle mientras el día la ronde, que por la noche se esconde para que no le maten”.

En “Algo personal” nos advierte con claridad sobre los “hombres de paja que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones. Tienen doble vida son sicarios del mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal”. Esta última adecuadamente puesta al día en su concierto del miércoles pasado en Santiago con alusiones a quienes tienen por único dios el dinero.

Nunca queda de lado la sátira “que me llevo bien con las autoridades, jamás les llamo por nombres soeces, yo les consiento sus barbaridades y ellos se ocupan de mis intereses” (en “Yo me manejo bien con todo el mundo”) o también en las letras de “Disculpe el señor” cuando señala “¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise si tienen en regla sus papeles de pobre? ¿O mejor les digo como el señor dice Bien Me Quieres. Bien Te Quiero. No Me Toques el dinero”.

Ni hablar del camino al conocimiento que sus interpretaciones para poemas de Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti y Mario Benedetti nos legaron. ¿Cuántos de ustedes amigos y amigas siguieron buscando saber de estos poetas sólo porque les oyeron en boca de Serrat?“He andado muchos caminos”, “Elegía”, “Se equivocó la paloma” y “El sur también existe” son, sólo por nombrar unos pocos, sello inolvidable del inicio del aprendizaje de esos y otros grandes señores de la poesía que nos obsequiara la música de nuestro homenajeado.

Lo anterior es, por supuesto, sólo un esbozo de lo que me dejó la lírica de las canciones del cantautor nacido en Barcelona un 27 de diciembre de 1943 y que por estos días ha celebrado 50 años de carrera artística con nosotros. Usted seguramente tendrá sus propias canciones que le resulten importantes en la carrera de Joan Manuel Serrat.Imposible (tal vez debiéramos decir afortunadamente imposible) resumir ese medio siglo en una pincelada de pocas líneas.

Pero el cavilar de Serrat siempre ha ido mucho más allá de sus canciones. En los años ochenta escuché en una entrevista realizada en Radio Cooperativa mientras el catalán estaba en Argentina acerca de su concepto de las vocaciones en la vida. De “cómo saber lo que hay que hacer para ser feliz dado que tú pareces serlo plenamente” se le preguntaba. Su respuesta no podía ser más esclarecedora: “mire usted” (desafiaba un tanto molesto Serrat) “yo no creo en eso de las vocaciones. En realidad yo nunca he sabido lo que tengo que hacer en la vida ni creo que nadie realmente lo sepa. Pero creo que lo que sí he sabido es lo que NO tengo que hacer”.

Para Serrat siempre era necesario ser enfático y “llamar a las cosas por su nombre” (tal como lo dijera en “Sería fantástico”). Y también tal como cuando a principios de los años setenta entrevistado por un canal de televisión en su visita a Chile se le consultó “por esa hermosa canción de amor llamada “Poco antes de que den las diez”. Su molestia fue total al responder con firmeza “usted no ha entendido nada. No hay tal canción de amor sino una ironía sobre la apariencia moralista de los españoles que creen que con llegar a las diez todo está bien”.

Tampoco dejaba de lado los juegos de palabras. Prohibido su ingreso a Chile durante la Dictadura Militar se le preguntó cuándo creía que podría regresar a Chile sabiendo que era el mismo Pinochet quien había solicitado su prohibición de ingreso señalando ante esto que “a mí me gustaría volver lo antes posible pero asimismo quisiera mucho que mi retorno coincidiese con la despedida del General”.

En este mismo contexto y llegado el momento del retorno a la democracia fue recibido en La Moneda por el Presidente Patricio Aylwin quien le señaló como primer saludo “por fin está usted aquí” a lo que Serrat respondió con toda tranquilidad y no menos alegría “estoy aquí porque por fin está usted aquí”.

Inevitable me es tomarme una licencia al escribir esta nota. Serrat sin saberlo ha construido alguna buena parte de lo que me ha permitido plantearme como persona ante la vida. Su forma de enfrentar el mundo, las adversidades, los despojos y la arbitrariedad son algo que intento poner en práctica (reconozco que no siempre con demasiada suerte).

Y de la misma manera que sin duda él lo hizo frente a tantas injusticias me permito con enorme aprecio cuestionar su aproximación, hasta ahora sólo levemente demostrada acompañando a algunos amigos y en algunos breves trazos de su historia, al mundo de la tauromaquia.

Espero que un buen día nuestro querido Joan Manuel nos diga con tanto énfasis como lo ha hecho con otros temas que este asunto para él merece cuestionamientos y que se hace necesario el fin del maltrato a seres inocentes. Solo a un amigo yo sería capaz de decirle esto sin ambages porque esto es lo que creo que él es para muchos de nosotros. Dicho con enorme cariño pero con la misma energía que nos enseñaste a tener apreciadísimo Joan Manuel.

Intento evitar los lugares comunes al cerrar estas líneas. Sólo agradecer una vez más las palabras que se hacen canción y que se quedan con nosotros. Del conocimiento que abre una frase y del convencimiento que se logra con una idea abrazada en forma de música.

De la nostalgia y la alegría armadas aún frente al abuso del poder. De las múltiples formas que puede tomar el concepto del amor cuando se esboza con adecuada textura. Todo ello y muchísimo más es lo que en lo personal debo agradecerle a Joan Manuel Serrat. Gracias por venir a vernos una vez más. Larga vida y mucha salud a ti y a tu oficio.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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