La noticia del fallecimiento de Ana González de Recabarren llena de dolor a quienes vimos en ella un ejemplo de vida. A pesar del hecho que la tragedia de la desaparición forzada en manos de la DINA de su marido, Manuel Recabarren, de dos de sus hijos, Luis Emilio y Manuel, y su nuera Nalvia Mena, ella fue siempre una luz generosa e inspiradora.
Nortina, tocopillana, militante del Partido Comunista desde muy joven, se incorporó a la Agrupación de familiares de Detenidos Desaparecidos en 1976 convirtiéndose, junto a Sola Sierra y Viviana Díaz, en una de sus figuras emblemáticas.
A pesar del dolor y la tragedia que embargó su existencia, nunca se quejaba, prefería mostrarse alegre, coqueta, sorprendiendo siempre con su sentido del humor y su atrevimiento, subiendo a los escenarios ataviada con sus ropajes característicos, recibiendo el cariño de los muchos jóvenes que la sentían tan cerca, tan auténtica, tan respetable, tan única que era imposible no sentir una honda cercanía con su tormento y admirar la nobleza con que enfrentó sus días.
Echaremos de menos a esta mujer hermosa, valiente, digna, que no se doblegó al odio y cuya lección fue su dignidad incorruptible.