La banalidad del mal: la salud como terror

Leonor nació hace muchos años. No sé cuantos. Nació en el momento justo en que sus padres Norma y Víctor decidieron traerla a este mundo. Nació en el corazón de mi amiga que tibiecito le fue arropando y cantando. Se demoró bastante en nacer. Muchísimo. Mi amiga y su pareja, como muchísimas parejas más en este país injusto debieron buscarla por cielo, mar y tierra con altísimos costos de tratamientos que no se sabía si funcionarían. Son dos jóvenes profesionales que no pertenecen a ninguna familia de renombre, que trabajan para vivir. Pero Leonor estaba en su corazón y tenían que traerla.

La noticia llegó como una primavera después de años de invierno. Mi amiga estaba feliz y nosotros que la queremos, feliz con ellos. Pasaron los meses.

De pronto en los controles se empezó a notar algo raro. Pérdida de líquido amniótico, licencia. Mi amiga cada vez más nerviosa. No se sabía por qué. Más licencias, exámenes. Es necesario sacar a Leonor ahora ya.

Mi amiga tiene plan en una clínica santiaguina privada, de esas que quedan al costado del río, pero no hay cama. Nadie le explica, nadie le ayuda, su Isapre es un fantasma que solo sabe recibir plata. Se va a otra clínica, una más arriba.  Le saldrá un ojo de la cara, pero Leonor se merece lo mejor, después veremos cómo se paga.

El doctor explica en la clínica que Leonor viene con una insuficiencia cardiaca. La clínica le responde, que solo recibirán a Leonor siempre y cuando la insuficiencia fuera funcional y no atribuible a una malformación porque o si no sería AUGE. Es una amenaza velada. Si es morfológico al doctor no lo dejarían entrar nunca más a operar a esa afamada clínica. “Me da lo mismo, mijita, si no me dejan entrar a operar más. Total, ya estoy viejo”.

Leonor nace en una cesárea de emergencia. Nuestra niñita nace con muchísimos problemas, todos ellos atribuibles a una trisomía 13. No es mucho lo que hay que hacer si no esperar que la muerte se la lleve dulcemente tal como la vida la trajo. Todo es una maraña para mi amiga. Una gran pesadilla. Abraza a su hija, la ama con todo el amor del mundo. Leonor nos deja. Su cuerpito tibio es abrazado por mi amiga mientras la funeraria llega. Hay que dejarla en el ataúd. Leonor está envuelta en una manta de la Clínica cuica aria S.A. También lleva un gorrito institucional.

Mi amiga dulcemente acuesta a su bebé en el féretro. Porque aunque esté muerta uno siempre quiere que su guagua esté calentita, me dice. La enfermera le indica que no puede llevarse la manta. ¿Y el gorro?, pregunta mi amiga. El gorro sí. Mi amiga está en un shock gigantesco: ahora recuerda ese diálogo como si hubieran pasado siglos. Todavía no puede entenderlo. ¿Le costaba mucho a la clínica representada en esa enfermera dejar que Leonor se fuera abrigada en esa manta?

Leonor es incinerada igual que su abuelo, Don Leo, el padre de mi amiga que murió hace unos meses.

Mi amiga está en su casa, se refugia en su hijito Santiago, juntos con su pareja lloran y tratan de que la vida pueda volver. Llaman por teléfono de la clínica a las 10:00 am. señora Norma, su cuenta está lista para ser pagada.

Llaman por teléfono tres horas más tarde. Señora Norma, su cuenta está lista para ser pagada.

Señor cobrador, ¿sabe usted que Leonor se nos fue? ¿Sabe usted que no es un auto lo que vamos a ir a pagar si no la propia muerte de nuestra hija?

En la clínica la administrativa le informa que son dos cuentas, una por usted y otra por el nacimiento de su guagua. Eso sí tiene que pagar el total de la cuenta, porque como usted no tomó la clínica con la que su Isapre tiene plan preferencial, la Isapre no cubre. El tono al decir nacimiento es de felicidad.

Mi hija está muerta

¿No está escrito en ninguno de sus malditos sistemas que la persona que tienen delante acaba de perder a su hija? La cuenta es de 4 millones. Puede pagarlo hasta en 60 días.

¿Sesenta días?

También puede pagarlo con su tarjeta de crédito dependiendo de las cuotas que tenga pactada con su banco.

Luego que vuelve a su casa la vuelven a llamar. Señora Norma, su cuenta está lista para ser pagada.

Norma y Víctor apelan en la superintendencia de Isapre. Ingresan el reclamo en diciembre 2014. Recién en abril 2015 se falla a favor de ellos. La isapre deberá pagar. Un pequeño triunfo. Porque todos estos meses la clínica ha llamado cobrando la cuenta total y ellos han debido explicar una y otra vez. Incluso después del fallo, la clínica seguía insistiendo en el cobro, porque no les había llegado “la resolución”.

A mi amiga le dan licencia psiquiátrica. La Isapre de la abeja se las rechaza una y otra vez.En uno de los trámites de apelación además le dicen que tiene una deuda con la Isapre debido a que no han desafiliado a su hija muerta. Norma debe ir y alegar ante la funcionaria que el mismo día de la muerte, no sabe muy bien cómo, desafilió a Leonor. La Isapre se demora un rato en regular el cuento. No le pide perdón obviamente. Todo se hace en el silencio de los computadores. Mismos computadores que siguen rechazando sus licencias. Con 15 días usted ya debería estar bien declara la perito de la Isapre.

Se tortura a mi amiga. Se le tortura a ella y a su familia. Se le maltrata. Se vulneran sus derechos más esenciales. ¿Dónde están los pro-vida cuando esto sucede en nuestro país? ¿Cuántas veces sucede esto en la salud privada y en la pública? ¿Quién nos defiende de todo esto? La cínica aria podría pedir perdón a través de alguna relacionadora pública. En el mejor de los casos, dirían que ahora incorporarán un nuevo protocolo de trato. Como si esto se tratara de hacer más eficiente la producción de máquinas de coser. Lo mismo podía hacer la Isapre.

El directivo que amenazó al médico. La enfermera. El cobrador telefónico. La administrativa de la clínica, la administrativa de la Isapre, la perita psiquiatra. Puros funcionarios de una máquina de muerte. Estarán haciendo su trabajo, dirán. Igual que Eichmann hacía su trabajo en los campos de concentración alemanes. La banalidad del mal. Todos hiriendo, dañando y recibiendo su sueldo a cambio.

La deshumanización de la salud. La falta de cariño, la cosificación de todo es una de las consecuencias más desastrosas de haber convertido a la vida en un bien de consumo.

Los derechos humanos no dejaron de vulnerarse en democracia, ahora se tortura de otro modo. Se vulnera día a día con la venia de todos nosotros. Se tortura psicológicamente, se amenaza, se excluye. Se patea el dolor cuando uno ya está en el suelo. Y nada parece importar.

Yo te pido perdón, Norma. Te pido perdón a ti por todo el daño que se te ha hecho.Y quisiera que todos esos pagaran con cárcel.

Perdónanos Leonor.

Este país sigue operando así porque hay muchos dispuestos a recibir su sueldo.

Desde Facebook:

Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado

Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
Columnas recientes
Columnistas