Cadenas migratorias y remesas

Una de las características de la llegada de extranjeros son las cadenas migratorias. Los iniciadores del traslado a otro país son personas o grupos pequeños que vienen como “adelantados”, en la búsqueda de trabajo y la exploración de las posibilidades de inserción en la sociedad de destino. Una vez comprobada la aceptación y haber generado una fuente de ingreso relativamente estable, es posible financiar mediante remesas de fondos al exterior la subsistencia del resto de la familia  que permanece en su lugar de origen y su traslado a Chile.

En los últimos años existen diferencias significativas entre las remesas recibidas en Chile y aquellas enviadas al exterior. Según el Banco Central, en 2006 se recibieron US$ 238 millones, mientras se enviaron US$ 121 millones.

Por su parte, en 2018 los recursos ingresados crecieron en forma estable hasta US$ 463 millones, un 95% en 12 años. Los montos remesados al exterior tuvieron una expansión explosiva al sumar US$ 1.520 millones, concentrados en el trienio 2016-2018.

La composición por nacionalidades de las entradas y salidas de recursos tiene interés. Las remesas recibidas en Chile están encabezadas por Estados Unidos en forma permanente, desde el 38,8% del total en 2006 hasta el 30,2% en 2018, principalmente por aspectos financieros. El resto de las transferencias está muy disperso por países.

En las remesas enviadas al exterior, en 2006 los montos estuvieron encabezados por Perú, que concentró el 32,9% del monto total, seguido por Argentina (15,6%), Estados Unidos (7,6%) y Ecuador (6,4%).

En 2018 aparece Colombia (25,9%), Perú (23,1%), Haití (16,6%) y Bolivia (7,4%). En esta estadística no aparecen los destinados a Venezuela, pues las distorsiones en el mercado cambiario oficial llevan las transferencias al mercado paralelo.

Los efectos de las remesas sobre las políticas macroeconómicas del país no son demasiado importantes. Los recursos recibidos han tenido un incremento estable y no afectan en forma apreciable la oferta de divisas.

Por su parte, los envíos al exterior aumentaron con mayor rapidez hasta 2015 y en el trienio 2016-2018 el incremento ha sido explosivo, hasta más que triplicarse sumando US$ 1.520 millones. A pesar de su magnitud, no inciden en forma peligrosa en el mercado cambiario ni en el equilibrio de la Balanza de Pagos, aunque reducen el consumo potencial.

Si bien la última CASEN mostró que el promedio del ingreso de los inmigrantes era mayor que el de los chilenos, el estudio de la pobreza multidimensional registró que los extranjeros tenían carencias que reflejaban la insuficiencia de su integración a nuestra sociedad. Uno de los aspectos más claros está en el ámbito financiero, como lo vienen reflejando los escasos estudios sobre la materia (Jara; Lafortune y Tessada; y del Real y Fuentes).

El caso de las remesas permite verificar algunas características del proceso de inmigración, como la existencia de las cadenas migratorias.

Los inmigrantes de arribo más reciente al país tienen una mayor conexión con su origen que aquellos con mayor permanencia en Chile, tanto en los montos enviados como su frecuencia cuando se compara a personas con similar ingreso.  En promedio, cerca del 70% de los inmigrantes lo hace a lo menos mensualmente.

Según el estudio de Jara, las remesa son enviadas para gastos generales de la familia y los recibe principalmente la madre a cargo del grupo y constituye una ayuda importante para los residentes. Los montos tenían un valor promedio del orden de US$ 232, suma que era independiente del género y antigüedad del inmigrante.

La encuesta CADEM ofrece algunos datos de interés sobre la integración financiera. Las nacionalidades que envían más de $100.000 mensuales a sus familias estaban encabezadas por peruanos y colombianos, mientras el 30% de los consultados expresó que no enviaban “nada”. Ambas cifras reflejaban que el proceso de asentamiento estaba en plena ejecución y las cadenas migratorias empezaban a llegar a su término.

Este fenómeno permite pronosticar que la inmigración masiva ocurrida en Chile en los últimos decenios no se detendrá y continuará por varios lustros.

De los instrumentos financieros utilizados en el país, el 77% de los inmigrantes dijeron que tenían Cuenta RUT, especialmente los peruanos y venezolanos, muy similar al de los chilenos, en que alcanza al 80%. La disponibilidad de cuenta corriente llegaba al 38%, superior al 35% de los chilenos, mientras el uso de tarjetas de crédito de grandes tiendas (54%) y bancarias (44%), también superaba a los usos de los criollos.

Lafortune y Tessada afirman que “tener una cuenta bancaria en Chile está correlacionada con el tiempo de estadía en el país y con el tipo de visa que se posee”.

Las agencias de valores concentran el envío de remesas, ya que presentan una serie de ventajas para operar.

a) Breves tiempos para recibir y pagar los fondos en el origen y destino;

b) Simplicidad;

c) Tarifas más convenientes;

d) Menores requisitos para efectuar la transferencia. Este último factor puede ser el decisivo, pues solo piden la identificación del inmigrante, mientras un banco busca tener clientes más permanentes y exigen la estadía legal del interesado, en una población donde la mitad está indocumentada o carece de otros antecedentes.

Solamente el BancoEstado ha logrado atraer una clientela numerosa de inmigrantes, gracias a varios factores como su reconocimiento como un banco popular; la disponibilidad de instrumentos financieros de uso masivo como la Cuenta RUT y su trabajo prioritario con las microempresas, que es la estructura legal privilegiada por quienes se inician en la actividad emprendedora propia de los inmigrantes.

Se observa que el resto de los bancos comerciales aún no considera a los inmigrantes como una clientela atractiva y les da un trato similar al resto, sin diseñar estrategias específicas para atraerlos. Tampoco las autoridades financieras han establecido normas para la integración de este segmento.

El recién llegado enfrenta escollos para su integración, tales como el desconocimiento del sistema financiero chileno; la incertidumbre sobre su permanencia en el país; la falta de los antecedentes que le solicitan y el alto costo para obtenerlos; tener una actividad financiera insuficiente; son elementos para hacer uso de una cuenta bancaria que le permita canalizar sus ahorros y enfrentar futuras contingencias.

A pesar de la importancia que ha adquirido la inmigración hacia Chile y las perspectivas que los flujos continuarán en el futuro, el país mantiene una normativa obsoleta diseñada para la realidad de otra época y persiste sin resolver el alto porcentaje de indocumentados no integrados a la sociedad.

Los proyectos de ley propuestos continúan sin la indispensable definición que se requiere con urgencia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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