Chile no era un Oasis

El Presidente Piñera señaló el 8 de octubre que “nuestro país es un verdadero oasis”, frase que ha recibido críticas cuando se observaron las manifestaciones ocurridas pocos días después.

Sin embargo, puede ser un acierto, pues los oasis se encuentran como un descanso después de recorrer terrenos pedregosos y desérticos y esa puede ser una imagen del Chile actual, una sociedad que, a pesar de su progreso, no ha logrado superar su individualismo, inseguridad y los maltratos que sufren importantes segmentos, y que se expresaron en las continuas y masivas marchas que sorprendieron a la comunidad.

El fenómeno fue inesperado en su intensidad, lo cual ha llevado al desconcierto en la explicación de sus causas y su gestación, sin perjuicio de la opinión de algunos “iluminados” que han expresado que “yo lo veía venir”, “lo predije”, pero “de todo hay en la viña del Señor”. En definitiva, aun no se ha logrado un consenso para aclarar el origen y desarrollo de la peor tormenta de los últimos años.

Tal como ocurre en los grandes trastornos sociales, las causas son múltiples y de distinto tipo. La mejor demostración es examinar las diferentes expresiones en las protestas, cuyo inicio fue provocado por un aumento en las tarifas del transporte público en Santiago, pero se fueron sumando numerosas actividades con problemas de desigualdad y abusos: la atención de salud, la calidad de la educación, especialmente la pública, la insuficiencia de las pensiones, no+AFP, las isapres, la vivienda, los bajos salarios y las dificultades para encontrar empleo, los TAG, el excesivo endeudamiento, los CAE, entre otros.

Origen del malestar social. La insatisfacción social está presente desde varios años. Un primer signo ya apareció en la encuesta del PNUD de 1998, en que la mayoría de la población expresaba que “yo estoy bien, pero el país está mal”, un reflejo que el notable progreso en el bienestar del país desde que se recuperó la Democracia no era compartido por todos y se expresaba en la ausencia de solidaridad, en el distanciamiento de la vida en común.

Un reflejo de esta creencia estuvo en que el gran logro de haber reducido la pobreza fue sustituido por la presencia de la desigualdad como fuente de insatisfacción, reforzada por la evidencia que arrojaban los estudios y las vivencias personales.

Las críticas iniciales sobre la estrategia de desarrollo que estaba siguiendo el país empezaron entonces; un buen ejemplo es la polémica entre “auto complacientes y auto flagelantes” que surgió entre los propios partidarios del gobierno.

Se agudizaron con los primeros escollos enfrentados en el terreno económico en 1998 y 2013 provocando un crecimiento cada vez más lento, que impidió que el bienestar social siguiera al ritmo anterior.

Es en esos años cuando aparecen las primeras manifestaciones de descontento popular y “la calle” pasó a ser un actor importante en Chile.

Los procesos de desarrollo económico y social no son lineales, incluso cuando son exitosos. Las crisis son propias de estas trayectorias, porque cuando una sociedad progresa genera avances en algunos aspectos, pero retrocesos o estancamiento en otros sectores, actividades o variables.

El mayor nivel de bienestar se obtiene cuando se logra superar las crisis, resolver las trabas o “cuellos de botella” que los propios avances han provocado y se llega a un nivel superior. Esta situación también se manifiesta en el engaño que pueden provocar los promedios que se utilizan en los indicadores globales, los cuales pueden estar escondiendo profundas desigualdades y desequilibrios, un buen ejemplo es el PIB.

En el caso de Chile los inconvenientes provocados por el propio progreso no se han superado y el crecimiento fue cada vez más lento y el bienestar de los ciudadanos empezó a estancarse, lo cual es más complejo cuando la trayectoria recién pasada ha sido valiosa.

En otras palabras, los progresos también tienen ritmo, pues los actores sociales deben irse adaptando a los nuevos tiempos, asimilar su propia condición y la de los demás. Las personas no solo miran el pasado, sus propias condiciones de vida y de su grupo cercano y cuánto ha mejorado su situación; también examinan los logros de los vecinos más cercanos, su grupo social de referencia, aparte de las condiciones del resto del país, fenómeno agudizado por el inmediatismo de los medios de comunicación y el consumismo que nos caracteriza.

En una sociedad que valoriza los méritos del camino propio, el elemento de la desigualdad adquiere preponderancia, especialmente si está presente el abuso en todos los niveles, no solo del gran empresario con el trabajador no sindicalizado, sino en la vida comercial de los pequeños comerciantes y su relación con los compradores y vendedores que lo circundan o el trabajador fiscal que entrega un servicio a algún beneficiario débil.

Este elemento está claramente presente en las protestas masivas de trabajadores, consumidores, pensionados, estudiantes, “ninis” y otros segmentos que elevan su voz en la multitud, aunque sus reclamos tengan diferentes contenidos, que se uniforman en la demanda de una nueva Constitución, aunque su contenido sea difuso.

Nueva Constitución. El progresivo acuerdo en torno al proyecto de Nueva Constitución o Asamblea Constituyente requiere aclarar sus contenidos, porque parte importante de las demandas de “la calle” no  se resuelven constitucionalmente, sino a través de leyes e incluso medidas administrativas, como puede ser el caso del término de las listas de espera en la atención de los pacientes con requerimientos de salud.

Esta situación es especialmente clara en temas que se discuten en el Parlamento, propuestos por el Ejecutivo, como ser la Reforma Tributaria (casi terminada su tramitación), las Pensiones, la Jornada de Trabajo, y otras urgencias.

Entre las materias que requerirán de definiciones de rango constitucional se pueden mencionar.

1.- La mantención del Régimen Presidencial, o el cambio a otro semi Presidencial o Parlamentario, con una o dos cámaras, su duración y posibilidades de reelección.

2.- La organización del Estado. La estructura actual requiere una revisión completa. El Poder Ejecutivo contiene órganos que se estructuraron al comienzo de la República con sucesivas ampliaciones. Es así como existen ministerios que han perdido la relevancia del pasado (Economía, Minería, Agricultura o Bienes Nacionales), junto a otros que necesitan su reestructuración, como Interior y Relaciones Exteriores. Por otra parte, han surgido nuevos temas, que no disponen de la institucionalidad que les permita operar con la eficiencia que se requiere en el mundo actual, dada su naturaleza transversal, entre ellos el Medio Ambiente, Ciencia y Tecnología, Desigualdad y Pobreza, Pueblos Indígenas y Migración.

Progresivamente el Ejecutivo ha ido acumulando nuevas tareas y programas, con la correspondiente burocracia, pero es necesaria una revisión profunda de estas tareas, con el objeto de priorizar y suspender algunas de estas funciones.

El Parlamento también debe ser sometido a una reestructuración, partiendo por definir si corresponde tener una o dos cámaras, el número de parlamentarios y su representación geográfica, así como el equilibrio del poder con el Ejecutivo.

A pesar de las transformaciones ocurridas en las últimas décadas en el Poder Judicial, después de la trayectoria vergonzosa que tuvo durante la Dictadura, también se necesita una revisión de la composición, las funciones de sus magistrados y de la poca rigurosidad para determinar las sanciones a los poderosos, especialmente por los delitos económicos.

El proceso de modernización de la Contraloría General de la República no ha terminado, en especial el énfasis desde el control burocrático al de gestión.

El Tribunal Constitucional es quizás la entidad estatal que recibe más críticas y requiere un profundo cambio, al cuestionarse su invasión en las atribuciones de otros poderes del Estado y la designación de su Consejo.

Está pendiente la revisión del tema general de la regionalización, de manera de buscar instrumentos efectivos para reducir el centralismo sin límites que padece el país en la actualidad.

Además, está confuso el papel que le corresponde al Intendente Regional, al Gobernador Regional y los Cores, en la dependencia, campo de acción, atribuciones y responsabilidades de cada uno.

Los valores perdidos. Una reforma de la Constitución debería tener presente una serie de valores que se han ido perdiendo progresivamente en Chile.

+ La debilidad de las organizaciones sociales, tales como los sindicatos y sus representantes, las organizaciones vecinales, las alcaldías y la vida de barrio. La plaza por sobre el mal.

+ La solidaridad en vez de la segregación, el clasismo y el individualismo.

+ El respeto humano en vez del abuso.

La productividad. En los factores que explican el crecimiento del país en los últimos 30 años se encuentran el aumento del capital nacional y del trabajo, a lo cual se agrega el aumento de la productividad, descrita como el aprovechamiento de los otros dos factores productivo en forma  más eficiente (Productividad General de Factores, PGF).

Entre 1993-1998, el PIB aumentó, como promedio anual al 6,5%, a lo cual contribuyó la PGF con 2,2%. Entre 2010-2015 el PIB creció al 4,2% anual y la PGF el 0,0%, es decir, se estancó, y en los años posteriores incluso decreció.

La pregunta que surge es la causa de este estancamiento. Tal como ocurre con la explicación de estos indicadores globales, la respuesta es compleja y obedece a diferentes causas que se refuerzan y contradicen, aparte de tener diferentes intensidades.

Pero, en definitiva, el rápido crecimiento también provocó desequilibrios que generaron problemas estructurales que no se enfrentaron ni solucionaron, algunos de los cuales permanecen hasta ahora. Mirada la situación desde el punto de vista de la estrategia económica social para el futuro, se pueden mencionar varios elementos.

La concentración productiva que se ha mantenido en todo el proceso, influyendo decisivamente en la desigualdad imperante.

En una primera etapa del proceso de apertura al exterior, se justificó que para competir en los mercados internacionales de requerían empresas de gran tamaño, que pudieran aprovechar las economía de escala que les posibilitaran producir a bajo costo.

Sin embargo, esta argumentación deja de tener validez en muchos mercados, especialmente de consumo interno, en que abunda una gran concentración tanto de la oferta como de los insumos productivos (los llamados “tri productores). La colusión empresarial es uno de los principales motivos de concentración del poder en Chile y fuente de corrupción. La política a seguir es robustecer decididamente el papel regulador del Estado en los mercados, entre otros aspectos reforzando el papel de entidades como la Fiscalía Nacional Económica y la rigurosidad de las penas judiciales.

Otro de los atrasos está en el insuficiente desarrollo de las cadenas productivas que son propias de toda actividad que se desarrolla.

Chile se ha basado en la exportación de materias primas, no solo en el cobre, sin fomentar la elaboración de los insumos previos ni de las atapas siguientes del proceso, incluida la comercialización.

Los limitados desarrollos de los “clusters” fueron abandonados en buena parte. Los países que han logrado el progreso han incluido un papel decisivo del Estado como promotor del fomento productivo e impulsador de sectores líderes, como podría ser el turismo en el país.

Relacionado con lo anterior está el escaso aporte que se realiza en Ciencia y Tecnología, tanto por el insuficiente aporte estatal a la actividad como la escasa contribución de las empresas privadas, escasamente coordinadas con los entes estatales-

Las políticas de fomento a las PYMES han fracasado durante el período y se mantienen con una contribución insatisfactoria al proceso productivo.

El sistema de capacitación laboral requiere de un diseño completo, porque en gran medida favorece a las grandes empresas y la burocracia del sector. La enorme masa de “ninis” existente es la mejor demostración.

Sería largo exponer otros ejemplos de temas pendientes para lograr un cambio en la actual trayectoria de mediocridad de Chile. Solamente un listado para no olvidar.

Educación, privilegiando el segmento pre escolar y la educación pública.

Salud. Diferencias de calidad entre la atención pública y privada.

Minusválidos físicos y mentales.

Ancianidad.

Inmigración.

Araucanía.

Situación penitenciaria.

Son algunos de los temas pendientes, que el país no ha logrado incluir entre sus prioridades, pero que afectan seriamente el progreso en el campo económico-social.

Otro elemento que se agregaría a la explicación de la explosión de malestar social que se manifestó en octubre, dice relación con las expectativas que amplios sectores, especialmente de clase media, se habían creado como consecuencia del progreso observado hasta fines del siglo XX y que esperaban conseguir el bienestar que habían observado y disfrutado con sus padres, como los mejores salarios y empleos, educación superior y de calidad y otros logros en la calidad de vida.

Sin embargo, el estancamiento los dejó insertos en un cuadro de incertidumbre e inseguridad no previsto, ante las dificultades para conseguir un empleo estable y bien remunerado, un endeudamiento personal o familiar, que constituía otro elemento de precariedad ante una enfermedad, la pérdida del empleo, o la movilidad laboral propia de un mundo cambiante.

Un indicador de este clima de inestabilidad se reflejó en las encuestas CASEN que indicaron que si bien la pobreza había tenido una reducción significativa, los ingresos de las personas tenían oscilaciones en el tiempo mayores que las previstas, es decir, había segmentos que entraban y salían de la categoría de “pobres” con rapidez, especialmente entre los microempresarios y los trabajadores por cuenta propia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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