El cuento del tío eléctrico

Llevo cinco días sin luz eléctrica en mi casa y me asocio con ello a las molestias que muchos chilenos están pasando, que no son pocos. Pero para ser honesto debo anotar en positivo que la comunicación en el barrio, aunque es Vitacura, ha mejorado mucho y tenemos una solidaridad que supera a la que ocurre con el temor a la delincuencia.

Hace cinco días, también, una cuadrilla de sub-contratados de ENEL ante un cable cortado puso un cordón de seguridad plástico que se ha mantenido incólume hasta la fecha junto con los árboles caídos en la zona. Es claro que las zonas más acomodadas del país lo están pasando mal y yo entre ellos, eso me pasa por tener muchos árboles alrededor, que crecen libremente y que las empresa eléctrica jamás ve cuando se van encima de sus redes eléctricas, lenta pero inexorablemente, con el curso de los años, tan lento que no se dieron cuenta, como tampoco lo añoso de algunos de ellos.

Los vecinos hemos resistido estoicamente como en la guerra, cada uno ha buscado la supervivencia, aunque ya nos afloran algunas bronquitis. Nuestros ejecutivos, digo nuestros eufemísticamente, extranjeros, italianos en su mayoría, se han cobijado en hoteles 5 estrellas y desde sus dobles ventanas miran como los criollos nos arreglamos y estarán calculando cuantos Euros les va a costar acallar algunas voces.

Me resulta interesante recordar la larga lucha que dimos en la década del 90, después de habernos opuesto a la privatización del sector eléctrico por Pinochet y a las maniobras efectuadas por el grupo que aglutinó José Piñera y que más tarde se le conoció como “Chispas”. Ese grupo especuló con el poder de las AFP y tomó el control casi sin plata y luego procedió a realizar una de las más grandes pasadas de la historia accionaria al grupo español Endesa. Bien puesto el nombro del grupo porque en realidad fue una “chispeza” para usar el giro idiomático de nuestro gran Gary Medel, que seguramente no sabe que se inventó hace mucho rato.

Los italianos se compraron las empresas españolas y aquí los tenemos instalados dirigiendo nuestro principal servicio público, sin poner la cara y arrancando a los hoteles. Conviene recordar que la empresa italiana que opera la sangre de nuestra economía es una empresa que controla el Estado italiano que con un porcentaje accionario minoritario tiene por norma la dirección ejecutiva de la empresa. Si no fuera por este hecho, esto es que los italianos que han venido a Chile, vienen de una empresa estatal, se podría reclamar con mayor fuerza la incompetencia de nuestras empresas privadas eléctricas, que siendo bien honesto no dan pie en bola y no se ha visto ninguna inversión significativa. Curioso caso de cooperación pública-privada en que la empresa pública es italiana, y administra una privada en Chile para atendernos de una manera muy ineficiente y descomedida.

Hace unos días, un precandidato a la primaria señor Mayol, habló de la posibilidad de que el Estado tomara el control del 20% de las acciones de algunas empresas estratégicas. Los sesudos comentaristas se rieron de él y eso que el precandidato ni siquiera propuso una acción de oro para el Estado como es en Italia y en otros países.

Hemos visto con agrado, como los Alcaldes de derecha que comandan las comunas del barrio alto, han intentado dar una imagen de defensa efectiva de sus vecinos, pero todos sin excepción y entre ellos hay algunos conocidos míos, se han olvidado de reflexionar sobre el tema profundo que subyace en la circunstancia que las empresas de servicio público, no tengan como principal norte el servicio, sino el negocio al mínimo coste para arrimar fondos a las oficinas centrales a costa de los bolsillos chilenos y, además, de sus penurias.

Ya se está sabiendo que no tenían repuestos, que las cuadrillas eran mínimas, y que en la emergencia se está llenando con personas sin calificación y que cuando los vecinos les preguntan, cómo se ha visto a los miembros que operan en la calle, ellos contestan pregúntenle a ENEL, porque no son la empresa y por si fuera poco no los tratan bien.

La empresa estatal Italiana que nos controla, debe tener alguna experiencia con nevazones, puesto que en Italia que son menos frecuentes que en Alemania, Francia o Inglaterra, las hay en la zona norte y más grandes que las que hubo en Santiago.

Debo ser honesto en señalar que no confío en la autoridad en esta materia, ya que estoy completamente convencido que desde la privatización “sui generis” a precio de huevo que hubo en Chile, las empresas monopólicas han hecho lo que se les da la gana y otras no tan monopólicas también y, además, después de un tiempo todos quieren trabajar en esas empresas y sabemos porque.

Resulta positivo, más allá de las amistades de barrio que se están produciendo, que esto ocurra en los sectores acomodados, así conocemos en carne propia lo que es saber cuándo hay problemas serios por incompetencia de todo el mundo. Ahora somos mejores chilenos.

Termino esta columna deseando fervientemente que los Italianos se vayan a la brevedad, me refiero a estos italianos, que no como los inmigrantes Italianos que le han hecho tanto bien a Chile vinieron a quedarse y hacerse carne nuestra, no como éstos que vienen como aves de paso a coger un botín y especular.

Si por último el empobrecido Estado de Chile no puede gestionar nada, al menos que vengan empresarios competentes que puedan asumir los cambios climáticos y hacer  las inversiones que por tanto años están detenidas, sin destruir el medio ambiente.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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