Las educadoras de párvulos y su aporte al país

Con motivo del paro de profesores, ha salido el tema de las educadoras de párvulos a la discusión. Dado como están los hechos, al parecer no serían parte del bono o asignación por mención, produciéndose con ello una evidente discriminación contra estas profesionales. Mas allá del origen de la mención o de la duda sobre su especialidad, vale hacer un recuerdo de lo que han aportado con su actuar.

Si bien es cierto que la denominación “Educadoras de Párvulos” identifica a las egresadas desde 1946 de la Universidad de Chile, es necesario incluir a las que salieron de las Escuelas Normales, quienes desde 1864 empezaron a atender párvulos y a ocuparse de crear sensibilidad, institucionalidad y políticas públicas para este sector.

¿Cómo no reconocer a las primeras kindergartianas de la Escuela Normal de Preceptoras?, las que junto a su maestra, doña Leopoldina Maluschka, lograron que para el centenario de la Independencia de Chile, tuviésemos Kindergartenes públicos desde Tacna a Puerto Montt con una matrícula sobre 1.000 niños.

¿Cómo no valorar las muchas publicaciones, conferencias y lobby que se hizo con las autoridades de la época para instalar este nivel, en un país que veía tan lejana la atención educativa a los menores de seis años?

Posteriormente, cuando se crea la primera Escuela de Educadoras de Párvulos en la Universidad de Chile en 1944, bajo la rectoría de don Juvenal Hernández y la orientación técnica de Amanda Labarca, Linda Volosky y Matilde Huici, entre otros destacados académicos.

¡Cómo no valorar tantas acciones que se realizaron desde allí para que el país entendiera el aporte que significa atender educativamente a los niños y niñas desde que nacen? Puntualicemos algunas.

Se crearon los primeros jardines infantiles populares para familias vulnerables, gracias a la gestión de las egresadas que convencían a las comunidades de la necesidad de atender adecuadamente a sus párvulos.

Se crean las primeras Salas Cunas educativas, superando las de tipo asistencial que existían en hospitales e industrias.

Se iniciaron los primeros programas no-formales, con la atención a párvulos hospitalizados.

Se apoyaron técnicamente los múltiples pre-proyectos para la creación de una ley de Jardines Infantiles y se dieron todas las bases técnicas para la definitiva que dio origen a JUNJI, lo que fue reconocido en (1970) por su directora Rebeca Stein y por el presidente Frei en el acto de promulgación en el Palacio de la Moneda.

Se incentivó la creación de la carrera en diversas sedes y Universidades del país, y de jardines infantiles en todas las provincias de Chile.

Se crearon los primeros programas educativos oficiales para el nivel desde el Ministerio de Educación.

Se apoyó la creación de organizaciones e instituciones de este nivel educativo. (Comité chileno de OMEP, Asociaciones de Educadores de Párvulos, Centros de formación técnica, etc.)

Se crearon los primeros pos grados (Magister) en el nivel. (UMCE 1994 )

Podríamos agregar en los tiempos actuales, el apoyo técnico en todas las leyes del sector, en sus programas educativos oficiales, en las nuevas instituciones, en la investigación realizada por las muchas doctoras-educadoras, y lo más importante, atendiendo párvulos en cualquier zona del país por difícil o lejana que esté.

Por lo expresado, duele el permanente “ninguneo” hacia estas profesionales. Luego de 155 años de trabajo a favor de los niños y niñas más pequeños, Chile tiene una deuda con ellas.

Esperamos que los tiempos actuales, al fin las reconozcan.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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