Liderazgos y responsabilidades compartidas en educación

La educación representa el principal camino para la formación de ciudadanos responsables, capaces de desarrollar sus proyectos de vida y colaborar en construir la paz social mediante relaciones humanas positivas.

Sin embargo, los propósitos más profundos de la educación se ven tensionados ante la popularidad que han adquirido las visiones autocráticas y personalistas del liderazgo en distintas partes del mundo.

América Latina ha sido definida por connotados politólogos como una democracia delegativa con fuerte énfasis presidencialista. En otras palabras, persiste en nuestra historia y en el imaginario cultural la visión de que una persona con poder y escasos contrapesos políticos será capaz de fomentar la paz social, la convivencia sana y el mejoramiento de la calidad de vida de la población.

La evidencia internacional respalda esta mirada. De acuerdo con estudios de la OECD y de investigadores como Kenneth Leithwood, el liderazgo escolar es el segundo factor intraescuela con mayor impacto en los aprendizajes, después de la enseñanza en aula. Asimismo, los sistemas escolares con mayores niveles de colaboración entre directivos y docentes muestran mejores climas de convivencia y aprendizajes más sostenidos en el tiempo.

Esta herencia cultural, también influye en la forma y el cómo concebimos los liderazgos en educación. Frecuentemente, se espera de un líder educativo, que sea una persona, de carácter determinado, con habilidades para motivar a los equipos, conocimiento de estrategias organizacionales y de gestión es capaz de transformar el ecosistema de una escuela para volverla un lugar acogedor y una institución eficaz en promover el desarrollo integral, incluido el aprendizaje. Esta visión, sin embargo, tiene pocas probabilidades de lograr mejoras sustentables en los resultados educativos.

Una educación de calidad requiere de la sinergia de liderazgos que involucren a sostenedores, equipos directivos, docentes y estudiantes. Desde esta perspectiva, el concepto de liderazgo es distinto, pues tiene qué ver con responsabilizarse de las tareas y objetivos que le competen a un cargo y, además, hacerse cargo de coordinarse con otros actores para alcanzar los propósitos formativos entre los estudiantes.

Así, los liderazgos de distintos niveles y su sinergia son la opción más promisoria para construir una cultura de paz, productiva y enfocada en el desarrollo humano en las escuelas. Es poco razonable, además de injusto, proponer que una sola persona (un directivo escolar, por ejemplo) va a hacerse cargo de cambiar el funcionamiento y los resultados de una escuela.

Educar es tarea de todos y todas, y para ello se requieren liderazgos múltiples con la capacidad de coordinarse y generar soluciones pedagógicas que promuevan el bienestar emocional y sean de alto impacto en los aprendizajes. Los liderazgos multinivel, colaborativos y sistémicos están a la base de la transformación profunda de nuestro sistema educativo con el protagonismo de estudiantes, docentes, directivos y líderes territoriales.