Feliz cumpleaños a la Democracia Cristiana

Siempre un cumpleaños es un momento para que las personas reflexionen acerca de sus últimos años y, sobre todo, de lo que viene por delante. Pero lo mismo es válido para las instituciones... o debiera serlo. El Partido Demócrata Cristiano cumple 69 años de existencia como tal y, cerca de 90 cuando un grupo de jóvenes creó la Falange Nacional, como una iniciativa para desarrollar, en el ámbito político, los principios del humanismo cristiano, en los cuales ellos creían profundamente.

Luego, en 1957, junto a otros partidos y movimientos pequeños, se creó el Partido Demócrata Cristiano. En su trayectoria, desde ahí, ha recibido el apoyo popular para que uno de sus militantes gobierne en tres oportunidades, y así colaborar con el desarrollo del país, con una importante presencia en el ámbito legislativo y en las organizaciones de la sociedad civil.

Sin embargo, en los últimos años el apoyo ciudadano a este partido ha ido decayendo, al punto que su existencia legal está amenazada. Entonces, pareciera ser necesario que, en esta comunidad, se planteara con la mayor humildad posible lo que las personas hacen en el ámbito de su aniversario; ello es hacerse la pregunta ¿qué hemos hecho mal?

Contestarse esta pregunta nunca es fácil, pero es imprescindible, pues en el caso de los partidos políticos equivocarse en su respuesta equivale a la separación definitiva, como ocurre en los matrimonios. Y el inicio de la respuesta, en este caso, obliga a intentar identificar de la mejor manera posible la situación que vive el país, a la cual los partidos deben dar respuestas, y como consecuencia de ello es que aquellos que no lo han venido haciendo bien, hayan ido perdiendo adhesión. Así funciona la democracia.

Chile recuperó la democracia hace 36 años y los chilenos reconocieron a quienes habían luchado por esa causa, y dado que la Democracia Cristiana había sido uno de los partidos más activos durante la dictadura, se le entregó el reconocimiento que le permitió elegir 38 diputados, de 120; y 13 senadores, de 38. Es decir, la DC eligió casi 1/3 de los parlamentarios. Dicho de otro modo, se ha pasado desde 32,3% del Congreso a menos del 5%, más de seis veces menos.

Entonces la pregunta cobra sentido: ¿Qué se ha hecho mal? Y si se quiere avanzar en la respuesta, hay que empezar a cuestionarse la capacidad tenida para "leer" adecuadamente la cambiante realidad, para adecuar los mensajes y programas que se ofrecen a los ciudadanos, para que, sin renunciar a los valores e ideas básicas en que se fundan los partidos, den cuenta de las preocupaciones y expectativas de aquellos a los que se espera servir, desde el Ejecutivo y desde el Parlamento. Ahí está la tarea. Y su respuesta no es fácil.

Por ejemplo, cuando la Democracia Cristiana crecía, Rafael Moreno, Pedro Goic y otros jóvenes agrónomos andaban por los campos señalando que la "revolución en libertad" que proclamaban suponía que en el campo lo justo era "la tierra para el que la trabaja", como parte esencial de la Reforma Agraria.

Y que esta "revolución en libertad" debiera expresarse en todo el país, con el fortalecimiento de las organizaciones sociales de base, por ello la Ley de Juntas de Vecinos y organizaciones comunitarias; en educación se construía más de una escuela diaria; en el ámbito internacional se promovían los acuerdos latinoamericanos, para enfrentar la competencia con las mayores potencias; y en lo interno, se apoyaba con mucha fuerza el avance en materia de equidad, no solo en materia salarial, sino que también en los derechos de las mujeres, el acceso de los jóvenes vulnerables a la educación superior, la ampliación de la atención hospitalaria y programas muy amplios para la construcción de viviendas dignas para los más pobres.

Luego, durante la dictadura, el llamado el 13 de septiembre de 1973 de 13 líderes DC movilizó a todo el partido para la lucha por la democracia, lo que fue fuertemente valorado por la ciudadanía cuando tuvo que pronunciarse en la elección presidencial y legislativa de 1989.

Entonces, el inicio de la respuesta a "¿qué nos pasó?" pareciera estar en la reflexión acerca de si se está atendiendo a las preocupaciones de los más afectados hoy, con las medidas que está promoviendo el Gobierno, que teniendo la legitimidad de su elección democrática, promueve exactamente lo mismo que impulsó e impuso la dictadura durante sus 17 años.

Pareciera ser que la recién asumida nueva directiva de la DC se orienta a dar respuesta adecuada con la base ideológica del humanismo cristiano, a las necesidades de los más vulnerables frente a un gobierno que pretende generar un reajuste del salario mínimo de menos de 500 pesos diarios, un proyecto de megarreforma que le regala a los más ricos más de 4.000 mil millones de dólares, mientras disminuye los recursos para la educación, salud y vivienda de los más postergados.

Adicionalmente, pareciera ser necesario que la DC "vuelva a las bases", que hoy tiene muchas expresiones distintas a los tiempos pasados; las mujeres (en buena hora) se han empoderado; las minorías sexuales se han ganado su legítimo espacio; los trabajadores se organizan no solo en sindicaros, para luchar por la justicia social tan desaparecida; la ruralidad disminuye junto a ciudades que crecen sin ninguna planificación urbana sólida, etc.

En este nuevo marco, los valores del humanismo cristiano, a favor de la equidad, el respeto a los demás, promoviendo la igualdad de derechos para hombres y mujeres, el acceso digno a la salud, vivienda y educación para los más vulnerables, vuelven a ser principios esenciales, que marcaron el nacimiento de la Falange Nacional y luego de la Democracia Cristiana. Retomar este camino, sería el mejor regalo que se pudieran hacer sus militantes.