Universidades abiertas, democratizar el conocimiento en tiempos del mercado de la educación

Hace escasas semanas, el Alcalde de la comuna de Recoleta, Daniel Jadue, anunció un proyecto educativo destinado a impartir cursos y charlas gratuitas en diversas áreas del conocimiento.

Más allá de la esfera tradicional de la educación superior y sin necesariamente implicar la obtención de títulos universitarios, el proyecto es una oportunidad concreta para construir espacios educativos cuya razón de fondo sea democratizar el conocimiento, promover la reflexión crítica respecto a problemas que atañen a nuestra sociedad y activar el rol político -en su sentido prístino - que recae en las comunidades frente a la gobernanza y apropiación de sus territorios locales.

Pese a que el ministerio de Educación esgrimió que la idea de Universidad Abierta incurre en una suerte de “incoherencia legal” al no impartir programas cuya finalidad sea la obtención de títulos universitarios, cabe apuntalar una reflexión respecto al propósito de fondo del modelo educativo universitario.

Así como lo entiende la mencionada cartera ministerial, pareciera ser que el valor de las universidades se centra exclusivamente en la entrega de grados y no en un proceso de aprendizaje en torno a la promoción de valores orientados al pensamiento reflexivo y propositivo.

Con todo, la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago de Chile, entre otras, manifestaron su pleno respaldo a esta iniciativa. Por ende, el proyecto que impulsa la Municipalidad de Recoleta posiblemente contará con buenos aliados, a fin de replicar una iniciativa que hace años se realiza exitosamente en varios países del orbe. 

Sea Universidad Abierta u otro el epíteto, esta no debe renunciar a sus propósitos fundamentales, a saber, democratizar el conocimiento desde los espacios comunales y avanzar hacia un nuevo paradigma educativo, lejos del capitalismo cognitivo cuya lógica ha imperado en los establecimientos de educación superior con ánimo de lucro y, a la postre, ha dejado en estado de marasmo a las universidades tradicionales.

Cabe apuntalar, además, el rol que podría cumplir el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) en materia de divulgación del conocimiento frente a estos espacios de conocimiento democratizado.

Más allá de los estándares de productividad académica traducidos en publicaciones aceptadas en revistas de corriente principal, sería conveniente examinar nuevas maneras de evaluar el impacto de los proyectos ejecutados. Una opción viable para ponderar parte de las metas cumplidas, sería precisamente considerar la divulgación del conocimiento en espacios de apertura ciudadana, mediante un lenguaje que permita construir un diálogo entre el saber lego y el saber experto.

En suma, la Universidad Abierta es una excelente instancia para abrir las ciencias biológicas, matemáticas, físicas, sociales, humanas, artísticas, entre otros campos de conocimiento interdisciplinar.

Asimismo, es de esperar que sea replicado en diversos espacios comunales y en todas las regiones del país, bajo el propósito de democratizar el conocimiento considerando la realidad territorial de cada localidad y bajo el desafío de ir a contrapelo de un paradigma de educación entregado a los avatares del libre mercado.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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