Las sorpresas no tan sorpresivas de los mega incendios forestales

Chile es un país de catástrofes. Lo demuestra la historia e incluso la mitología de habitantes de este territorio ya instalados desde antes de la llegada de los españoles. Una catástrofe es una situación de connotación eminentemente humana. Se pueden resumir como un desajuste entre actividades, bienes y personas con unos estímulos que detonan dificultades al interrumpir lo cotidiano y generar daños a la sociedad.

Algunos hablan que son situaciones “no normales” basándose en los escasos registros existentes, que siempre son cortos frente a este tipo de situaciones, y que ocultan la frecuencia de estos fenómenos.

Esos estímulos son naturales (ejemplo, los sismos) y/o de origen humano ( los incendios). Hay largo registro en el país sobre la recurrencia de desastres. Tenemos casi todos los estímulos del planeta salvo los huracanes y su presencia es una constante desde antes y después de lo que llamamos actualmente Chile. El país muestra desidia para reconocer la dinámica de su territorio.

El territorio se construye, en este caso Chile es un constructo entre sus características naturales y las intervenciones humanas. En esta construcción, muchos estímulos pueden generar desastres si no han sido incorporados como elementos decisivos de nuestra realidad. Entre ellos, los incendios, que en nuestro país son provocados por acciones humanas. Se estima que en más del 95% de los casos tienen ese origen, incluso se plantea que se llega a un 99% de los casos. O sea, los incendios son provocados por nosotros mismos, lo que varía es la intencionalidad de su origen y las razones que explican el fuego, pero las causas son casi siempre humanas.

Los millones de hectáreas quemadas en la Patagonia y otras zonas del país son mudos testigos de esos desastres que en silencio culposo recuerdan nuestras malas costumbres. El desapego con el fuego se nota. Muchos incendios son originados por fogatas descontroladas, por cigarrillos encendidos que son botados en zonas de riesgo, por el abandono de vidrios que actúan como detonantes, por la elaboración de carbón con fuegos que pueden descontrolarse, por roces en tierras agrícolas, etc. El uso del fuego es una práctica histórica utilizada en Chile y los incendios un resultado cotidiano de ellas que afectan la vegetación.

¿Qué hay de nuevo en esta catástrofe generada por los incendios descontrolados?

a) Se están quemando alrededor de 400 mil has en al menos 6 regiones

b) Se afecta a una gran cantidad de personas de Chile central dado el crecimiento demográfico, el mayor uso de espacios rurales y los terrenos ocupados con fines productivos.

c) Las dudas sobre el origen y la forma planificada –o no-  con que se ha desencadenado y evolucionado el fuego.

d) La posibilidad de ver en vivo y en directo por medio de la TV y las redes sociales el comportamiento del fuego, casi como un “reality”.

e) La presencia de un año electoral y por consiguiente, la necesidad de considerar una esfera pública donde abunda el hablar falso que ha perdido la mínima amistad cívica que demanda el abordar estas emergencias.

En este escenario, la respuesta se ha centrado en encontrar responsables a quien culpar por la desidia de la sociedad. CONAF ha sido heroica en el manejo del fuego pero queda en duda su capacidad. Si tuviera más recursos obviamente lo haría mucho mejor.

Los bomberos responden con un esfuerzo y un compromiso sobrehumano pero el problema relevado es que no tienen dedicación exclusiva, incluso no pocos ponen en duda su profesionalismo. Nada se dice de la sociedad causante de los incendios y quien debe cambiar su comportamiento para iniciar una gestión efectiva de estos desastres.

Hemos trabajado en lo urgente pero no en lo estratégico. No hay mejor gestión de desastres que aquel que no se produce aun cuando existan los estímulos suficientes como para afectar a la población y su territorio.

Sin duda ahora controlaremos los incendios desgarradores, como lo hemos realizado a lo largo de la historia; es probable que demos por superada la emergencia cuando se reconstruyan las casas.

¿Pero qué pasará con el forraje de los animales, las fuentes de aguas para comunidades campesinas, las fiestas tradicionales que se celebraran para los turistas, las cosechas perdidas, la recolección de hongos y moras que son fuente de sustento, la producción de carbón para el invierno, la reconstrucción de pequeñas viñas de secano, etc.?

¿Qué pasará con los ecosistemas emblemáticos de Chile como lagunas para pájaros migratorios, provisión de agua para los animales, ecosistemas emblemáticos como los bosques de ruiles, y mucho mas?

Es bueno que seamos capaces de dar un salto al desarrollo con mayúsculas, donde construyamos un territorio como copia feliz del Edén y donde el puro Chile es tu cielo azulado no sea interrumpido por el humo de los incendios.

Las 3 C son válidas en desastres como el que estamos presenciando en la actualidad. Es conveniente que iniciemos el paso desde “Chilenos Contra Chile” hacia “Chilenos Cuidando Chile”; una casa segura requiere que sus habitantes estén conscientes de sus derechos y deberes. Ese es el paso natural de pobladores típicos del subdesarrollo hacia ciudadanos que conocen las bondades y restricciones de su territorio para asegurar un buen presente y un mejor futuro.

Lo anterior parece fácil, pero los chilenos estamos apostando a lo más difícil que es responder una vez que los problemas están desencadenados. ¿Una nueva institucionalidad que asuma las malas o ausentes respuestas de la sociedad será la solución a nuestros problemas y nos pasemos años construyéndola y reasignando funciones mientras los desastres nos caen encima una y otra vez?

O más bien será que necesitamos adoptar una cultura de gestión de desastres, con un liderazgo institucional y una adecuada capacidad de prevención y respuesta desde los individuos hasta la sociedad en su conjunto. En Huerta del Maule los campesinos se organizaron y están controlando el fuego con la ayuda de bomberos y las brigadas forestales.

Chile es posible. Los bomberos y la CONAF son evidencias que, aun sin los recursos suficientes, se abordan los desafíos supliendo las debilidades con el rigor y esfuerzo que nace desde el “corazón de chileno”, uno de nuestros grandes valores. Los campesinos afectados han construido señales culturales interesantes.

¿Seremos capaces de poner los bueyes antes de la carreta en vez de pelearnos por quién es el mejor experto para empujar la carreta? La sabiduría campesina puede ser importante para dar respuestas modernas a una realidad presente en Chile desde antes de Chile.

Este no es sólo un problema de adquirir aviones super tanker para usarlos de vez en cuando, es un problema de desarrollo al que tenemos que darle sustentabilidad para estar más acorde con nuestra condición de país OCDE.

Lo que necesitamos es una institución líder y los recursos suficientes, que organice a la sociedad, de acuerdo a sus necesidades reales y con sus capacidades públicas y privadas en conjunto, para enfrentar los riesgos de su territorio convirtiéndolos en oportunidades de bienestar y calidad de vida para todos los chilenos. Todo ello sin olvidar que los desastres discriminan también a los más débiles y que son un elemento de inequidad.

Leer versión extendida en: www.asuntospublicos.cl

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