Que las luces iluminen las sombras

Han sido meses duros, con una crisis sociosanitaria producto del COVID-19 que ha hecho aún más difícil la vida de las familias, poniendo de manifiesto, aún para quienes dicen que “no sabían”, las profundas desigualdades en nuestra ciudad y la precariedad en que la mayoría de los chilenos viven su vida.

Cuando los chilenos decíamos que Chile no estaba bien, en movilizaciones multitudinarias donde emergían sentidas y diversas demandas, visibilizando situaciones de abuso y una vulneración de derechos esenciales que afecta a sectores mayoritarios de la población, una pandemia mundial agudizó los problemas.

El Gobierno llega siempre tarde y de manera insuficiente. Los municipios hemos salido a tratar de aminorar el impacto del COVID-19 y en Pudahuel se han rutinizado esfuerzos cotidianos que involucran responder a 30 veces más atenciones sociales, se han entregado 236 mil cajas de alimentos, hemos instalado dispositivos especiales para acompañamiento en duelo, violencia y vulneración de derechos en los hogares, programas de apoyo a esfuerzos productivos.

Los barrios se organizan en torno a la adversidad y vuelven a aparecer las ollas comunes en actos profundamente solidarios, que se extienden a familias que han experimentado pérdidas o se encuentra afectadas por la enfermedad.

Estamos viviendo en pandemia, algunos quedándose en casa, otros saliendo como sea a buscar un sustento que se ha vuelto esquivo, todos cansados en un estado anormal de la vida cotidiana.

Pero, además, estamos perdiendo el asombro. Nos estremecen noticias de violencia inaceptable de parte de quienes tienen debiesen cuidar a los chilenos y chilenas, sin que se asuman responsabilidades de mando ni políticas. Nos indignan las condonaciones de multas a millonarias empresas, mientras los alcaldes estamos obligados por ley cobrar derechos de aseo. Nos duele la falta de claridad de algunos sectores políticos respecto de quiénes son los verdaderos adversarios, que se traducen en falta de generosidad y personalismos que impiden acuerdos significativos, sin los cuales se perjudicará a la gran mayoría, entregándole conducción a quienes defienden a una minoría.

No son momentos fáciles: las familias chilenas, Pudahuel no es la excepción, están complicadas y visualizan un panorama oscuro.

Y sin embargo, estamos a días de una oportunidad histórica. Tendremos la posibilidad de avanzar más allá de donde hasta ahora hemos llegado, abriendo la puerta a una nueva forma de entender Chile, para que nos acoja a todos, para que nos cuide a todos, para terminar con el abuso y reducir la desigualdad, permitiendo a las familias tener certezas y seguridades básicas respecto al futuro.

Es cierto que las cosas no cambiarán de la noche a la mañana, que dar garantías constitucionales  adecuadas a las necesidades reales y no sólo nominales de los chilenos es un camino por recorrer; que establecer un Estado que cuide y proteja - no sólo subsidiario al interés privado - es una dura discusión que dar; que dotarnos de una Carta Fundamental orientada a la sustentabilidad social y medioambiental por sobre lógicas en que prima el lucro privado sobre bienes públicos exigirá mucha convicción política.

Pero el triunfo de la opción Apruebo el Cambio a la Constitución no sólo es la condición necesaria para abordar esos desafíos. Es además la oportunidad para que cada ciudadano insista en que Chile necesita urgente un cambio. Es la posibilidad de que quienes llevan años pasándolo mal tengan un logro.

Al imponerse la opción de Convención Constituyente se abrirán nuevos espacios de discusión, en que los postulantes deberán compartir con sus electores sus posturas sobre respuestas institucionales a las demandas ciudadanas y, ojalá, se instalaran lógicas de descentralización, reconocimiento a la pertinencia local en las tomas de decisiones, con espacios formales de participación vinculantes.

El 25 de octubre será, sin duda, una fecha memorable. Un triunfo de la voluntad transformadora por sobre la defensa de un status quo injusto. Una luz que ilumine el camino y que disipe las sombras, con la claridad de miles de chilenos que han dicho que merecen una vida mejor.

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