Santiago y la serpiente

La manera cómo se construyen las cordilleras no es sólo una pregunta que ocupe y apasione a la comunidad geológica y de las ciencias de la Tierra en general, sino también, es una cuestión que atañe el modo como construimos nuestra relación con la naturaleza, cómo esa relación se imprime en nuestras individualidades, y cómo, en sociedad, resolvemos habitar el territorio. 

Desde 1979 en adelante, con la promulgación de la Política Nacional de Desarrollo Urbano, que consideró al suelo como un recurso ilimitado y abrió los límites urbanizables de Santiago hacia los faldeos cordilleranos, la ciudad se ha expandido en forma acelerada casi tanto en las últimas cuatro décadas como en sus primeros cuatro siglos de historia.

Como resultado, y a pesar de regulaciones posteriores, Santiago se ha dispuesto cada vez más sobre el piedemonte andino amenazado por aluviones, deslizamientos y la posibilidad de ruptura en superficie por un terremoto cortical-superficial en la Falla San Ramón.

A escala metropolitana, de hecho, es posible constatar que la traza o ubicación en superficie de esta falla geológica activa, mejor conocida entre los ríos Mapocho y Maipo, se encuentra urbanizada en cerca de un 55%, quedando aún un 45% libre de urbanización. (1)   

Gracias a la nueva red de estaciones sismológicas instaladas específicamente para el monitoreo de esta estructura geológica, por el Centro Sismológico Nacional y la ONEMI, desde enero de 2017 hasta la fecha se han detectado más de 500 sismos de baja magnitud, localizados principalmente a unos 5-15 km de profundidad bajo la Cordillera Principal de Los Andes en la Región Metropolitana, incluyendo el frente cordillerano de Santiago. Estos resultados confirman y profundizan el hallazgo de sismicidad superficial, cuya asociación a estructuras geológicas de diferente naturaleza e importancia, tal como la Falla San Ramón, se encuentra en estudio. 

Si bien no es posible predecir cuando ocurrirá un gran terremoto, los antecedentes recopilados hasta ahora corroboran la importancia de la Falla San Ramón como una estructura cortical activa, capaz de generar sus propios sismos.

Si la geología muestra que terremotos importantes, con ruptura en superficie en el piedemonte cordillerano, ya ocurrieron hace 17000 y 8000 años atrás, necesariamente el fenómeno volverá a ocurrir. La pregunta planteada entonces es qué habremos hecho, o dejado de hacer para cuando eso suceda. ¿Qué decisiones y acciones habremos tomado en pos la sostenibilidad de la bella Santiago, su gente, nuestra ciudad? 

(1) revistaurbanismo.uchile.cl.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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