Cada vez que asume un nuevo gobierno se escucha reiteradamente que el nivel más importante, que supuestamente sería el de educación inicial, no está siendo del todo considerado en las políticas públicas del país, y en especial, en el financiamiento que se requiere para su expansión y mejoramiento.
Este discurso-mantra, que se arrastra en la historia del nivel por más de 100 años, ha surgido nuevamente debido al pendiente proyecto de Sala Cuna "universal", como por la información que entrega la Casen 2024 y el último informe de Caracterización de la Educación Parvularia (2025) elaborado por el Mineduc. En este último documento se señala que en conjunto el nivel de cobertura de educación parvularia alcanzó 61,8%, con una asistencia promedio de 78,9%, pero con una baja en la matrícula de 4,5% entre los años 2024-2025, exceptuando en ello a los SLEP por el cambio de dependencia, y a Fundación Integra, que subió 1,4% producto del Plan Nacional de gestión de cobertura y asistencia 2024-2026 que se implementó. El nivel más bajo de cobertura como conjunto del nivel viene a ser el de Sala Cuna menor (6 meses a un año) con 13,6%.
Siendo positivos algunos de estos resultados, el tema es que persiste una brecha crítica de párvulos de todas las edades que no asisten a ninguna de las diversas modalidades y subniveles que ofrece el sistema, y cabe una vez más preguntarse ¿por qué? ¿Es que no hay oferta? En parte sí, en algunos sectores geográficos del país donde la sala cuna no tiene sentido, por prácticas de crianza o culturales muy valoradas por la población.
En esos casos quizás se debería ampliar modalidades no formales que respondan a esta diversidad de situaciones de las familias y sus hijos sobre todo con los lactantes que requieren la leche materna y están formando el apego con sus familiares más directos.
Por otra parte, si se toman en cuenta los reiterados resultados que entrega la Casen y que vuelven a surgir en la última encuesta (2024), que indican que hay familias que consideran mayoritariamente "que no es necesario porque lo cuidan en la casa", es desalentador detectar que a pesar de los 161 años que existe la educación parvularia en Chile, aún se piense que no es un derecho de los niños y niñas desde que nacen, y que implica favorecer un desarrollo integral y nuevos aprendizajes que van más allá del necesario cuidado.
Lo mismo se percibe en momentos de la actual discusión sobre la ley de Sala Cuna, cuando algunos miran el proyecto sólo como una medida del área laboral, para facilitar la incorporación de las madres al trabajo remunerado extra-hogar. ¿Pero será necesario para todos asistir a una sala cuna, en especial los menores de un año? Otros países, como los nórdicos e incluso Cuba, que sabe mucho de educación parvularia, han tomado otras medidas, como extender el postnatal.
Sale más barato, los bebés no se contagian tanto, las salas cunas de ese subnivel no están semivacías, perdiendo cupos muy valiosos para otras familias con niños y niñas que ya se interesan socializar y abrirse más a sus entornos. Esta decisión implica apoyar a las familias con un programa al hogar ya sea con educadores presenciales y/o con apoyo de los medios de comunicación, donde se amplíe la formación de la familia en crear ambientes formativos enriquecidos, que potencien el desarrollo infantil.
Dado todo el retraso del proyecto de Sala Cuna, ¿no será adecuado aprovechar la instancia para repensarlo en función a lo expresado que beneficia a los bebés, sus familias, y a la economía con programas educativos al hogar?
Si otros lo han hecho, por algo será. Educativamente nunca ha sido considerada como lo mejor, la sala cuna para los bebés menores de un año. Simplemente es un mal menor por la falta de atención de su madre o padre que trabajan fuera del hogar, o para evitar dejarlo con personas inadecuadas en lugares peligrosos. Pensémoslo.
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