Caminar por la paz en Colombia

El domingo, el diario El País de España publicaba una carta al director del lector Roberto Muelas Lobato, que bajo el título “¿Qué pasa, Colombia?”, decía, “estos días serán muchos los análisis sobre los resultados del referéndum.”  Agregando más adelante lo que a mí me parece vital, “los análisis más acertados serán aquellos que incidan en ciertas variables socio sicológicas que la población comparte”. El lector destaca: memoria colectiva, creencias compartidas sobre la sociedad, significado de la identidad social, la orientación emocional colectiva o las tendencias a expresar emociones particulares.

El resultado del referéndum del domingo 2 en Colombia obliga a que seamos definitivamente objetivos. Los intelectuales, los políticos, los periodistas, los profesionales sociales muchas veces sabemos cuál debe ser el análisis correcto de ese referéndum, pero no nos atrevemos a decirlo. Puede ser por problemas de “imagen” o de supuesta “responsabilidad profesional” o por ignorancia, pero no se dice. Ese lector de El País nos empuja a hacerlo porque alguna vez debemos ser capaces de entender y colaborar para que otros sepan qué es lo que pasa alrededor nuestro, en nuestra comunidad o en las comunidades vecinas.

No podemos “intelectualizarnos” y decir que los colombianos votaron No o Sí cuando lo que debemos decir es que fue una minoría de colombianos, que a la mayoría no le interesó. No podemos abrir un paraguas para esconder la realidad.

Qué dijo Uribe, qué dicen las FARC o qué dicen fulano o mengano sólo será importante cuando sepamos realmente porqué no votaron los colombianos. Decir eso es duro pero debemos decirlo.

Debemos reconocer que los colombianos tienen los valores de la violencia como parte integrante. Que es una comunidad en la cual la violencia ha sido el canal de expresión habitual desde que se inició la conquista. La violencia es una creencia compartida por la comunidad, es expresión de la memoria colectiva y por eso, de alguna manera, se convierte en una forma de identidad social.

Colombia es una sociedad -como la mayoría de las comunidades americanas- cuyo origen es la conquista. Conquistados significa que llegaron unos señores en sus barquitos, descendieron y le rompieron el culito a los nativos. Crearon una élite dirigente que desde entonces se ha turnado para seguir el camino de los conquistadores.

Los conquistados que fueron los nativos y también los acompañantes, que venían en los barquitos para ser los ejecutores de las órdenes, han sido desde entonces los explotados y maltratados por la élite dirigente, que siempre usó la violencia.

Esto ha producido que poco a poco el pueblo colombiano se haya acostumbrado a ver la violencia como el “idioma” de entendimiento.

No voy a escribir sobre historia, sólo citaré algunas referencias.

El siglo XIX en Colombia fue una época de grandes confrontaciones y cambios, se pasó de ser una dependencia del imperio español en sus inicios, a las guerras de independencia y a los experimentos políticos para dar forma a una nación. A mediados del siglo nacen los Partidos Conservador y Liberal que serán motivo de continuas y violentas guerras.

El siglo XX nace durante la llamada Guerra de los Mil Días (1898–1902), que significó una nueva derrota para el partido liberal y así se irá desarrollando el siglo.

En 1948 asesinan a Jorge Eliécer Gaitán, candidato liberal a la presidencia y ello da como resultado el Bogotazo que deja cientos de muertos. Los liberales ordenan alzarse en armas y nacen las guerrillas en los llanos hasta el 53. Uno de sus jefes es Saúl Fajardo que había sido diputado liberal y periodista. En el 52 fue asesinado después que el Gobierno chileno de González Videla le negara el asilo que había solicitado en su Embajada.

El poeta chileno Julio Barrenechea era el Embajador y había recibido a Fajardo en su residencia. Cuando Chile le negó el asilo Barrenechea renuncia diciendo, "Inhumana actitud vuestro Gobierno al negar asilo concedido por mí, provisionalmente, a un guerrillero colombiano, es incompatible con conciencia pueblo chileno, tradición nuestra Cancillería y mis personales convicciones. En consecuencia, renuncio indeclinablemente a continuar representándolo como Embajador ante Gobierno de Colombia".

No hay golpes de Estado militares, sólo uno, el de Rojas Pinilla en 1953; las guerras son siempre entre liberales y conservadores. Después de Rojas Pinilla viene el acuerdo entre los dos partidos tradicionales, llamado Frente Nacional, mediante el que se turnan en el poder, conjurando en parte la violencia. Pero quedan marginados de la vida política todos los demás partidos, de izquierda, centro, derecha y los movimientos sociales.

En los 60 esa situación y la Revolución cubana dan gradualmente nacimiento a otros grupos guerrilleros. En el 64 las FARC, el 65 el ELN- del que participaron y al que dirigieron cuatro sacerdotes católicos- y en el 73 el M-19.

Pero no sólo es política la violencia, también están los carteles de la droga y la delincuencia común. Pablo Escobar, a cuya tumba hoy van miles de peregrinos, con el Cartel de Medellín, sin tomar en cuenta la acción de otros Carteles “colegas”, causó 623 atentados con 402 civiles muertos, entre ellos Ministros, y casi 2.000 heridos. Asesinaron a más de 500 policías, pusieron  más de 100 bombas en supermercados, colegios, bancos y otros lugares. En el atentado del DAS mataron a 70 personas y dejaron 700 heridos. Hicieron volar en el aire un vuelo de Avianca dejando 111 fallecidos.

Podría contar mucho más sobre la violencia en Colombia pero sólo esta muestra nos indica porqué el colombiano no vota y el que vota puede votar en contra de la Paz.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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