El despertar del sueño sionista

En su columna en Cooperativa el día 9 de abril, "Seis meses en el infierno", la presidente de la Comunidad Judía, Ariela Agosín, nos presenta el dramático panorama que enfrentan los rehenes israelíes.

Compartimos con la comunidad judía su dolor y preocupación; entendemos ese sentir mejor que nadie, no solo por el genocidio que se está llevando a cabo en Gaza, sino también por los cientos de rehenes palestinos apresados y torturados por Israel, y por los abusos que enfrenta la población árabe en Cisjordania.

Es por esto mismo que sorprende el contexto que presenta Agosín sobre la situación previa al 7 de octubre. No se puede asegurar que exista la intención de desinformar, o si simplemente existe una incapacidad de ver la realidad que, ahora, está frente a los ojos del mundo.

Gaza

Agosín señala que desde 2005 Israel se retiró de Gaza. Es cierto que los asentamientos coloniales fueron eliminados, pero la presencia israelí nunca desapareció.

Como han dicho varios organismos internacionales, Gaza es la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Israel controla todo lo que entra y sale del territorio y maneja la movilidad de la población. Un número mínimo de sus habitantes podía obtener permisos especiales para entrar y salir, pero el resto permanecía atrapado. Gaza, desde 2006, se encuentra bloqueada por cielo, mar y tierra.

Producto de los desplazamientos forzados a que Israel ha sometido a los palestinos en el pasado, el 70% de los habitantes de Gaza es refugiado. Es por esto que la franja es uno de los territorios más sobrepoblados del mundo, con todas las dificultades que ello implica.

La mitad de la población es pobre, el desempleo en la juventud supera el 80%. En 17 años de bloqueo, Israel ha llevado a cabo cinco grandes ofensivas, y esto sin considerar las otras de menor escala. Por esto, antes antes del inicio del genocidio, la mitad de los niños en Gaza necesitaban asistencia psicológica. Hoy, el 100% de ellos está traumatizado.

Si antes del 7 de octubre Gaza era un lugar habitable, era gracias a la potente y constante ayuda humanitaria, sumada a la resiliencia y perseverancia de los palestinos.

Cisjordania y palestinos viviendo en Israel

A diferencia de lo que nos cuenta Agosín, los palestinos que residen en Israel no viven "en absoluta tranquilidad", pues son ciudadanos de segunda categoría y existen más de 50 leyes que los discriminan negativamente.

Por su parte, en Cisjordania ocupada, además del muro de apartheid, de 700 km de largo, hay 700 mil colonos israelíes ilegales, violentos y armados, viviendo en tierra usurpada; existen más de 500 check points que dificultan el desplazamiento de los palestinos en su propio territorio y donde además se les humilla diariamente.

En paralelo, los barrios palestinos están expuestos a redadas constantes por parte del ejército israelí, muchas veces como parte de un plan de intimidación. Las viviendas son demolidas para dar paso a más colonos ilegales y sus residentes originales quedan en la calle.

A noviembre de 2023, 2.070 palestinos se encontraban presos en cárceles israelíes sin cargos ni juicio. Se estima que alrededor de 200 son niños. En los hechos, son rehenes de Israel, civiles secuestrados a los que se les somete a tortura y malos tratos.

75 años de infierno

Los seis meses de infierno que Agosín describe son parte de la vida cotidiana de los palestinos desde 1948. Desde hace seis meses, todos los días son 7 de octubre para los gazatíes. Como dijo António Guterres, secretario general de la ONU, el ataque de Hamas no surgió de la nada. No es como lo plantea Agosín, quien nos ilustra un mundo donde todo estaba en paz y armonía hasta ese día.

Hamas es un producto de la ocupación israelí. La presidente de la Comunidad Judía se sorprende por los recursos de la milicia, como si no hubieran sido financiado por el propio gobierno de Israel. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en 2019 acentuó la importancia de financiar a Hamas, para impedir a toda costa la solución de dos Estados.

Israel no ha acatado ninguna de las resoluciones vinculantes de la ONU, que le ordenan retirarse de los territorios ocupados en 1967, permitir el retorno de los refugiados palestinos y evacuar los asentamientos ilegales en Cisjordania.

El brusco despertar del sueño sionista era inevitable. Un país que se niega a cumplir con el derecho internacional y permanece en calidad de potencia ocupante, no puede pretender vivir en paz.

El pensamiento sionista

El periodista israelí Gideon Levy describió de manera magistral la forma en que quienes se identifican con la ideología sionista pueden vivir tranquilos ante tanta crueldad, o negando lo que está frente a sus ojos.

Levy lo resume en tres principios: 1) Somos el pueblo elegido de Dios y por lo tanto podemos hacer lo que queramos. 2) No solo somos víctimas, ¡somos la única víctima posible! 3) Los palestinos no son seres humanos.

Es quizás por eso que en la columna de Agosín no hay mención alguna a los 35 mil palestinos masacrados, siendo 15 mil de ellos niños. Como tampoco hay una exigencia de liberación de los rehenes palestinos, como sí la hay, de los israelíes.

En todo caso, nosotros los palestinos no hemos perdido el norte de humanidad. Deseamos el fin de la guerra, que todos los rehenes, tanto palestinos como judíos, sean liberados. Seguiremos luchando por eso, por la solución de dos Estados, por el cumplimiento de la ley internacional y por el fin de la violencia para ambos pueblos.

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