El tablero Suramericano

Con el comienzo del nuevo siglo se empezó a configurar un nuevo mapa político y económico en la región. Un hito diferente en la historia latinoamericana fue señalado en la Cumbre de Brasilia 2000. Por si sola es el punto de partida de lo que posteriormente hemos conocido como UNASUR, la Unión de Naciones de América del Sur.

El énfasis de esta cumbre estuvo en el acuerdo y ulterior programa de integración física de América del Sur. Emerge en este proceso el concepto de rutas bioceánicas. Significa que comunican los países del Atlántico con el Pacífico, a través de caminos considerados por décadas el patio trasero de países con vocación oceánica. Un tipo de integración que coincide con la restauración de las democracias en el Cono Sur.

Algunas se han convertido en las vías de la llamada Integración Horizontal. El símbolo de estas rutas es la que comunica a Buenos Aires con Valparaíso y simultáneamente con Santiago, través del túnel de Los Libertadores. Es el eje del MERCOSUR con el Océano Pacífico.

Siguiendo esta tendencia hacen lo propio Brasil y Perú, a través de selvas y montañas en el centro del subcontinente. En el norte, Colombia y Venezuela se mueven en la misma dirección. El impulso principal proviene de estos seis países, que se han transformado en los actores claves del futuro de América del Sur. Esto se refleja en gran medida en el avance de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, IIRSA.

Esta especie de S-6 (los seis grandes del Sur) donde hay importantes puertos y amplios espacios oceánicos, son los países claves de la integración horizontal de Suramérica y el desarrollo de su gran espacio interior. Estos son los principales países de los que depende la Integración Horizontal que incluye al resto de los miembros integrantes de UNASUR, si se observan las rutas bioceánicas en desarrollo.

En América del Sur las rutas bioceánicas han resultado los elementos ordenadores de la Integración Horizontal que afecta a las regiones o provincias de los respectivos países. En el Cono Sur, los medios de transportes y la infraestructura vial se han multiplicado en una década. Ellas impulsan el intercambio entre regiones de Chile y provincias del interior de Argentina, que incorpora además a entidades sub nacionales de Bolivia, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil.

En torno a ellas se ha estado tejiendo una densa y compleja trama de relaciones bilaterales con intereses específicos, que ha cambiado el paradigma clásico de las relaciones diplomáticas entre los países involucrados; aunque sea todavía una integración con un signo de interrogación en aquellas naciones donde los gobiernos mantienen agendas confusas en esta materia.

América del Sur es una zona de paz, que goza de una relativa prosperidad y un proceso de consolidación de sus democracias. Una zona del mundo que mantiene un marco político de diálogo en UNASUR y una creciente autonomía de EEUU.

Con el paso de más de una década, muestra diferencias con la América latina del Norte, que se corresponde con Centroamérica, México y parte del Caribe. Sobre todo por su falta de dependencia de la política exterior vecinal de EEUU, combinada con una fuerte inserción autónoma en el Asia- Pacifico.

Sin embargo, el último reacomodo del escenario político suramericano ha coincidido con la división vertical clásica. Los gobiernos de los países más relevantes del Pacífico tienen intereses y prioridades diferentes a los del MERCOSUR y han adoptado una visión propia en la Alianza del Pacífico.

Aprovechando la crisis paraguaya, el MERCOSUR ha incorporado a Venezuela. Los grandes del Atlántico también se han unido. Venezuela además cuenta con el ALBA al que suma a Ecuador y Bolivia al club bolivariano, que se restan de la Alianza del Pacífico. Paraguay sufre un proceso de introspección mientras es observada atentamente por los organismos regionales. Guyana y Surinam son demasiado pequeños y actúan alineados con sus grandes vecinos, Venezuela y Brasil.

El nuevo orden horizontal tiene exigencias que se están poniendo a prueba. Los gobiernos otorgan prioridades distintas a la integración. En el proceso de desarrollo de UNASUR, el componente ideológico ha frenado su impulso. Algunos olvidan que la Unión la constituyen democracias soberanas donde impera el pluralismo, razón por la cual deben predominar la negociación, el interés común, la reciprocidad y el progreso conjunto.

Por esto es relevante una política de consenso entre el Atlántico y el Pacífico de América del Sur.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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