Protectorado petrolero norteamericano

A medida que pasan las horas tras el ataque militar de EE.UU. a Venezuela en que se detuvo a Nicolás Maduro, trasgrediendo la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional y con un saldo de 100 personas muertas, surgen cada vez más antecedentes que evidencian que la supuesta restauración democrática al régimen dictatorial, no es más que una operación militar para instalar un protectorado petrolero estadounidense en territorio venezolano, en línea con la actualización de la Doctrina Monroe que busca restaurar la preeminencia norteamericana en el hemisferio occidental como área de influencia frente a China.

Se trata de una flagrante agresión con visos neocolonialistas que vulnera la soberanía territorial venezolana -representando una grave amenaza para toda Latinoamérica-, respaldada por la recuperada y actualizada Doctrina de Seguridad Nacional "Donroe" (Donald y Monroe) orientada a negar a los competidores no hemisféricos -entiéndase China, Rusia, Irán- la capacidad de poseer o controlar activos estratégicamente vitales: hoy es el petróleo, mañana puede ser el litio o el cobre.

Alejado de formas diplomáticas que busquen disfrazar sus reales intenciones económicas, el propio Trump ha reconocido que su objetivo primordial son las reservas petrolíferas venezolanas (las más grandes del mundo), objetivo geopolítico energético que se operacionalizó rápidamente con el envío de once buques cisternas petroleros norteamericanos hacia Venezuela para extraer crudo pesado, que será refinado por compañías norteamericanas para convertirlo en crudo liviano, que EE.UU. exporta a mercados globales.

Para mayor gravedad, Trump ha señalado que él controlará las ganancias de la venta del petróleo venezolano, convencido de que el crudo fue "robado" a Estados Unidos (probablemente refiriéndose a la nacionalización de este recurso por Chávez en 2007), que éste debe ser "devuelto" al gigante imperial y que las autoridades internas de Venezuela encabezadas por la colaboradora de Maduro y ex ministra de hidrocarburos, la presidenta interina Delcy Rodríguez, deberán entregarle entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad, no sujetos a sanciones (entiéndase al embargo petrolero que los propios norteamericanos impusieron a Venezuela).

Estados Unidos ha reconocido el agotamiento de sus reservas de petróleo, lo cual explica que nuevamente haya optado por obtenerlo fuera de sus fronteras por la fuerza (tal como lo hicieron en Irak, Afganistán o Libia), disfrazado de una acción política y militar para enfrentar una dictadura narcoterrorista (pero la propia fiscalía desestimó la existencia real del "Clan de los Soles", del cual se acusa a Maduro de ser su líder).

Trump pretende recuperar la alicaída industria petrolera venezolana con empresas norteamericanas y "pagarse" con la supuesta deuda de Venezuela con EE.UU., que no es tal. Cabe recordar que, según el vapuleado Derecho Internacional (única herramienta de gobernanza global que permite enfrentar la barbarie), Venezuela tiene la soberanía sobre sus reservas de petróleo y que las compañías norteamericanas como la refinería Chevron Corporation (la única que sigue operando en territorio venezolano), Conoco Phillips o Exxon tenían concesiones para explotar el petróleo, lo que es distinto a ser dueños de la propiedad sobre este recurso natural estratégico.

El secretario de Estado de EE.UU., el conservador de ascendencia cubana Marcos Rubio (que se disputa con el vicepresidente J.D. Vance la sucesión del trumpismo, si es que el autócrata Trump no logra cambiar la Constitución y eternizarse en el poder para evadir la justicia), explicó que impusieron una cuarentena en el petróleo venezolano. Ello significa que su economía no podrá avanzar hasta que se cumpla con las condiciones que son de interés nacional para EE.UU.

Con el pasar de las horas, los requerimientos impuestos por EE.UU. a Venezuela se vuelven cada vez más alarmantes. Ahora, el secretario de Energía, Chris Wright, señaló que Washington controlará las ventas del petróleo venezolano "indefinidamente" y que, de ahora en adelante, venderán la producción que salga de Venezuela en el mercado global. Si eso no es saqueo de los recursos naturales venezolanos, no se sabe qué es.

Tradicionalmente y, en línea con su estrategia de inspiración colonialista, los norteamericanos compran barato el crudo grueso de Venezuela y venden caro el petróleo refinado al mundo. Ahora, ni siquiera tendrán la necesidad de comprarle el petróleo a Venezuela -quien debiera tener la soberanía sobre sus recursos naturales-, bajo la amenaza de un segundo ataque militar, con la intimidante y peligrosa presencia naval norteamericana en el Caribe que incluye docenas de naves, como destructores, buques anfibios, portaaviones, submarinos, aviones de vigilancia.

Todo lo anterior, en línea con el corolario Trump sobre seguridad nacional que restaura la noción de Latinoamérica como "patio trasero" de Estados Unidos (la misma que en los setenta "justificó" la intervención de la CIA en el golpe de Estado en Chile) y que "exige" a los países latinoamericanos que apoyen las inversiones y cadenas de suministros críticos de Estados Unidos (minerales, tierras raras, petróleo).

Control sobre recursos naturales

Las condiciones de control militar de Estados Unidos sobre Venezuela, están lejos de exigir elecciones libres a corto plazo, liberación de presos políticos o permitir la vuelta de venezolanos exiliados por el régimen dictatorial de Maduro. Más bien comienza a configurarse una suerte de protectorado petrolero económico, en que EE.UU. administra sus recursos naturales, sin reembolsar las ganancias por su comercialización, cobrándose una deuda falsa y por tiempo indefinido.

No puede haber una imagen más gráfica de los intereses económicos que impulsaron las acciones militares unilaterales norteamericanas en territorio venezolano, que la deliberante fotografía de representantes de las FF.AA. norteamericanas abriendo la bolsa en Wall Street con aplausos, en una jornada en que las acciones de empresas norteamericanas se dispararon tras la acción militar en Venezuela. Eso lo dice todo. Evidentemente nunca se trató de un interés genuino por recuperar la democracia ni de controlar el narcotráfico (el Depto de Justicia retiró la acusación contra Maduro de liderar el Cartel de los Soles en la primera audiencia del juicio por narcoterrorismo).

Es el petróleo el verdadero objetivo militar de Trump, acción que contravino los principios básicos del Derecho Internacional, la soberanía territorial, la Carta de Naciones Unidas instalando la incertidumbre y la vulneración a la soberanía regional y hasta global, golpeando el tablero multilateral e inaugurando un nuevo orden mundial basado en áreas de influencia geopolíticas.

Por una parte, China ha reaccionado condenando enérgicamente estas acciones de "militarismo hegemónico que socavan severamente el orden internacional"; por la otra, el gigante asiático también podría tomar su tajada en la repartija global y anexar Taiwán si no hay sanciones ejemplarizadoras contra EE.UU., prendiendo la mecha de una escalada global.

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