Ucrania frente a su destino ¿qué futuro?

Pensar que la “voltereta” del ahora ex -Presidente de Ucrania Víctor Yanukóvich –quien por años negoció un Acuerdo de Asociación con la UE y que en noviembre pasado desahució- es la causa de lo que vino después, es ignorar factores más profundos que están en juego. De no haberse dado esta situación en un contexto particular, esta decisión no habría pasado a mayores.

En general, en toda crisis es posible distinguir causas mediatas e inmediatas, un hecho gatillante de los acontecimientos y las vías de salida. El cambio de opinión de Yanukóvich respecto de su acercamiento con la UE cumplió la función de gatillo de una crisis que, después de más de tres meses de enfrentamientos con la población y casi un centenar de muertos, terminó con su destitución y paradero aun desconocido.

Recordemos que en noviembre pasado el régimen del ahora depuesto Presidente decidió no firmar el Acuerdo de Asociación que llevaba negociando con la UE desde 2007.

Este acuerdo –que no solo implica un pilar de libre comercio sino también diálogo político y cooperación- venía a reemplazar el Acuerdo de Partenariado y Cooperación que está en vigencia desde 1998.

Ucrania constituye para la UE un socio prioritario de la Política Europea de Vecindad y Partenariado Oriental. La evolución de la relación había llegado a un punto en que se esperaba superar el estado de cooperación bilateral y avanzar hacia una integración económica y una asociación política.

En una Ucrania profundamente dividida, la decisión de no firmar dicha Asociación constituyó el elemento que alteró los ánimos de los ciudadanos que desean desde hace tiempo un mayor acercamiento al Oeste europeo. Lo que comenzó como un movimiento pro-europeo sostenido fundamentalmente por estudiantes y organizaciones sociales que se tomaron la emblemática plaza Maidan, poco a poco fue ganando adeptos (los que empezaron a ser conocidos como “Euromaidán”).

El heterogéneo grupo que se instaló fue violentamente reprimido por las fuerzas ucranianas, lo que lejos de aplacar las protestas, las reforzó. A la policía se unió la unidad especial ‘Berkut’ que se ha caracterizado por la violencia con que ha reprimido a los manifestantes. Si bien el grupo instalado en la plaza se fue reduciendo con el paso de los días, nunca dejó el ya mítico lugar de encuentro que, dicho sea de paso, se llama “Maidan” (“Libertad”) para conmemorar la independencia de la URSS.

La oposición a Yanukóvich ha llegado a estar constituida por grupos tan diversos como antagónicos en sus planteamientos. Van desde neonazis, ultranacionalistas, partidarios de derecha y liberales pro-europeos.

Así, francotiradores, grupos radicales, fuerzas represoras, delincuentes comunes (conocidos como 'Titushkas') se mezclan con estudiantes, trabajadores, ciudadanos, que solo desean mayor libertad y democracia y que por meses se organizaron para mantener la presión. Ollas comunes, carpas que han servido de hospital, lugares de oración, hasta exposiciones artísticas, recuerdan lo que hace un tiempo vimos en la Plaza Taksim en Estambul.

En enero de este año las cosas se fueron complicando cada día más hasta llegar a los hechos de la semana pasada que constituyen los más violentos que esta parte de Europa haya conocido en los últimos 25 años. Ningún experto podría haber siquiera anticipado que en tan pocos días Ucrania viviría un giro tan vertiginoso como el de hace unos días.

Para poder comprender el contexto, es necesario saber que existen causas mediatas e inmediatas que explican lo ocurrido en el país europeo. Después de Rusia, Ucrania es el país más grande de Europa. Factor importante es tener en cuenta que desde el derrumbe de la URSS y la independencia como Estado en 1991, el proceso de construcción como Estado-nación (nation making process) ha sido difícil y complejo.

Existe una división profunda al interior de Ucrania que no solo se limita –aunque es un aspecto importante- a su acercamiento al Este (Rusia) u Oeste (UE) del continente.

En general, existe una parte de Ucranianos que ante la desastrosa situación económica, política, social y financiera, ven en la UE una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida.Ven en la Asociación la oportunidad no solo de recibir recursos comunitarios sino también la vía de presión para que se acabe con la corrupción que desde hace décadas corroe las bases del Estado, se modernice y se echen las bases de un Estado más democrático.

Aun cuando existe conciencia que una liberalización del mercado implica riesgos y desventajas para Ucrania ante la UE, estiman que es la sola vía posible para avanzar en una integración con el Oeste. Divisiones existen en este grupo en cuanto a la velocidad que se debe imprimir al acercamiento con la UE pero coinciden en la estrategia de mayor vinculación como ya lo experimentaron otras ex Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Sin embargo, existe otra mitad de Ucranianos que por razones históricas, culturales y políticas prefieren profundizar sus relaciones con Rusia.

En el sur de Ucrania, por ejemplo, existen grupos que hablan ruso y no ucraniano y cuyos lazos son muy estrechos con su vecino oriental. En ciudades de esta zona –piénsese, por ejemplo, en Crimea- el Partido de las Regiones de Yanúkovich ganó con el 90% de los votos en las elecciones parlamentarias efectuadas hace solo un año y medio (contra un 10% de apoyo en ciudades como L’viv, en la frontera con Polonia).

Así, no es de extrañar que hoy veamos imágenes de esta zona en que se levantan voces secesionistas y deseos de integrar la actual Rusia. Lo que sí debe precisarse es que si bien existe una “Ucrania occidental” más pro Europea fundada en lazos y tradiciones con Polonia y el antiguo Imperio Austro-Húngaro y una “Ucrania oriental” (Este y Sur del país) más cercano a Rusia, es difícil establecer una línea clara entre las distintas ciudades porque al interior de cada una de ellas los apoyos políticos varían de manera importante.

Pero también existen causas más globales (o regionales) que explican los acontecimientos.Para nadie es un misterio que Ucrania se encuentra en una zona geoestratégicamente importante tanto para Rusia como para le UE. Por ahí pasa el 80% del gas que Rusia exporta a la UE.

Principales beneficiados son Alemania y Polonia quienes, en el pasado, ya han conocido las consecuencias de las medidas adoptadas por Kiev en su “conflicto del gas”. Para Rusia, Ucrania representa además un área de influencia que no está dispuesta a perder y que Putin ha dejado claro el último tiempo. Ella representa un eslabón más en la creación de una zona Euroasiática bajo su influencia y a la que ya pertenecen Bielorrusia y Kazajistán a través de la Unión aduanera creada en 2010.

De esta manera, Putin no ha dudado en usar “el garrote y la zanahoria”. Por una parte, amenazó a Ucrania con sanciones. Las exportaciones de este último son muy importantes y cuenta con ventajas arancelarias lo que hace muy asimétrica la relación, dependiendo mucho Ucrania del comercio con su vecina rusa.

Además, luego de los primeros acercamientos con Europa, Rusia ofreció un descuento del 30% del gas que exporta a su vecina y prometió un préstamo de 15.000 millones de dólares y compra de bonos de deuda, dinero que Ucrania requiere con urgencia para no caer en bancarrota. Algunos plantean que Yakunóvich "usó" su diálogo con la UE para hacer subir el precio de Rusia a su lealtad.

Sin embargo, más allá de los intereses y presiones de las distintas partes, al parecer nadie ponderó en debida forma la fuerza de la calle y las nefastas consecuencias de la represión violenta ordenada por Yanukóvich quien hoy tiene un mandato de arresto por asesinatos en masa.

Hace tres meses, cuando la crisis estalló, se presentaban ya varios escenarios de salida en que se planteaba, por ejemplo, la convocatoria a elecciones anticipadas, la creación de una mesa de diálogo o de un gobierno de unidad.

Lamentablemente, tuvieron que pasar tres violentos meses, muchas víctimas y una polarización peligrosa del país, para llegar a un camino que aún tiene mucho de incertidumbre, riesgos y desafíos.

El futuro de Ucrania dependerá en gran medida de cómo los nuevos y antiguos actores cumplen un rol de contención de los radicalismos de ambos lados y un avance en temas fundamentales como la lucha contra la corrupción, la transparencia y el respeto por las libertades civiles.La situación económica es deplorable, la cesantía altísima, la colusión entre poder y dinero nefasta y una ciudadanía cansada.

Aun no se sabe cómo Putin afrontará este escenario, la UE ya informó su disposición a retomar el camino de la Asociación y, junto al FMI, anunció ayuda económica. Más importante aún será ver cómo se comportarán los partidos, en especial esa oposición heterogénea, y las distintas fuerzas al interior del país. Difícil escenario en una sociedad resquebrajada y en riesgo de desintegración.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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