La embajada de Israel en Chile ha replicado una publicación de su Ejército, en la cual se exhiben las fotografías de 170 periodistas palestinos asesinados en Gaza, en el contexto del genocidio que comenzó en octubre de 2023. Junto a esas fotografías se agrega, en referencia los difuntos, el calificativo de "terroristas".
Esta infame publicación pretende desvirtuar el testimonio de todos estos mártires palestinos, que dieron su vida para documentar de forma irrefutable, a través de la imagen, la barbarie genocida que Israel ha desatado sobre Palestina. Y no había otra forma de hacerlo, puesto que la potencia ocupante ha impedido la entrada a Gaza de prensa extranjera independiente, desde el comienzo de la masacre.
Mediante el epíteto de "terrorista", se descalifica a cualquier palestino que ose oponerse a la invasión sionista desde 1948 y a la consiguiente ocupación militar ilegal que, en Cisjordania, dura ya casi seis décadas.
Asimismo, esa denominación, "terrorista", lleva implícita una condena a muerte que será ejecutada tarde o temprano, cuando Israel así lo decida. Cerca de 22 mil niños han sido masacrados en Gaza, ya sea como "víctimas colaterales", eufemismo utilizado para tratar de atenuar los efectos de los "asesinatos selectivos", cometidos con plena conciencia de que provocarán múltiples víctimas inocentes, o ya sea como objetivos directos de los operadores de la muerte, bajo la consigna de "no existen inocentes en Gaza".
En este último caso, a los niños se les asesina con un tiro en la cabeza, el pecho o los genitales, según estime conveniente el francotirador de turno, como parte de un juego macabro del que han dado testimonio múltiples médicos internacionales que han concurrido como voluntarios al territorio palestino.
Por estos motivos, esta miserable reproducción de imágenes efectuada por la embajada de Israel en Chile pone en evidencia el descalabro moral que vive actualmente la sociedad israelí, absolutamente incapaz de percibir que se ha transformado en una maquinaria genocida, bastante más sanguinaria e inmisericorde que aquella de la que fueran víctimas sus antepasados durante el Holocausto.
Es indigno ultrajar así la memoria de víctimas que ya no pueden defenderse. Y que han sido asesinadas, precisamente, por una potencia que ha hecho del terrorismo de Estado, su forma de relacionarse con el pueblo bajo ocupación.