Sí capturan

La gestión de los bosques siempre ha sido motivo de debates y visiones encontradas, no solo en Chile, sino también a nivel mundial. Por eso no resulta sorprendente que la separación entre bosques naturales y plantaciones, y el aporte que realiza cada una de estas formas de cobertura vegetal a la mitigación del cambio climático, se haya tomado, lamentablemente, la agenda forestal nacional de cara a la COP25.

Digo lamentablemente, ya que en vez de resaltar el valor que tienen todos los árboles como herramientas de mitigación, veo con pesar que diversos grupos, incluidos investigadores y científicos, se desgastan tratando de imponer una visión casi catastrófica de la actividad forestal productiva, restándole cualquier mérito ambiental en materia de cambio climático.

Es lo que se concluye, por ejemplo, del estudio que el Comité Científico de la COP25 publicó, avalado por el ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. En un texto lleno de referencias científicas, aunque no por ello menos sesgado, se plantea una visión completamente negativa de la actividad forestal productiva.

O es la visión que se desprende de las afirmaciones del Dr. en Ciencias Climáticas, Igor Parra, quien señala que, “plantar monocultivos de pinos y eucaliptos es una traición a la patria”.

Me imagino que por transferencia, utilizar productos provenientes de dichos monocultivos también debiera considerarse traición, en cuyo caso el 99,9% de los chilenos somos traidores.

El tono del discurso es taxativo. No hay lugar a debate, la evidencia científica no se discute. La “única” solución desde lo forestal es la restauración de bosques naturales y descartar el uso maderero de estos bosques a perpetuidad. Esta solución se desentiende del resto de los usos históricos de los bosques y asume que el único objetivo es almacenar carbono, y por otra, afirma que las plantaciones no capturan emisiones, porque cuando se cosechan todo lo almacenado se devuelve a la atmósfera. 

Pero sí capturan.

Asumamos un programa de forestación de 500.000 hectáreas en 20 años con especies de rápido crecimiento (pino).

Eso supone plantar a una tasa de 25.000 hectáreas anuales. En este programa por veinte años no habría cortas, solo acumulación de carbono, sin liberación.

Luego de cumplido ese período, se comenzaría a cosechar gradualmente a tasas de 25.000 hectáreas anuales (dejando 475.000 en crecimiento), para las cuales, por supuesto, se considerará una reforestación de la superficie cortada, ya que en Chile es obligatorio. 

Bajo este escenario, siempre existirá un volumen no decreciente de carbono acumulado, equivalente a las 500.000 hectáreas de plantaciones, con superficies coetáneas (de la misma edad) de 25.000 hectáreas y edades que irían de 1 a 20 años. Tal carbono acumulado se habría retirado de la atmósfera de forma permanente.

Además, se debe agregar el volumen de madera cosechado anualmente, del cual un porcentaje se destinará a productos durables, como son muebles o elementos de construcción, lo que debiera sumarse al CO2 capturado en la superficie plantada.

¿Dónde está entonces la evidencia de que las plantaciones no capturan?

Probablemente en dos supuestos irreales.

1) Que todo lo plantado se corta de una sola vez, desconociendo el concepto de ordenación y rendimiento sostenido.

2) Que todo lo que se corta regresa a la atmósfera, desconociendo que una parte de lo cosechado se transforma en productos de larga vida que continúan almacenando carbono.

Las plantaciones sí capturan CO2, lo hacen de manera eficiente y complementaria a la captura que realizan los bosques naturales.

Además, tanto plantaciones como bosques naturales generan otros beneficios ambientales.

Las plantaciones protegen el suelo y controlan la erosión al ser establecidas en suelos que previamente no poseían cobertura vegetal, y los bosques naturales entregan una amplia gama de servicios ecosistémicos, incluido el albergar más del 80% de la biodiversidad terrestre. 

Ambos suman y no tenemos porqué dejarnos arrastrar por un discurso que busca excluir una componente relevante de nuestro sector como son las plantaciones.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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