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Respuesta "al asombro" del periodista Eduardo Labarca

El periodista Eduardo Labarca, el mismo que fue a pedir perdón (él lo llamó, siúticamente, "destapar mis esqueletos") al excomandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre (condenado por los tribunales como encubridor de violaciones a los derechos humanos), para poder purificarse de un "pecado de juventud", que consistió en redactar las memorias apócrifas del general Prats, hoy se asombra porque en una columna de opinión que publiqué en el portal de Radio Cooperativa declaro ser partidario de la pena de muerte vía Constitución.

Ante esto, publica un artículo en El Mostrador titulado "Insólita propuesta para incluir la pena de muerte en la Constitución", "refutando" mi columna con expresiones que son una descalificación tácita y gratuita, pues tomándose del tema de la pena de muerte aprovecha de calificarme como de extrema izquierda y criticar mis posiciones políticas con una socarronería encubierta, partiendo por entregar una mini biografía de mi persona, que no venía al caso, y donde remata con la frase: "en la actualidad tiene un exitoso emprendimiento en que ofrece servicios de edición, revisión de textos y publicación a los autores" en alusión a Estrofas del Sur SpA., donde soy editor.

Porque claro, es mal visto, insólito, que una persona que revise y edite textos y publique libros, etcétera, muestre su "talante izquierdista", porque "en el mundo entero las afirmaciones aparatosas como las de Lavquén (que 'desde su Olimpo suma y sigue', dice Labarca) y las medidas de este tipo forman parte del llamado "populismo penal", caballo de batalla de las fuerzas conservadoras para ganar votos y subir en las encuestas con guiños xenófobos dirigidos a la galería", afirma el periodista.

Es decir, hay que opinar dentro del buen tono social (léase oportunismo) porque el mundo ha cambiado.

Lo anterior queda de manifiesto en la manera en que Labarca comienza su escrito, pues lo hace con una descalificación mal intencionada, preguntándose si el autor de la columna "Chile: paraíso de la delincuencia por gracia del Parlamento" sería "¿José Antonio Kast o alguno de sus seguidores? ¿La diputada Camila Flores, cuyo proyecto para restablecer la pena de muerte tras el martirio de Ámbar sólo consiguió 13 votos de la UDI y RN? ¿Se trataría de uno de los comentarios habituales de los lectores de emol.com?". Para luego agregar: "No. La autoría era de un hombre de izquierda, incluso de extrema izquierda. ¿Pero sería acaso un izquierdista primitivo, desconocedor de la historia y de los debates sobre la pena de muerte habidos desde la Grecia antigua y en el Chile republicano? Nuevamente no".

Pues bien, debería saber el señor Labarca, en ese sentido, que hoy en Chile existe la izquierda y la socialdemocracia, y eso que llama "extrema izquierda" o "ultraizquierda" es en realidad la izquierda, es decir, no se trata ni del PC, ni del FA, ni el PS ni ninguna de las franquicias de la derecha como el PPD o DC. De hecho, Apruebo Dignidad es una instancia socialdemócrata. Usar el término de "extrema izquierda" es característico en Chile de quienes han renunciado a sus ideales de antaño colonizados por "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser".

Es una manera de descalificar a quienes aún mantenemos los ideales de izquierda sin ceder ante los cantos de sirena del neoliberalismo. Labarca, como otros, seguramente fueron uncidos por aquello de "baja la cerviz fiero sicambro, adora lo que has quemado y quema lo que has adorado". Pero claro, él quiere expurgar sus complejos acusando a quienes somos de izquierda de proponer soluciones a la delincuencia de la misma manera que las proponen los conservadores y fascistas, atrocidades contrarias al "republicanismo chilensis". O sea, una caricatura de lo que opinamos al respecto.

Y agrega: "Conociendo desde hace años a Lavquén, imaginé que su propuesta para restablecer la pena de muerte iría contra los violadores de los Derechos Humanos, pero una vez más me equivoqué: a los violadores de DD.HH. no los menciona ni tampoco a los delincuentes de cuello y corbata o de uniforme que saquean las arcas del Estado, él se refiere a la delincuencia común".

Esto último es de muy mala leche, porque implícitamente (deja botando la pelota) maliciosamente insinúa que evito a los de Punta Peuco y a los de cuello y corbata en mi propuesta. Parece que Eduardo Labarca olvida que cuando el golpista Patricio Aylwin propuso abolir la pena de muerte (que fue ley durante el gobierno empresarial de Ricardo Lagos Escobar) lo hizo pensando en que no fueran condenados a la pena capital los militares violadores de DD.HH. Lo que opino sobre los genocidas de Punta Peuco lo he dejado claro en varias columnas, así que, al respecto, no tengo que dar la prueba de la blancura a nadie. Y la legislación de otros países me da lo mismo, yo estoy en Chile y propongo para Chile. Pero Labarca no soporta eso. No acepta que se cuestione a la socialdemocracia, a los que abandonaron el barco. Que se critique a los que ofrecen un Chile que no será.

Para rematar, Labarca enumera una larga lista con que "el homo sapiens ha ajusticiado a sus semejantes dándoles muerte lenta o instantánea en un magno espectáculo ante muchedumbres enardecidas", finalizando con la frase: "Para cumplir la tarea, nunca ha faltado un verdugo eficiente. Alejandro Lavquén no nos dice cuál es su método preferido, ni tampoco si él se ofrecería para ponerlo en práctica". A modo de reto, como diciendo, al mejor estilo de Matías del Río, "aquí te pillé". ¡Ridículo!

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