50 años del asesinato de Hernán Mery

Hernán Mery, la noche antes de dirigirse de retorno a Linares a una muerte inesperada, cenó en mi casa de Las Condes junto a su esposa Angélica y la mía Sylvia.

Nuestros corazones henchidos de esperanza por lograr la liberación de los campesinos y transformar a Chile de verdad en la "fértil provincia señalada", no nos permitía vislumbrar los riesgos que significaba la acción que se estaba llevando a cabo  para avanzar con el proceso de la Reforma Agraria, ya que la situación en el campo chileno era insostenible.

En efecto, la situación de la agricultura, a principios de la década de los sesenta, era catastrófica. El país era incapaz de producir los alimentos necesarios para una población que no superaba los nueve millones de habitantes.

Existían grandes latifundios que no se explotaban, por lo que enormes extensiones  de tierra cultivable  se encontraban abandonadas.

Para los propietarios de esas tierras era más importante el poder que generaba su tenencia, que la eficiencia  económica de su uso para provecho de todos los habitantes.

Por otra parte, los  derechos laborales no se respetaban: una gran mayoría de los campesinos no tenían previsión alguna, eran analfabetos, y su futuro dependía en gran medida más de actitudes comprensivas y paternalistas de los patrones que del legítimo derecho que les correspondía como trabajadores y seres humanos.

Ese era el escenario que esperaba a la mañana siguiente, al joven ingeniero agrónomo  Hernán Mery en su Dirección Zonal de la Corporación de la Reforma Agraria, CORA, en Linares.

Tenía que seguir entregando sus esfuerzos y su inteligencia en el proceso de dar libertad y dignidad a los campesinos. Al hacer un diagnóstico de la situación  en los campos chilenos, a diario se constataba cómo la legislación laboral y social era infringida en porcentajes  demasiados altos, desde la falta de contratos de trabajo hasta las malas condiciones  de vivienda, educación, salubridad y alimentación.

La fuerza del ideal era capaz de derribar todos los riegos y temores. El amor a la tierra y el bello ideal de cambiar la faz social del agro chileno superaba cualquier temor.

El cardenal Silva Henríquez, gran impulsor de la reforma agraria desde la Iglesia, quien provenía de una familia campesina, conocía y compartía este diagnóstico de la situación en los campos chilenos,  recordaba los hechos que acabaron con la vida de Hernán Mery …

“A fines de abril, mientras los funcionarios de la CORA expropiaban el fundo La Piedad, en Longaví, un joven analfabeto que trabajaba en el predio mató con un golpe de garrote al jefe zonal de la CORA Hernán Mery Fuenzalida”

Al recordar los 50 años de su muerte me nace del alma decirle… Querido Hernán, tu sacrificio no fue en vano. Al igual que Jesús con su sacrificio derrotó a la muerte, el tuyo permitió derrotar al inquilinaje y la semiesclavitud en que se encontraba el campesino chileno.

¡Gracias Hernán!                                         

                                                                                                                            

 

 

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